Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trios Locanto Ardientes Trios Locanto Ardientes

Trios Locanto Ardientes

5841 palabras

Trios Locanto Ardientes

Estaba en mi depa en la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una promesa sucia. Tenía veintiocho, soltera por elección, pero esa noche el tedio me tenía hasta la madre. Agarré el cel y abrí Locanto, buscando algo que me sacara del aburrimiento. Trios locanto, tecleé, y ¡órale! Aparecieron un chingo de anuncios. Uno me jaló la atención: una pareja guapa, él moreno alto con mirada de diablo, ella rubia curvilínea con labios que gritaban pecado. "Buscamos chica para trio locanto inolvidable, todo consensual y con respeto", decían. Neta, mi chucha dio un brinco. Les mandé mensaje, charlamos un rato por Whats, y

¿Vienes esta noche al Hyatt? Trae ganas de pasarla chido
, me contestaron. Mi corazón latía como tamborazo en feria. Me puse un vestido negro ceñido que me marcaba las tetas y el culo, spray de vainilla, y salí volando.

Llegué al lobby del hotel, luces tenues, olor a mármol pulido y jazmines del jardín. Ellos ya estaban en la barra: Marco, con camisa blanca arremangada mostrando brazos fuertes, y Luisa, con escote que dejaba ver el valle de sus pechos. Me acerqué, temblando un poquito por dentro. ¿Y si no cuajan? ¿Y si soy una pendeja por venir? Pero Marco sonrió, ojos negros clavándose en mí como pinche imán. "¡Ana! Qué chida morra", dijo con voz grave, mientras Luisa me abrazó, su perfume dulce invadiendo mis fosas nasales, tetas suaves rozando las mías. Pedimos tequilas reposados, el líquido ardiente bajando por mi garganta, calentándome el vientre.

Charlamos de todo: de la vida en la CDMX, de cómo se conocieron en una fiesta en Polanco, de su afición por trios locanto que los mantenía vivos. Luisa ponía la mano en mi muslo, suave como seda, y Marco me rozaba el brazo con los dedos, enviando chispas a mi entrepierna. Neta, ya estoy mojadita, pensé, sintiendo el calor subir por mis piernas. "Vamos arriba", susurró Luisa, mordiéndose el labio. Subimos al elevador, el zumbido suave, espejos reflejando nuestros cuerpos ansiosos. Marco me acorraló contra la pared, besándome el cuello, sabor a tequila en su lengua. Luisa observaba, ojos brillantes, tocándose el pelo.

En la suite, luces bajas, cama king size con sábanas de mil hilos, vista a Reforma brillando como diamantes. Se quitaron la ropa despacio, como en película erótica. Marco tenía torso esculpido, verga gruesa ya semi-dura, venas marcadas. Luisa, piel cremosa, pezones rosados duros como piedritas, concha afeitada reluciente. Yo me desvestí, sintiendo sus miradas devorándome. Soy suya esta noche, me dije, el aire fresco erizando mi piel. Nos tumbamos, cuerpos entrelazándose. Luisa me besó primero, labios carnosos, lengua danzando con la mía, sabor a menta y deseo. Sus manos en mis tetas, pellizcando suaves, haciendo que gimiera bajito.

Marco se unió, chupando mi cuello, bajando a mis pechos. Su boca caliente envolviendo un pezón, succionando fuerte, mientras Luisa lamía el otro. ¡Puta madre, qué rico! El sonido de lenguas húmedas, jadeos suaves llenando la habitación. Olía a sexo incipiente, sudor ligero y mi propia excitación. Bajé la mano, agarré la verga de Marco, dura como fierro, palpitando en mi palma. La masturbe despacio, sintiendo el calor, la piel suave sobre el músculo. Luisa se metió entre mis piernas, aliento cálido en mi clítoris. "Estás empapada, nena", murmuró, y su lengua tocó mi botón, círculos lentos que me arquearon la espalda.

La tensión crecía como tormenta en el desierto. Marco me volteó boca abajo, besando mi espalda, manos abriendo mis nalgas. Luisa debajo de mí, tetas presionando mis muslos, chupándome mientras yo le devoraba la concha: jugosa, salada, con un toque dulce como mango maduro. Marco se posicionó atrás, frotando su verga contra mi entrada.

¿Lista, reina?
Asentí, gimiendo en la piel de Luisa. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. ¡Carajo, qué llena me siento! Empujó rítmico, piel chocando piel, slap slap resonando. Luisa gemía debajo, mi lengua en su clítoris hinchado, dedos dentro de ella, curvados tocando su punto G.

Cambiámos posiciones como en un baile prohibido. Yo encima de Marco, cabalgándolo, verga hundiéndose profundo, bolas golpeando mi culo. Luisa se sentó en su cara, él lamiéndola voraz, ella y yo besándonos, lenguas enredadas, manos en tetas ajenas. El sudor nos unía, slippery, olor almizclado de cuerpos en fiebre. Sentía mi orgasmo building, como ola en Pacifico. "¡Más fuerte, wey!", grité, rebotando, clítoris rozando su pubis. Luisa se corrió primero, temblando, chorro caliente en la boca de Marco, gritos ahogados: "¡Sí, cabrón!".

Yo exploté después, concha contrayéndose alrededor de la verga de Marco, visión borrosa, pulso tronando en oídos, placer eléctrico desde el útero hasta las yemas. Él aguantó, volteándome a misionero, Luisa lamiendo donde nos uníamos, lengua en mis labios y su eje. "Me vengo", rugió, sacando y eyaculando en mi vientre, chorros calientes, espesos, olor fuerte a semen fresco. Colapsamos, jadeando, risas nerviosas rompiendo el silencio. Cuerpos pegajosos, besos suaves post-fuego.

Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el pecado, jabón espumoso en curvas y músculos. Abajo en el restaurante, desayunamos huevos rancheros picantes, café de olla humeante, hablando de lo chingón que fue. Trios locanto como este, neta, cambian la vida. Marco y Luisa me invitaron a repetir, pero yo sonreí, sabiendo que esta noche era perfecta en su fugacidad. Salí al amanecer, Reforma despertando, mi cuerpo aún zumbando, piel marcada con besos invisibles. ¿Volveré a Locanto? Pinche sí, wey. La vida es para quemarla así.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.