Prueba Nelly Furtado
Estás en un bar chido de la Condesa, con luces neón bailando sobre las paredes de ladrillo visto y un olor a mezcal ahumado flotando en el aire. La música electrónica retumba suave, pero de pronto cambia a algo más orgánico, una voz rasposa y sensual que te eriza la piel. Promiscuous de Nelly Furtado. Tus ojos recorren la pista y la ves: una morra de curvas hipnóticas, pelo negro ondulado cayéndole por la espalda, labios carnosos pintados de rojo fuego y un vestido negro ceñido que marca cada movimiento de sus caderas. Parece salida de un video de la Furtado en sus mejores días, neta. Te quedas clavado, el pulso acelerándose mientras imaginas el calor de su piel contra la tuya.
Te armas de valor, pides dos tequilas reposados y te acercas. Ella gira la cabeza, ojos verdes brillando bajo las luces, y sonríe con picardía. "¿Qué onda, guapo? ¿Vienes a bailar o nomás a mirar?" Su voz es ronca, como si fumara hierbas exóticas, y huele a vainilla y jazmín mezclado con sudor fresco de la pista. Le pasas el trago. "Soy Alex. Tú pareces Nelly Furtado reencarnada. ¿Try Nelly Furtado esta noche?" Se ríe, un sonido gutural que te vibra en el pecho. "Me llamo Nelly, wey. Y sí, ¿por qué no? Prueba conmigo, a ver si aguantas el ritmo."
La tensión empieza ahí, en ese roce accidental de dedos al tomar el vaso. Su piel es suave, cálida, como terciopelo tostado por el sol de Acapulco. Bailan pegados, sus nalgas presionando contra tu entrepierna mientras la canción sube de volumen. Sientes su aliento en tu cuello, dulce con toques de tequila, y el aroma de su perfume invadiendo tus sentidos. ¿Qué chingados estoy haciendo? Esto va en serio, piensas, mientras tus manos bajan por su cintura, explorando la curva de sus caderas. Ella se gira, presiona sus tetas firmes contra tu pecho, pezones endurecidos marcándose bajo la tela. "Me gustas, Alex. Vamos a otro lado. Quiero que me pruebes de verdad."
Tú sientes el calor subiendo desde tu verga, latiendo con fuerza contra los jeans. Neta, esta chava es fuego puro.Salen del bar tomados de la mano, el aire fresco de la noche mexicana golpeándolos como una caricia inesperada. Caminan unas cuadras hasta su depa en una colonia fancy, con balcón y vista a los cerros. Adentro, todo es minimalista: velas de coco encendidas, música bajita de Furtado sonando desde un speaker. "Ponte cómodo. Vamos a jugar con 'Try' de Nelly Furtado. ¿Listo para try?" dice ella, quitándose los tacones con un movimiento felino.
Te sientas en el sofá de piel suave, ella se acerca despacio, contoneándose. Se sube a horcajadas sobre ti, su vestido subiendo por los muslos morenos y tonificados. Sientes el calor de su concha a través de las bragas de encaje, húmeda ya, rozando tu paquete endurecido. Sus labios capturan los tuyos en un beso hambriento: lengua juguetona, sabor a tequila y miel, dientes mordisqueando suave tu labio inferior. Tus manos suben por sus muslos, apretando la carne firme, oliendo el almizcle de su excitación que empieza a impregnar el aire.
La desvestís lento, saboreando cada centímetro. El vestido cae, revelando tetas perfectas, pezones oscuros y erectos como botones de chocolate. Los chupas, succionando fuerte, oyendo sus gemidos roncos que se mezclan con la letra de la canción: Oh, you tried so hard... Ella arquea la espalda, uñas clavándose en tus hombros, dejando marcas ardientes. "Sí, cabrón, así. Prueba más profundo." Baja la mano, desabrocha tus jeans y saca tu verga palpitante, gruesa y venosa, goteando precum. La acaricia con maestría, pulgar rozando el glande sensible, enviando chispas de placer por tu espina.
La recuestas en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel caliente. Bajas besos por su cuello, lamiendo el sudor salado, hasta llegar a su ombligo. Ella abre las piernas, exponiendo su panocha depilada, labios hinchados y brillantes de jugos. El olor es embriagador: almizcle dulce, como fruta madura. Metes la lengua, saboreándola, chupando el clítoris hinchado mientras ella gime "¡Ay, wey, qué rico! No pares, pendejo caliente." Tus dedos entran, dos primero, curvándose para tocar ese punto que la hace temblar. Sientes sus paredes contraerse, jugos chorreando por tu mano, el sonido húmedo de chapoteo llenando la habitación.
La tensión sube como volcán: ella te voltea, te monta la cara, restregando su chocha contra tu boca mientras agarra tu pelo. Su peso es delicioso, su sabor me enloquece. Luego, se desliza abajo, guiando tu verga a su entrada resbaladiza. Entra de un jalón, apretada y ardiente, envolviéndote como guante de tercioplo mojado. Empieza a cabalgar, tetas rebotando, sudor perlando su piel dorada. Tú agarras sus nalgas, azotándolas suave, oyendo el clap-clap de carne contra carne. "Fóllame duro, Alex. Try Nelly Furtado al máximo." La música sigue, ahora Say It Right, perfecta para el ritmo frenético.
Cambian posiciones: la pones a cuatro patas, admirando su culo redondo, perfecto para morder. Entras de nuevo, profundo, sintiendo cada vena de tu verga rozando sus paredes. Ella empuja hacia atrás, gritando placer: "¡Más, chingón! Rompe mi concha." Tus bolas golpean su clítoris, el sonido obsceno mezclándose con jadeos y la voz de Furtado. Sientes el orgasmo construyéndose, bolas tensas, espina electrificada. Le metes dedos en la boca, ella los chupa como si fueran tu pito, saliva goteando.
El clímax explota: ella se corre primero, cuerpo convulsionando, concha ordeñándote en espasmos, chillidos agudos que retumban en tus oídos. ¡Qué apretón de la chingada! Tú la sigues, verga hinchándose, chorros calientes llenándola hasta rebosar, semen mezclándose con sus jugos en un río cremoso por sus muslos. Colapsan juntos, cuerpos pegajosos de sudor, respiraciones entrecortadas sincronizadas con el fade out de la canción.
En el afterglow, yacen enredados, su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. Huele a sexo crudo, a vainilla quemada y paz. "Eso fue épico, wey. Try Nelly Furtado aprobado," murmura ella, besando tu cuello. Tú acaricias su pelo, sintiendo el latido calmado de su corazón contra el tuyo.
Neta, esta noche cambió todo. Mañana, ¿quién sabe? Pero ahorita, puro chido.La noche se cierra con risas suaves, promesas susurradas y el eco de la música en el aire, dejando un sabor dulce de deseo satisfecho.