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Bimbi y Su Trío Oriental

5983 palabras

Bimbi y Su Trío Oriental

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te estuviera acariciando. Yo, Bimbi, con mi vestido rojo ceñido que dejaba poco a la imaginación, bailaba en el club más chido de la Zona Rosa. Mis chichis rebotaban al ritmo de la cumbia rebajada mezclada con reggaetón, y sentía las miradas de todos lados. Pero no eran cualquiera las que me prendían: eran ellos, mi trío oriental, tres morros japoneses que acababa de conocer en la barra.

El primero, Kenji, alto y delgado con ojos rasgados que brillaban como luces de neón, me sonrió con esa picardía que me hizo mojarme al instante. Al lado, Hiroshi, más musculoso, con tatuajes asomando por su camisa abierta, y Takeshi, el más juguetón, con una sonrisa de pendejo que prometía travesuras. "¡Órale, Bimbi! ¿Vienes con nosotros a seguir la fiesta?", me dijo Kenji en un español chueco pero sexy, su acento oriental me erizaba la piel. Neta, no lo pensé dos veces. Les invité a mi depa en las Lomas, ese penthouse con vista al skyline que mi ex pendejo me dejó de herencia.

En el Uber, sus manos ya rozaban mis muslos. El olor a colonia fresca mezclada con sake de la botella que traían me mareaba. Sentía el pulso acelerado en mi cuello, el corazón latiéndome como tambor.

¿Qué chingados estoy haciendo? Tres vergas orientales para mí sola. Esto va a ser la neta.
Llegamos y prendí las luces tenues, la música suave de fondo. "Bienvenidos a mi mundo, cabrones", les dije guiñando el ojo.

Empezamos con shots de tequila. Hiroshi me jaló para bailar pegadito, su cuerpo duro contra el mío. Sentí su verga tiesa presionando mi panocha a través de la tela. "Eres fuego, Bimbi", murmuró en mi oído, su aliento caliente oliendo a especias exóticas. Kenji y Takeshi nos miraban, tocándose por encima del pantalón. La tensión crecía como tormenta. Me quité el vestido despacio, quedando en tanga y bra de encaje negro. Sus ojos se devoraban mi piel morena, mis curvas mexicanas listas para ellos.

Kenji fue el primero en tocarme. Sus dedos finos pero firmes recorrieron mi espalda, bajando hasta mi culo redondo. Pinche delicia, pensé, mientras su boca chupaba mi cuello. Hiroshi se acercó por delante, besándome con lengua profunda, saboreando el tequila en mi saliva. Takeshi, el travieso, se arrodilló y lamió mis pezones duros como piedras. El sonido de sus lenguas húmedas, los jadeos bajos, el roce de sus ropas quitándose... todo me volvía loca. Olía a sudor fresco, a deseo puro, ese aroma almizclado que inunda el aire cuando los cuerpos se calientan.

Me llevaron al sofá king size, mi reino. Kenji me quitó la tanga con dientes, exponiendo mi panocha rasurada y ya chorreante. "¡Mira qué rica!", exclamó Hiroshi, metiendo dos dedos adentro. Gemí fuerte, ¡ay, wey!, el placer eléctrico subiendo por mi espina. Takeshi sacó su verga, gruesa y venosa, circuncidada perfecta, oliendo a hombre limpio. Se la metí a la boca, saboreando la piel salada, el pre-semen dulce. Chupé como hambrienta, mientras Kenji lamía mi clítoris hinchado, su lengua experta girando en círculos que me hacían arquear la espalda.

Esto es Bimbi y su trío oriental en acción. Neta, nunca sentí tanto poder, tres machos a mis pies, pero yo mandando el ritmo.

La intensidad subía. Hiroshi me penetró primero, su verga enorme estirándome delicioso. ¡Qué chingón! Entraba y salía lento al principio, el sonido chapoteante de mi jugo contra su piel, el slap-slap rítmico. Kenji y Takeshi se turnaban en mi boca, sus bolas peludas rozando mi barbilla. Sudábamos a chorros, el calor de sus cuerpos orientales contra mi piel latina, contrastes perfectos. Olía a sexo crudo, a panocha mojada y vergas palpitantes. Takeshi me susurró: "Te vamos a llenar, mi reina".

Cambié de posición, montándome en Hiroshi como vaquera salvaje. Rebotaba fuerte, mis chichis saltando, sus manos amasando mi culo. Kenji se paró detrás y lubricó mi ano con saliva y mi propio flujo. ¡Sí, cabrón, métela! Entró despacio, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis puro. Doblemente llena, Takeshi en mi boca, era un torbellino sensorial. Sentía cada vena, cada pulso, el estiramiento delicioso, los gemidos ahogados en gargantas. Mi clítoris rozaba el pubis de Hiroshi, enviando chispas al cerebro.

El clímax se acercaba como ola gigante. "¡Más rápido, pinches orientales!", grité en mexicano puro. Aceleraron, el sofá crujiendo, piel contra piel resbalosa. Primero explotó Hiroshi adentro, su leche caliente inundándome, olor fuerte a semen fresco. Eso me disparó: orgásmico total, mi panocha contrayéndose, chorros de squirt mojando todo. Kenji se corrió en mi culo, el calor líquido goteando. Takeshi último, pintando mi cara con chorros espesos, salados en mi lengua ansiosa.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones jadeantes llenando el cuarto. Sus cabezas en mi pecho, caricias suaves ahora. "Eres increíble, Bimbi", dijo Kenji besando mi ombligo. Limpié sus vergas con la lengua, saboreando la mezcla nuestra, ese gusto amargo-dulce de post-sexo. El aire olía a nosotros, a victoria compartida.

Mi trío oriental, mi noche perfecta. Mañana quién sabe, pero esta fue la neta del planeta.

Nos duchamos juntos, jabón perfumado lavando el sudor pero no el recuerdo. Desayunamos tacos de la esquina, riendo de nuestras torpezas idiomáticas. Ellos se fueron al aeropuerto con promesas de volver. Yo me quedé en la cama, tocándome suave recordando cada roce, cada sabor. Bimbi y su trío oriental: una leyenda que contaría a mis amigas, pero guardando los detalles más jugosos para mí sola. La piel aún hormigueaba, el cuerpo saciado pero ansioso por más aventuras. Así es la vida en la CDMX, llena de sorpresas calientes.

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