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La Try Hard 5SOS que se Rinde al Placer

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La Try Hard 5SOS que se Rinde al Placer

El estadio Azteca retumbaba con los acordes de She Looks So Perfect, y yo, Karla, la try hard máxima de 5SOS, estaba en primera fila, sudando como loca bajo las luces estroboscópicas. Llevaba mi camiseta ajustada con el logo de la banda, falda corta que se pegaba a mis muslos por el calor húmedo de la noche mexicana, y el corazón latiéndome a mil por hora. No era cualquier fan; yo era la que se sabía todas las letras, las que coleccionaba merchandising hasta el cansancio, la que try hard 5SOS total, güey. Olor a cerveza derramada, sudor colectivo y ese perfume dulzón de chavas perfumadas me envolvía, mientras gritaba con Luke Hemmings en el escenario.

De repente, sentí un roce en el hombro. Volteé y ahí estaba él: alto, moreno, con ojos cafés que brillaban como faroles en la penumbra, y una playera de Try Hard que le marcaba los pectorales. ¿Coincidencia o destino?, pensé, mientras mi piel se erizaba con el roce accidental de su brazo contra el mío. Se acercó gritando por encima de la música: "¡Órale, carnala, qué chido que seas tan try hard como yo!" Su voz grave me vibró en el pecho, y el olor a su colonia fresca, mezclada con el sudor del mosh pit, me mareó un poco.

Se llamaba Diego, veintiocho años, ingeniero de día y fanático empedernido de 5SOS de noche. Charlamos entre canciones, nuestros cuerpos pegándose más con cada empujón de la multitud. Sus manos grandes rozaban mi cintura "sin querer", y yo sentía el calor de su piel a través de la tela delgada.

Este pendejo sabe lo que hace, y yo no me voy a quedar atrás
, me dije, mordiéndome el labio mientras Ashton golpeaba la batería como un endemoniado.

Al final del concierto, el encore de Youngblood nos dejó exhaustos, con la garganta ronca y la adrenalina bombeando. "Vámonos por unas chelas, try hard 5SOS", me dijo guiñándome el ojo, y yo asentí, sintiendo un cosquilleo traicionero entre las piernas. Salimos del estadio tomados de la mano, el aire fresco de la Ciudad de México nos golpeó como una caricia, trayendo consigo el aroma a elotes asados de los vendedores ambulantes y el escape de los coches en Insurgentes.

Acto dos: La escalada

Terminamos en un bar cercano, uno de esos antros con luces neón y reggaetón de fondo que contrastaba chido con nuestro mood de pop punk. Pedimos micheladas heladas, el limón picante explotando en mi lengua, y platicamos de todo: de cómo Try Hard era nuestro himno personal, de tattoos que queríamos hacernos con logos de la banda, de lo que haríamos si nos topáramos a Calum en la calle. Diego se inclinaba hacia mí, su rodilla rozando la mía bajo la mesa, y cada vez que reía, su aliento cálido me hacía arquear la espalda sin querer.

"Eres la try hard más guapa que he visto, Karla. Me dan ganas de comerte aquí mismo", murmuró, su mano subiendo por mi muslo despacio, como probando el terreno. Yo tragué saliva, el pulso acelerado latiéndome en las sienes, el sabor salado de la rim de la michelada aún en los labios. No seas pendeja, déjate llevar, pensé, mientras mis dedos se enredaban en su cabello revuelto, oliendo a shampoo de mentol y esfuerzo del concierto.

La tensión crecía como una tormenta: sus besos empezaron suaves, probando, en la esquina del bar, con el ruido de vasos chocando y risas ajenas como banda sonora. Su lengua sabía a tequila y deseo, invasiva pero tierna, y yo respondí con hambre, mis uñas clavándose en su nuca. "Netz, vámonos a mi depa, está cerca", jadeó contra mi boca, y yo solo pude asentir, el calor entre mis piernas convirtiéndose en un pulso insistente.

En su coche, un Tsuru viejo pero chido, no aguantamos. Mientras él manejaba por las calles iluminadas de la Roma, mi mano se coló en su chamarra, palpando el bulto duro en sus jeans. Él gruñó, el sonido gutural vibrándome en el estómago, y estacionó en un callejón oscuro. Ahí, en el asiento trasero, nos devoramos: camisetas volando, el olor a piel caliente y excitación llenando el espacio confinado. Sus manos expertas desabrocharon mi bra, liberando mis tetas al aire fresco de la ventanilla entreabierta, y chupó un pezón con hambre, el roce áspero de su barba mandíbula enviando chispas directo a mi clítoris.

"Eres tan mojada, nena... por ser tan try hard 5SOS, ¿eh?", susurró, sus dedos hundiéndose en mi panocha empapada, curvándose justo donde dolía de placer. Gemí alto, el sonido ahogado por su boca, mientras mis caderas se movían solas contra su palma. El olor almizclado de mi propia excitación se mezclaba con su sudor, y el tacto de sus músculos tensos bajo mis palmas me volvía loca. Pero queríamos más; no era suficiente este rapidín de adolescentes.

Llegamos a su depa en Polanco, un lugar modesto pero con posters de 5SOS en las paredes y una cama king size que nos esperaba como un altar. La puerta se cerró con un clic, y ahí empezó lo bueno de verdad.

Acto tres: El clímax y el eco

Diego me cargó como si nada, sus bíceps flexionándose bajo mis muslos, y me tiró en la cama con sábanas frescas que olían a suavizante de lavanda. Desnudos ya, piel contra piel, el contraste de su cuerpo duro y peludo contra mi suavidad me erizó toda. Besó mi cuello, lamiendo el sudor salado, bajando por mi vientre hasta mi entrepierna. "Te voy a comer hasta que grites las letras de Try Hard", prometió, y cumplió: su lengua plana lamió mi clítoris hinchado, chupando con succiones que me arquearon como un puente. El sonido húmedo de su boca en mi coño era obsceno, delicioso, y yo me retorcía, mis manos jalando su pelo, el olor a sexo impregnando el cuarto.

¡Pinche Diego, me vas a matar de gusto!
Grité internamente, mientras dos dedos gruesos me follaban lento, curvándose contra mi punto G. El orgasmo me pegó como un rayo, mi cuerpo convulsionando, jugos chorreando en su barbilla, el sabor metálico en mi propia boca de tanto morder la almohada.

Pero él no paró. Me volteó boca abajo, su verga gorda y venosa rozando mi cachete, oliendo a hombre puro. "Ahora tú, try hard mía", dijo, y yo la tomé en la boca, saboreando el precum salado, mi lengua girando alrededor de la cabeza mientras él gemía ronco, sus caderas empujando suave. El tacto aterciopelado de su pija en mi garganta me empoderaba, lo chupaba como experta, escupiendo para lubricar.

Finalmente, se hundió en mí de misionero, su peso delicioso aplastándome, cada embestida profunda golpeando mi cervix con placer punzante. El slap slap de carne contra carne, nuestros jadeos sincronizados con el recuerdo de la batería de la banda, el sudor goteando de su frente a mis tetas... todo era perfecto. "¡Más duro, cabrón! ¡Como en el mosh pit!", le pedí, y él obedeció, sus bolas golpeando mi culo, mi clítoris frotándose contra su pubis hasta que exploté de nuevo, ordeñándolo.

Se corrió dentro, chorros calientes llenándome, su gruñido animal en mi oído como la última nota de un concierto. Colapsamos, entrelazados, el corazón latiéndonos desbocados, el aroma a sexo y semen flotando perezoso. Me besó la frente, suave ahora. "Eres increíble, Karla. La mejor try hard 5SOS del mundo".

Nos quedamos así, platicando bajito de futuros conciertos, de tattoos compartidos, mientras el amanecer pintaba las cortinas de rosa. No era solo sexo; era conexión, la química de dos almas punk pop en la gran ciudad. Me fui con las piernas temblorosas, el cuerpo marcado por sus besos, sabiendo que esta noche había sido el pinche clímax de mi vida de fanática. Y quién sabe, tal vez repetiríamos en el próximo tour.

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