Diez Enunciados Sensuales con Tra Tre Tri Tro Tru
Estaba sola en el depa de la Roma, con el sol de la tarde colándose por las cortinas de hilo, pintando rayas doradas en la alfombra. Yo, Ana, maestra de dicción en una escuela de teatro chiquita en el Centro, practicaba mis 10 enunciados con tra tre tri tro tru. Era un ejercicio para soltar la lengua, trinar las erres como debe ser, pero hoy me sentía inquieta, con un calorcito entre las piernas que no se iba. Me paré frente al espejo del baño, con mi blusita escotada y shorts cortitos, y empecé:
Primero: Traigo tres trastes trillados del tren. Mi voz salió ronca, vibrando en la garganta. Sentí el roce de mi aliento caliente contra el vidrio empañado. Segundo: Tres tristes trigres tragan trigo en un trigal. Ahí la lengua se me enredó un poquito, y reí bajito, imaginando cómo sonaría si alguien más lo decía pegadito a mi oído.
Escuché la llave en la chapa. Era él, mi Javi, el carnal que me volvía loca con solo una mirada. Alto, moreno, con esa barba de tres días que raspaba delicioso. Entró cargando unas chelas del Oxxo y bolsas de tacos de suadero del puesto de la esquina. ¡Órale, mi amor! ¿Qué onda con esa práctica? Suenas como si estuvieras invocando un hechizo. Se recargó en el marco de la puerta, con esa sonrisa pícara que me derretía.
Le conté del reto: 10 enunciados con tra tre tri tro tru, pa' afinar la pronunciación mexicana bien cabrona. Él dejó todo en la mesa y se acercó, oliendo a sol y a hombre sudado del camión. ¿Y si los decimos juntos? Apuesto que te ayudo a trinarnos mejor. Su aliento mentolado me rozó la nuca cuando se paró detrás de mí, manos en mi cintura. Sentí su dureza presionando contra mis nalgas, y el pulso se me aceleró como tamborazo zacatecano.
Acto uno del juego: el comienzo juguetón. Empezamos el tercero: El trotro tritura troncos tremendos. Yo lo dije primero, él repitió pegando la boca a mi oreja, su lengua rozándome el lóbulo. Qué chido tu voz, Ana. Me pone la piel chinita. Sus dedos bajaron por mi panza, metiéndose bajo la blusa, tocando la curva de mis senos. Olía a su colonia barata mezclada con el limón de los tacos que esperaban. Mi chichi se endureció al instante, y un gemidito se me escapó.
Cuarto: Truena el trueno trayendo tormenta tropical. Ahora él lo dijo grave, vibrante, mientras me volteaba y me besaba el cuello. Su barba raspaba como lija suave, enviando chispas directo a mi entrepierna. Yo respondí arqueándome contra él, saboreando el salado de su piel.
Pinche Javi, si sigues así, no acabamos los diez.Reí, pero mi voz temblaba de anticipación. Sus manos bajaron a mis shorts, desabrochándolos con maña, rozando el encaje de mis calzones ya húmedos.
Nos movimos a la sala, el aire cargado de nuestro calor. Quinto: Triunfa el truhán tramando triquiñuelas traidoras. Sentados en el sofá de piel falsa que crujía bajo nosotros, yo lo dije sentada a horcajadas en sus piernas. Su verga dura como tronco presionaba contra mí a través del pantalón. Él lo repitió mordisqueándome el labio inferior, sabor a chicle de menta y deseo puro. Estás empapada, mi reina. ¿Es por los enunciados o por mí? Sus dedos se colaron dentro, tocando mi clítoris hinchado, y yo jadeé, el sonido ahogado en su boca.
El medio tiempo ardía. Sexto: Treinta y tres trileros trillan tres trilones. Ya sin blusa, mis tetas libres rozaban su pecho velludo. Sudor perlando su piel morena, olor a macho excitado invadiendo mis fosas nasales. Él me quitó los shorts, lamiendo el camino desde mi ombligo hasta el borde de los calzones.
No pares, cabrón, qué rico se siente tu lengua trinando ahí abajo.Yo lo empujé al sofá, desabrochándole el cinturón. Su pito saltó libre, grueso, venoso, goteando pre-semen que lamí con deleite salado.
Séptimo: Tra tra tre tre tri tri tro tro tru tru. Simple repetición, pero lo hicimos sincronizados, yo chupándolo lento mientras él gemía las erres contra mi pelo. Su mano en mi nuca, guiándome sin forzar, puro acuerdo mutuo. El sabor suyo me inundaba la boca, terroso y dulce. Sentía mi coño palpitando, rogando por más. Octavo: El entrenador tricky trota con trucos tremendos. Ahora él me lamió, lengua experta enredándose en mis labios vaginales, trinando vibraciones que me hicieron arquear la espalda. ¡Ay, Javi! Me vas a hacer venir ya. Pero aguantamos, el juego nos tenía al borde.
Noveno: Tragan los tritones tres trozos de trucha. De pie, contra la pared fresca que contrastaba con nuestra piel ardiendo. Él entró en mí de un golpe suave, llenándome hasta el fondo. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, eco en el depa. Yo clavaba uñas en su espalda, oliendo el sexo crudo, escuchando nuestros jadeos mezclados con las erres finales. Más fuerte, papi, dame todo. Sus embestidas aceleraban, mi clítoris frotándose contra su pubis, tensión creciendo como tormenta en el DF.
Décimo y último: Trae el trillador tritura trigo triturado. Lo gritamos juntos mientras el orgasmo nos reventaba. Él profundo dentro, yo contrayéndome alrededor, chorros de placer mojando sus bolas. Grité su nombre, él el mío, cuerpos temblando en éxtasis compartido. El olor a corrida fresca, sudor, y algo nuestro único. Colapsamos en el piso, risas entre jadeos.
El afterglow fue perfecto. Desnudos enredados, chelas abiertas chorreando espuma fría sobre nuestras pieles calientes. Esos 10 enunciados con tra tre tri tro tru fueron lo mejor que practicamos, ¿verdad? Le dije, besando su pecho que subía y bajaba. Él me acarició el pelo, Sí, mi amor, pero hagámoslos diario. Tu lengua es un arma letal. Afuera, el bullicio de la Roma: cláxones, risas de vecinos, vida normal. Adentro, nosotros, conectados, satisfechos, con la promesa de más juegos lingüísticos. Mi cuerpo aún hormigueaba, recordándome el poder de las palabras dichas con pasión.