Ashton Pierce Lets Try Anal
Estás en el depa de Ashton Pierce en la Condesa, con las luces tenues del skyline de la Ciudad de México parpadeando por la ventana enorme. El aire huele a su colonia cara mezclada con el aroma de las enchiladas suizas que pidieron de delivery, todavía calientes en la mesa de centro. Ashton, ese gringo alto y musculoso con ojos verdes que te miran como si fueras el único pedazo de paraíso en este pinche mundo loco, se recarga en el sofá de piel blanca, con una cerveza en la mano. Llevan saliendo tres meses, y cada vez que están juntos, el deseo crece como la humedad entre tus piernas.
Órale, carnal, esta noche se siente diferente, piensas mientras te sientas a su lado, cruzando las piernas en ese vestido negro ajustado que resalta tu culazo redondo. Él te pasa un brazo por los hombros, y su calor te envuelve, áspero y protector. Sus labios rozan tu oreja, y sientes el vello de su barba incipiente picarte la piel.
—Neta, mi amor, estás más rica que nunca —murmura con ese acento texano que te enciende, aunque ya habla español como chilango de toda la vida.
Te besan lento al principio, saboreando la cerveza fría en su lengua y el picor de las enchiladas en la tuya. Sus manos bajan por tu espalda, apretando tus nalgas con fuerza juguetona. ¡Ay, wey! Un jadeo se te escapa cuando te sube el vestido, exponiendo tus tanguitas de encaje rojo. El sonido de la ciudad allá abajo —cláxones lejanos, risas de borrachos— se mezcla con tu respiración agitada.
La tensión crece mientras él te carga como si no pesaras nada y te lleva al cuarto. La cama king size está revuelta con sábanas de algodón egipcio, oliendo a su sudor masculino del gym de la mañana. Te tumba suave, pero sus ojos brillan con hambre. Se quita la playera, revelando ese torso tatuado con un águila mexicana que se mandó hacer por ti. Tus dedos recorren sus pectorales duros, sintiendo los latidos acelerados de su corazón bajo la piel caliente.
¿Qué sigue esta noche? Siempre ha sido chido en la cama, pero hoy lo veo nervioso, excitado de otra forma.
Acto uno se cierra cuando sus besos bajan por tu cuello, lamiendo el sudor salado que ya perla tu clavícula. Te desnuda despacio, saboreando cada centímetro de tu piel morena. Sus dientes muerden suave tus pezones, endurecidos como piedras, y un gemido ronco sale de tu garganta. El cuarto se llena del sonido húmedo de sus chupadas y tus suspiros entrecortados.
En el medio, la cosa se pone intensa. Ashton se para, se baja los bóxers, y su verga sale saltando, gruesa y venosa, apuntando al techo como un pinche cañón listo para disparar. La tocas, sientes su calor pulsante en tu palma, el olor almizclado de su excitación invadiendo tus fosas nasales. Te arrodillas, obedeciendo un impulso, y la lames desde la base hasta la punta, probando el sabor salado de su pre-semen. Él gime, enredando los dedos en tu cabello negro largo.
—Cabróna deliciosa —gruñe, jalándote la cabeza con cariño.
Pero entonces, mientras te come el pito como diosa, él te jala arriba y te voltea boca abajo. Sus manos masajean tu culo, separando las nalgas. Sientes su aliento caliente en tu ano, y un escalofrío te recorre la espina. ¿Qué pedo? Piensas, el corazón latiéndote como tambor de mariachi.
—Mira, mi reina —dice bajito, con voz temblorosa de deseo—, Ashton Pierce lets try anal esta noche. ¿Qué dices? Te voy a preparar bien chido, con lubricante y todo, pa' que sea puro placer.
El keyword sale natural de su boca, como si fuera un secreto juguetón que leyó en un blog erótico mexicano. Te ríes nerviosa, pero el fuego entre tus piernas te traiciona.
¡Neta! Nunca lo hemos hecho por atrás, pero con él, todo se siente seguro, empoderador. Quiero sentirlo todo.
Consientes con un "Simón, wey, pero despacito", y él saca el lubricante de fresa del cajón, frío y resbaloso al tocar tu piel. Lo esparce con dedos expertos, metiendo uno, luego dos, abriéndote gradual. El sonido chapoteante del gel, el ardor placentero que se transforma en cosquilleo delicioso, tus jadeos llenando el cuarto. Su lengua lame alrededor, húmeda y caliente, probando tu esencia íntima. Hueles la fresa mezclada con tu arousal, embriagador.
La intensidad sube. Te pones a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo tus rodillas. Él se posiciona atrás, su verga rozando tu entrada trasera. Sientes la presión, el estiramiento ardiente al principio, pero él va lento, susurrando "Relájate, mi amor, estás perfecta". Cada centímetro que entra es una ola de sensaciones: el roce áspero de su pubis contra tus nalgas, el slap de piel contra piel, tus paredes internas apretándolo como guante. Gimes fuerte, ¡puro vicio!, mientras él bombea rítmico, una mano en tu clítoris frotando círculos perfectos.
Internamente luchas y gozas: Duele un poquito, pero es tan intenso, tan lleno. Me siento reina, dueña de mi cuerpo, compartiendo este taboo con mi hombre. Sudor gotea de su frente al tuyo cuando te voltea a misionero anal, mirándose a los ojos. El olor a sexo crudo impregna todo, sus bolas golpeando tu perineo con wet slaps. Aceleran, el clímax construyéndose como tormenta en el Popo.
El ending explota. Tú llegas primero, el orgasmo anal te sacude como terremoto, contrayendo todo tu ser alrededor de su verga. Gritas "¡Ay, Ashton, me vengo, cabrón!", el placer líquido derramándose por tus muslos. Él ruge, embistiendo profundo, y sientes su leche caliente llenándote, chorro tras chorro, mientras su cuerpo tiembla contra el tuyo. Colapsan juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos.
En el afterglow, se acurrucan bajo las sábanas revueltas. Él te besa la frente, oliendo tu cabello a shampoo de coco.
Esto fue más que sexo, fue conexión pura, confianza total. Ashton Pierce y yo, probando límites, sintiéndonos vivos.
—Fue increíble, mi vida —dice él, trazando círculos en tu espalda—. ¿Repetimos pronto?
Te ríes, saboreando el beso perezoso. Simón, wey. Esta noche cambió todo. La ciudad ronronea afuera, pero aquí dentro, solo existe el eco de sus cuerpos unidos, el lingering calor en tu culito sensible, y la promesa de más noches ardientes.