Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Xvideos de Trios que Prenden el Fuego Xvideos de Trios que Prenden el Fuego

Xvideos de Trios que Prenden el Fuego

6645 palabras

Xvideos de Trios que Prenden el Fuego

Era una noche calurosa en el depa de Polanco, con el aire cargado de ese olor a ciudad que se cuela por las ventanas abiertas: mezcla de tacos de la esquina y el perfume dulce de las jacarandas. Marco y yo, Ana, estábamos tirados en la cama king size, con la laptop sobre las cobijas revueltas. Habíamos empezado viendo unas pelis normales, pero como siempre, terminamos en xvideos de trios. Órale, qué chingonería. Esas escenas donde tres cuerpos se enredan, sudados y jadeantes, me ponían la piel de gallina.

¿Y si lo hacemos de verdad? —pensé, mientras sentía mi chucha humedeciéndose solo de imaginarlo.

Marco, mi carnal de dos años, era un vato alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me derretía. Me miró con los ojos brillando. "Mira esa, nena, cómo la chava se come las dos vergas al mismo tiempo. ¿Te late?". Su voz ronca me erizaba el alma. Le contesté con un beso profundo, mi lengua bailando con la suya, probando el sabor salado de su boca después de unas chelas. Mis manos bajaron a su bóxer, sintiendo su verga ya dura como piedra, palpitando contra mi palma.

Pero no nos lanzamos de una. La tensión crecía lento, como buena salsa. Apagamos la luz, solo el resplandor azul de la pantalla iluminaba nuestras caras. En el video, gemidos ahogados llenaban el cuarto: "¡Ay, sí, métemela más duro!". Olía a su excitación, ese aroma almizclado que me volvía loca. Marco me quitó la playera, sus labios rozando mis pezones oscuros, chupándolos suave al principio, luego con hambre. Yo arqueé la espalda, gimiendo bajito, el sonido rebotando en las paredes.

"¿Qué tal si invitamos a Luis?", soltó de repente, su aliento caliente en mi cuello. Luis, su compa del gym, un morro atlético con tatuajes en los brazos y una risa contagiosa. Lo había visto en fotos, y sí, me había dado curiosidad. ¿Un trío real como los xvideos de trios? Mi corazón latió fuerte. "Estás loco, pendejo", le dije riendo, pero mis ojos decían que sí. Mandó un WhatsApp rápido: "Ven al depa, carnal, traete ganas". Minutos después, el timbre. La adrenalina me subió por la espina.

Luis llegó con una sonrisa de oreja a oreja, oliendo a colonia fresca y sudor limpio del día. Traía una botella de tequila reposado. "Qué onda, Ana, ¿lista pa'l desmadre?". Nos sentamos en la sala, con música de cumbia rebajada de fondo, bajita para no despertar a los vecinos. Chelas en mano, platicamos pendejadas: del tráfico en Insurgentes, del pinche jefe. Pero el aire estaba cargado, como antes de la lluvia. Marco me jaló a su regazo, besándome el cuello mientras Luis nos veía. Sentí sus ojos devorándome, y un cosquilleo delicioso entre las piernas.

La cosa escaló cuando Marco me desabrochó el brasier, dejando mis tetas al aire. Luis tragó saliva, su mirada fija en mis pezones erectos. "Qué chulas, wey", murmuró. Me paré, meneando las caderas al ritmo de la música, quitándome el short despacio. Mi tanga negra ya estaba empapada, el olor a mi excitación flotando. Marco se acercó por detrás, sus manos grandes amasando mis nalgas, mientras Luis se ponía de pie, su pantalón abultado.

Esto es mejor que cualquier xvideos de trios —pensé, el pulso retumbando en mis oídos.

Nos movimos a la cama, los tres enredándonos como en esas escenas que tanto veíamos. Marco me besó profundo, su lengua explorando mi boca, mientras Luis lamía mi cuello, bajando a mis tetas. Sus lenguas eran fuego: una chupando mi pezón izquierdo con succiones húmedas, la otra mordisqueando el derecho. Gemí fuerte, el sonido gutural saliendo de mi garganta. "¡Qué rico, cabrones!", solté, mi voz temblorosa.

Me recostaron, abriéndome las piernas. Marco se hincó entre ellas, su aliento caliente en mi panocha. Lamidas lentas al principio, su lengua plana lamiendo de abajo arriba, saboreando mis jugos. Luis se quitó la ropa, su verga gruesa saltando libre, venosa y reluciente. Se la acercó a mi boca, y la chupé ansiosa, probando su sabor salado, ese toque amargo de pre-semen. Lo mamé profundo, mi saliva chorreando, mientras Marco metía dos dedos en mí, curvándolos contra mi punto G. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, tequila derramado.

Los sonidos eran una sinfonía: mis arcadas suaves al mamar a Luis, los chapoteos de la lengua de Marco en mi clítoris hinchado, gemidos roncos de ellos. "¡Métemela ya!", supliqué. Marco se posicionó primero, embistiéndome de un jalón, su verga llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardía rico, mis paredes contrayéndose alrededor. Luis me siguió la corriente, metiéndosela en la boca al ritmo de las embestidas. Me sentía reina, poderosa, controlando el placer de dos machos.

Cambiaron posiciones. Ahora Luis atrás, cogiéndome a perrito mientras yo mamaba a Marco. Sus caderas chocaban contra mis nalgas con palmadas sonoras, piel contra piel. "¡Qué apretada estás, Ana!", gruñó Luis, sus bolas golpeando mi clítoris. Sudor chorreaba por sus pechos, goteando en mi espalda. Marco me jalaba el pelo suave, guiando mi cabeza. La tensión subía, mis muslos temblando, el orgasmo acechando como tormenta.

Esto es lo que soñaba viendo xvideos de trios, pero mil veces mejor —mi mente gritaba, nublada de placer.

Marco se acostó, yo me subí encima, cabalgándolo reversa. Su verga rozaba mi próstata interna con cada rebote, mis tetas saltando. Luis se paró frente a mí, y lo mamé mientras rebotaba. Luego, el clímax: Marco saliendo para que Luis me penetrara de nuevo, los dos alternando embestidas rápidas. "¡Me vengo!", chillé, mi cuerpo convulsionando, jugos chorreando por sus vergas. Ellos no tardaron: Marco eyaculó en mi boca, caliente y espeso, tragándome todo con gusto salado. Luis dentro, llenándome con chorros calientes que sentía palpitar.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas llenando el silencio. El olor a semen y sudor impregnaba las sábanas. Marco me besó la frente, Luis acarició mi pelo. "Eso estuvo chingón, carnales", dije, riendo bajito. Nos quedamos así, platicando suave sobre repetir, con el eco de los gemidos aún en el aire.

Al día siguiente, el sol entraba por las cortinas, iluminando los cuerpos desnudos. Desayunamos huevos rancheros en la terraza, con miradas cómplices. Los xvideos de trios habían sido solo el inicio; ahora teníamos nuestra propia historia, caliente y nuestra. El deseo no se apagó, solo mutó en algo más profundo, una conexión que nos unía más.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.