Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Trio Ardiente de Mi Esposa en Twitter El Trio Ardiente de Mi Esposa en Twitter

El Trio Ardiente de Mi Esposa en Twitter

8111 palabras

El Trio Ardiente de Mi Esposa en Twitter

Todo empezó una noche cualquiera en nuestro depa en Polanco, con el ruido de la ciudad filtrándose por las ventanas entreabiertas. Ana, mi esposa, estaba recostada en la cama, con su teléfono en la mano, riéndose bajito mientras scrolleaba Twitter. Yo, tirado a su lado, la veía de reojo, admirando cómo la luz de la pantalla iluminaba su piel morena y suave, esa que tanto me gustaba acariciar. Hacía años que estábamos casados, pero el deseo entre nosotros nunca se apagaba. Neta, qué suerte la mía con esta mamacita, pensaba yo mientras la veía morderse el labio inferior.

—¿Qué tanto te hace reír, carnala? —le pregunté, acercándome para espiar su pantalla.

Ella volteó con una sonrisa pícara, sus ojos cafés brillando con picardía. —Nada, wey, nomás estoy viendo unos tuits locos sobre trio esposa twitter. Hay un chingo de esposas como yo fantaseando con un trio, ¿sabes? Imagínate, yo en medio de dos vergas duras...

Su voz se volvió ronca al final, y sentí un cosquilleo en la entrepierna. Ana siempre había sido abierta en la cama, pero esto era nuevo. Me acerqué más, oliendo su perfume mezclado con el aroma dulce de su sudor después de la ducha. Le quité el teléfono con gentileza y vi los tuits: fotos borrosas de tríos calientes, esposas compartidas, maridos mirando. Mi verga se endureció al instante.

¿En serio quieres eso? —le dije, mi mano ya subiendo por su muslo desnudo bajo la camisola corta.

Ella se giró, presionando su cuerpo contra el mío, su aliento cálido en mi cuello. —¿Y tú? ¿Te prenderías viéndome con otro wey?

Ahí empezó la tensión. Esa noche nos cogimos como animales, pero en mi mente ya flotaba la idea de un trio esposa twitter hecho realidad.

Los días siguientes fueron una locura. Ana no paraba de checar Twitter, retuiteando cuentas de parejas swinger y respondiendo a mensajes directos. Yo la veía desde la cocina, preparando unos tacos al pastor, el olor a cebolla y piña llenando el aire, mientras ella gemía bajito imaginando escenarios.

¿Y si lo hacemos de una vez? Un wey guapo, consensuado, que nos prenda a los dos.
Su voz interna parecía gritarlo cada vez que me platicaba.

Una tarde, mientras llovía a cántaros afuera y el trueno retumbaba, me mostró el perfil de Marco. Un morro de veintitantos, atlético, con fotos en la playa de Cancún y tuits sobre tríos con esposas. —Mira, amor, este wey responde a trio esposa twitter. Dice que le late lo nuestro.

Mi pulso se aceleró. Mandamos mensajes, coqueteamos virtualmente. Él era respetuoso, neta, un carnal chido que entendía las reglas: todo consensual, sin dramas. Quedamos en vernos en un bar en la Roma, para tantear el terreno.

La noche del encuentro, Ana se arregló como diosa: vestido negro ajustado que marcaba sus curvas perfectas, tetas firmes asomando un poco, nalgas redondas que pedían ser apretadas. Yo iba casual, jeans y camisa, pero con el corazón latiéndome como tambor. En el bar, el humo de cigarros y el sonido de salsa en vivo nos envolvieron. Marco llegó puntual, alto, con barba recortada y sonrisa de conquistador. Nos dimos la mano, y el aire se cargó de electricidad.

Charlamos de todo: fútbol, tacos, la vida en la CDMX. Ana se reía de sus chistes, tocándole el brazo de vez en cuando. Yo sentía celos mezclados con excitación, mi verga medio parada bajo la mesa. Esto va en serio, pensé, oliendo el perfume masculino de Marco, terroso y fuerte.

—¿Y si nos vamos a un motel? —propuso Ana al fin, su mano en mi muslo y la otra rozando la de él.

Asentí, la garganta seca. Salimos al coche, la lluvia fina mojándonos la piel, y en el trayecto al motel, Ana se besó con Marco en el asiento de atrás mientras yo manejaba, oyendo sus jadeos y el chasquido de lenguas húmedas.

En la habitación del motel, con luces tenues y el olor a sábanas frescas, la tensión explotó. Ana se paró en medio, quitándose el vestido lento, revelando lencería roja que compró para la ocasión. Sus pezones duros se marcaban bajo el encaje, y el calor entre sus piernas ya se notaba en el aire húmedo.

—Vengan, cabrones —dijo con voz ronca, mexicana pura, juguetona.

Yo la besé primero, saboreando sus labios carnosos con sabor a tequila, mis manos en su cintura suave. Marco se acercó por detrás, besándole el cuello, sus dedos grandes bajando por su espalda. Ana gimió en mi boca, un sonido gutural que me puso la verga como piedra.

La tumbamos en la cama, king size con colchón que crujía bajo nuestro peso. Yo le quité el bra, chupando sus tetas, lamiendo los pezones oscuros y duros como piedras, mientras Marco le bajaba el tanga, exponiendo su panocha depilada, ya brillando de jugos. Qué rica está mi esposa, pensé, oliendo su aroma almizclado de excitación, ese que me volvía loco.

Ana se arqueó cuando Marco le metió dos dedos, moviéndolos adentro y afuera con ritmo experto. —¡Ay, wey, qué chido! —gritó ella, agarrándome la cabeza para que no dejara de mamarle las tetas.

Nos quitamos la ropa rápido. Mi verga saltó libre, venosa y gruesa, y la de Marco era más larga, curva perfecta. Ana nos miró con hambre, masturbándonos a los dos al mismo tiempo, sus manos suaves y expertas. El sonido de piel contra piel, jadeos y el olor a sudor masculino llenaban la habitación.

La puse a cuatro patas, yo atrás, embistiéndola lento al principio. Su concha estaba calientísima, apretándome como guante, jugos chorreando por mis huevos. Marco se arrodilló enfrente, metiéndole la verga en la boca. Ana la chupaba con ganas, babeando, los labios estirados, garganta profunda. Yo la cogía más fuerte, mis caderas chocando contra sus nalgas firmes, el plaf plaf resonando.

—¡Más, pendejos, cómanme viva! —suplicaba Ana entre succiones, sus ojos lagrimeando de placer.

Cambiamos posiciones. Marco se acostó y Ana se montó en su verga, cabalgándolo como amazona, tetas rebotando, sudor perlando su piel. Yo me paré sobre él, ofreciéndole mi verga a ella. Lo chupó todo el rato, saboreando mis fluidos preeyaculatorios salados. Sentía su calor, oía sus gemidos ahogados, tocaba su cabello revuelto.

La intensidad subía. Marco la pellizcaba las nalgas, yo le metía dedos en la boca. Ana temblaba, su clítoris hinchado frotándose contra la base de la verga de él.

Esto es el paraíso, mi trio esposa twitter soñado
, pensé yo, el corazón retumbando en los oídos.

Al fin, el clímax. Ana gritó primero, su cuerpo convulsionando, concha contrayéndose alrededor de Marco, chorros de squirt mojando las sábanas. —¡Me vengo, cabrones!

Marco gruñó, llenándola de leche caliente, sacando la verga para que los últimos chorros salpicaran su panza. Yo no aguanté más: Ana me jaló hacia su boca y eyaculé profundo en su garganta, ella tragando todo, lamiendo hasta la última gota, sabor amargo y espeso.

Nos derrumbamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire olía a sexo puro: semen, jugos, sudor. Ana se acurrucó entre nosotros, besándonos alternadamente.

—Gracias, amores. Esto fue la neta —dijo, su voz satisfecha, piel pegajosa contra la mía.

Marco se vistió después de un rato, nos dimos un abrazo fraternal y se fue con promesa de repetir si se armaba. Ana y yo nos duchamos juntos, el agua caliente lavando los restos, pero no el recuerdo. En la cama, abrazados, hablamos del subidón emocional.

—¿Feliz? —le pregunté, oliendo su cabello húmedo.

—Más que nunca, wey. Mi marido el mejor, viendo cómo me gozo.

Desde esa noche, Twitter volvió a ser solo un pasatiempo, pero el recuerdo del trio nos prendía cada vez que lo platicábamos. Nuestra relación se fortaleció, el deseo renovado. Quién diría que un tuit cambiaría todo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.