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El Éxtasis del Chorus Trio

6107 palabras

El Éxtasis del Chorus Trio

La noche en ese bar de Polanco bullía con luces neón y el aroma espeso a tequila reposado mezclado con perfume caro. Tú, sentado en la barra con una cerveza helada en la mano, sentías el pulso de la música tecno-reggaetón retumbar en tu pecho. Órale, qué chido lugar, pensabas, mientras el sudor ligero de la pista de baile te llegaba en oleadas cálidas. De repente, las luces bajaron y el escenario se iluminó. Ahí estaban ellas: el chorus trio, tres morras despampanantes que respaldaban a la cantante principal con voces que erizaban la piel.

La primera, con curvas que desafiaban la gravedad bajo un vestido rojo ceñido, cantaba con labios carnosos entreabiertos. Su voz grave te envolvía como terciopelo húmedo. La segunda, rubia teñida con ojos felinos, movía las caderas al ritmo, su piel morena brillando bajo los reflectores, oliendo a vainilla y deseo desde lejos. La tercera, petite pero con tetas firmes que rebotaban sutilmente, soltaba armonías agudas que te ponían la verga dura al instante.

Neta, estas chavas son otro nivel. ¿Qué pedo si me miran?
Y sí, te miraban. Directo a ti, con sonrisas pícaras que prometían más que solo canto.

El show terminó en aplausos ensordecedores, pero ellas no se fueron. Bajaron del escenario, riendo entre sí, con el cabello revuelto y el maquillaje impecable. Se acercaron a tu barra, pidiendo shots de mezcal. "Ey, guapo, ¿te gustó el chorro de voces?", dijo la del vestido rojo, su aliento dulce rozando tu oreja. Te llamaban chorus trio: Karla, la líder sensual; Mónica, la juguetona; y Sofía, la dulce pero traviesa. Tú asentiste, la garganta seca, mientras sus manos rozaban tu brazo casualmente, enviando chispas por tu espina.

No seas pendejo, aprovecha la noche
, te dijiste, pidiendo otra ronda. Hablaron de la gira, de cómo Polanco las ponía cachondas con su vibe lujosa. Karla te tomó la mano, tirando de ti a la pista. "Baila con nosotras, carnal". Sus cuerpos se pegaron al tuyo: caderas ondulantes contra tu pelvis, pechos rozando tu pecho, risas ahogadas en tu cuello. El olor a su sudor mezclado con loción corporal te mareaba, un perfume almizclado que gritaba ven por más. Mónica susurró al oído: "Sientes cómo nos mojamos cantando para ti, ¿verdad?". Sofía mordisqueó tu lóbulo, su lengua tibia dejando un rastro salado.

La tensión crecía como una sinfonía subiendo de tono. Salieron del bar, caminando hacia un hotel boutique a dos cuadras, el aire fresco de la noche mexicana contrastando con el calor entre sus piernas. En el lobby, risas contenidas, miradas cómplices del conserje. Subieron al elevador, y ahí explotó lo inevitable. Karla te besó primero, labios suaves y exigentes, lengua danzando con la tuya al sabor de mezcal ahumado. Mónica se pegó por detrás, manos bajando por tu espalda hasta apretar tu culo. Sofía observaba, lamiéndose los labios, antes de unirse mordiendo tu cuello. Qué chingón, pensabas, el corazón latiendo como tambores de mariachi.

En la suite, luces tenues doradas, cama king size con sábanas de algodón egipcio. Se desvistieron lento, un striptease privado. Karla dejó caer el vestido rojo, revelando tanga negra y pezones oscuros erectos. Mónica se quitó la blusa, tetas perfectas saltando libres, olor a su piel caliente invadiendo la habitación. Sofía, con timidez fingida, mostró su coñito depilado, ya reluciente de jugos. Tú te quitaste la camisa, pantalón, verga tiesa apuntando al cielo. "Qué rica verga tienes, wey", ronroneó Karla, arrodillándose.

Empezaron con bocas expertas. Karla chupó la punta, lengua girando alrededor del glande, saliva tibia escurriendo. Mónica lamió los huevos, succionando suave, mientras Sofía besaba tu torso, mordisqueando pezones. Gemidos armónicos salían de ellas, como su canto en el escenario, pero ahora crudos, guturales: "Mmm, qué sabroso... chúpame tú también". Te turnaste: enterraste la cara en el coño de Karla, sabor salado-dulce, clítoris hinchado palpitando contra tu lengua. Ella gritó: "¡Ay, cabrón, qué rico!". Mónica se sentó en tu cara después, jugos chorreando por tu barbilla, mientras Sofía montaba tu verga despacio, paredes vaginales apretando como guante caliente.

La intensidad subía. Cambiaron posiciones en un ballet erótico. Tú de rodillas, penetrando a Mónica por atrás, nalgas firmes chocando contra tus caderas con palmadas resonantes. Karla debajo, lamiendo donde se unían, lengua rozando tu verga y el ano de Mónica. Sofía se masturbaba viéndolos, dedos hundidos en su chocha húmeda, gemidos sincronizados: "¡Más duro! ¡Sí, así!". El cuarto olía a sexo puro: almizcle, sudor, fluidos mezclados. Tus bolas se tensaban, pulso acelerado, pieles resbalosas pegándose y despegándose con sonidos obscenos.

Estas morras me van a matar de placer, neta
. Karla te volteó, montándote a horcajadas, rebotando con tetas danzando. Mónica y Sofía se besaban sobre ti, dedos en coños mutuos, chorros salpicando tu pecho. "Córrete con nosotras", jadeó Karla, uñas clavándose en tus hombros. El clímax llegó en oleada: tu verga explotó dentro de ella, semen caliente llenándola, mientras ellas gritaban en armonía, cuerpos convulsionando, coños contrayéndose en orgasmos múltiples. Sofía eyaculó un chorrito tibio sobre tu muslo, Mónica temblando contra tu boca.

Colapsaron en la cama, respiraciones entrecortadas, pieles pegajosas brillando. Abrazos lánguidos, besos suaves post-sexo. Karla acarició tu cabello: "Eres el mejor público que hemos tenido, amor". Mónica rió bajito: "Vuelve al próximo show del chorus trio, ¿eh?". Sofía se acurrucó, suspiro satisfecho. Tú yacías ahí, el cuerpo pesado de placer, mente flotando en éxtasis. El amanecer filtraba por las cortinas, prometiendo más noches así en esta ciudad que nunca duerme. Qué pedo tan chingón, pensaste, sabiendo que su canción resonaría en ti para siempre.

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