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Noche de Trio Español Xnxx

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La brisa salada del mar Caribe entraba por las ventanas abiertas de la casa en Playa del Carmen, trayendo ese olor a sal y arena caliente que me ponía la piel de gallina. Yo, Alex, estaba recargado en la terraza con una chela fría en la mano, viendo cómo el sol se ponía en un naranja chingón sobre el horizonte. A mi lado, mi jefa Sofía, con su shortcito ajustado que le marcaba el culo perfecto, reía a carcajadas con Lucía, su amiga española que había llegado esa mañana de Madrid. Lucía era una morra de esas que te dejan con la boca abierta: pelo negro largo, ojos verdes que brillaban como el mar, y un cuerpo curvilíneo que gritaba pecado. Llevaba un vestido ligero de tirantes que se pegaba a sus chichis grandes por el sudor del viaje.

—¡Órale, wey, esta playa está de poca madre! —dijo Sofía, dándome un codazo juguetón mientras se servía otro trago de tequila reposado. El líquido ámbar brillaba en el vaso, y su aroma fuerte se mezclaba con el de su perfume floral, ese que siempre me ponía cachondo.

Lucía se acercó, moviendo las caderas con ese acento español que sonaba como música prohibida. —Chicos, en España no hay nada como esto. ¿Y si ponemos música y nos echamos un baile? —Sus labios rojos se curvaron en una sonrisa pícara, y sentí un cosquilleo en la verga solo de imaginarla pegada a mí.

La noche avanzaba con risas, tequilas y anécdotas. Sofía, siempre la más desmadrosa, sacó su celular y empezó a buscar en internet. —Oigan, neta que me dieron ganas de algo caliente. ¿Han visto los videos de trio español xnxx? ¡Están de locura!

Mi pulso se aceleró. Sofía y yo ya habíamos platicado de fantasías, de probar algo más allá de lo de siempre, pero con Lucía ahí, todo se sentía real. Le pasé el brazo por la cintura a Sofía, sintiendo su calor a través de la tela fina. —

¿Y si lo hacemos realidad, mi amor? Esta española nos va a volver locos
, pensé, mientras mi mente se llenaba de imágenes sucias.

Lucía se rio, inclinándose para ver la pantalla. El video empezó: gemidos en español, cuerpos entrelazados en una cama deshecha. El sonido de piel contra piel, jadeos roncos, y ese slap slap húmedo que hacía eco en la terraza. El aire se cargó de electricidad. Sofía se mordió el labio, su mano rozando mi muslo por accidente... o no.

—¿Qué tal si jugamos a eso? —propuso Lucía con voz ronca, sus ojos clavados en los míos. —Solo si quieren, claro. —Todo consensual, todo chido, como debe ser.

Sofía me miró, sus pupilas dilatadas por el deseo. Asentí, el corazón latiéndome como tambor de mariachi. Nos movimos adentro, al cuarto principal con su cama king size y sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. La luz tenue de las velas parpadeaba, proyectando sombras danzantes en las paredes blancas.

Empezó lento. Sofía se acercó a Lucía, rozando sus labios en un beso suave al principio, como probando el terreno. Vi sus lenguas juguetear, el brillo de saliva en la boca de Lucía, y olía su aliento a tequila dulce. Mi verga se endureció al instante, presionando contra el pantalón. Me acerqué por detrás a Sofía, besando su cuello salado, mordisqueando esa piel suave que sabía a coco de su crema.

Ven aquí, cabrón —susurró Sofía, jalándome hacia ellas. Lucía me miró con hambre, sus manos temblando un poco mientras me quitaba la playera. Sentí sus uñas rozando mi pecho, bajando hasta mi abdomen, enviando chispas por mi espina.

Esto es mejor que cualquier trio español xnxx, neta
, me dije, mientras el calor de sus cuerpos me envolvía como una manta ardiente.

Las desvestí despacio, saboreando cada momento. Primero Sofía: su short cayó, revelando su panocha depilada, ya húmeda y brillando bajo la luz. El olor almizclado de su excitación llenó el aire, mezclado con el jazmín de Lucía. Le quité el vestido a la española, y joder, sus chichis saltaron libres, pezones oscuros duros como piedras. Las besé a las dos, alternando bocas: Sofía dulce y jugosa, Lucía con un toque ahumado de su gloss.

Nos tumbamos en la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Sofía se montó en mi cara, su concha caliente presionando contra mi lengua. Lamí despacio, saboreando su jugo salado y dulce, mientras ella gemía bajito, “¡Sí, así, wey!” Lucía se arrodilló entre mis piernas, su aliento caliente en mi verga erecta. La tomó en la mano, masturbándome lento, el roce de su palma suave haciéndome arquear la espalda. Luego, su boca: cálida, húmeda, chupando la cabeza con succiones que me hacían ver estrellas. El sonido era obsceno, slurp slurp, y el olor de su saliva mezclada con mi precum me volvía loco.

El ritmo subió. Cambiamos posiciones como en esos videos que vimos. Yo penetré a Sofía por detrás, doggy style, su culo rebotando contra mis caderas con plaf plaf rítmicos. Ella lamía la panocha de Lucía, que se retorcía gimiendo en español puro: “¡Ay, Dios, qué rico! Más, más”. Sentía el calor apretado de Sofía envolviéndome, sus paredes pulsando, y el sudor goteando por mi espalda. Lucía me besaba, metiendo la lengua profunda, mientras sus dedos jugaban con mis huevos.

Esto es el paraíso, carnal. Sus cuerpos perfectos, sus olores mezclados, el sabor en mi boca
, pensaba, mientras la tensión crecía en mi vientre como una ola gigante. Sofía gritó primero, su orgasmo explotando en temblores, mojándome la verga entera. —¡Me vengo, pendejo! ¡No pares!

Lucía se volteó, queriendo su turno. La puse boca arriba, abriéndole las piernas anchas. Su concha era rosada, hinchada, goteando. Entré despacio, sintiendo cada centímetro estirándola. —¡Qué grande, joder! —jadeó ella, clavándome las uñas en los hombros. Sofía se pegó a nosotros, chupando los pezones de Lucía, mordiéndolos suave. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, esa esencia animal que te embriaga.

Follamos duro ahora, la cama crujiendo como si se fuera a romper. Mis embestidas profundas, el chap chap de mi pelvis contra la suya, sus gemidos subiendo de tono. Sofía metió un dedo en el culo de Lucía, y la española se vino como loca, su coño apretándome la verga en espasmos salvajes. “¡Sí, sí, me corro!” Ese apretón me empujó al borde.

—¡Ya me vengo, morras! —gruñí, saliendo justo a tiempo. Chorros calientes salpicaron sus chichis y vientres, blancas perlas brillando en su piel sudada. Ellas se tocaron mutuamente, lamiendo un poco, riendo entre jadeos. Colapsamos juntos, un enredo de piernas y brazos, el corazón tronando en unisono.

El afterglow fue puro relax. Acaricié el pelo de Sofía, oliendo su cuello ahora mezclado con el aroma de Lucía. —Esto fue mejor que cualquier trio español xnxx, ¿verdad? —dijo Sofía, besándome la mejilla.

Lucía suspiró, contenta. —En España no hay nada como un mexicano en la cama. Reímos bajito, el mar susurrando afuera como aplaudiendo. En ese momento, supe que esta noche había cambiado todo: más cercanía, más confianza, un lazo forjado en placer puro y consentido. Mañana, playa y más desmadre, pero esta memoria quedaría grabada en la piel, en el alma.

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