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La Hipnótica Cara de Tríline

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La Hipnótica Cara de Tríline

Tú estás en un bar chido de Polanco, con luces neón que pintan todo de morado y rojo, el aire cargado de reggaetón y risas. El trago de tequila reposado quema tu garganta, suave como un beso, mientras tus ojos recorren la pista. Ahí la ves: ella, con esa cara de tri line que te clava como un imán. Tres líneas finas de delineador negro, plateado y dorado que enmarcan sus ojos verdes, dándole un aire de diosa callejera, misteriosa y pinche caliente. Su piel morena brilla bajo las luces, el cabello negro suelto cayendo en ondas salvajes hasta los hombros. Lleva un vestido negro ajustado que abraza sus curvas como si fuera hecho para pecar, y unos tacones que hacen que sus caderas se muevan con ritmo hipnótico.

Te quedas mirándola, el corazón latiéndote fuerte en el pecho, como tambor de banda sinaloense. ¿Qué pedo con esta morra? Neta, esa cara de tri line me tiene bien puesto, piensas mientras das otro sorbo. Ella voltea, como si sintiera tu mirada, y te regala una sonrisa pícara, los labios rojos entreabiertos, invitándote sin palabras. Te levantas, el piso vibra bajo tus pies con el bajo del perreo, y caminas hacia ella. El olor a su perfume, jazmín mezclado con vainilla, te golpea antes de llegar.

—Qué onda, guapo —dice con voz ronca, acento chilango puro, extendiendo la mano—. Soy Luna.

—Óscar —respondes, tomándola, su piel cálida y suave contra la tuya, un cosquilleo que sube por tu brazo.

Empiezan a platicar, el ruido del bar se apaga mientras sus palabras te envuelven. Habla de su chamba como diseñadora gráfica, de cómo inventó esa cara de tri line una noche de desvelo, inspirada en tatuajes antiguos mayas que vio en un viaje a Yucatán. "Es mi firma, wey. Dice quién soy sin chingar", ríe, y su risa es como campanitas con eco sexy. Tú le cuentas de tu vida en la CDMX, el estrés del jale en marketing, pero todo el tiempo tus ojos vuelven a esa cara, a cómo las líneas brillan cuando parpadea, prometiendo secretos.

La tensión crece con cada trago compartido. Bailan, sus cuerpos pegándose en la pista abarrotada. Sientes su aliento caliente en tu cuello, el sudor perlando su clavícula, oliendo a sal y deseo. Tus manos en su cintura, firmes pero suaves, y ella presiona contra ti, sus tetas rozando tu pecho, el calor de su coño cerca de tu verga que ya se despierta dura como piedra. Pinche Luna, me vas a volver loco con esa mirada, gruñes en tu mente mientras la música los mece.

—¿Nos piramos de aquí? —susurra al oído, mordisqueándote el lóbulo, su lengua húmeda dejando un rastro ardiente.

—Órale, mamasota — contestas, la voz cascada de pura adrenalina.

Salen al coche, el aire fresco de la noche contrastando con el fuego entre sus piernas. Manejas a tu depa en la Roma, las luces de la ciudad pasando como estrellas fugaces. En el elevador, no aguantan: se besan con hambre, lenguas enredándose, sabor a tequila y menta en su boca. Sus manos bajo tu camisa, uñas arañando tu espalda, mientras tú aprietas su culo redondo, carnoso, gimiendo bajito.

En la recámara, la luz tenue de la lámpara pinta sombras en su cara de tri line, haciendo que parezca una sirena salida de un sueño húmedo. Se quita el vestido lento, provocándote, revelando lencería roja que apenas cubre sus pezones duros y la tanga empapada. Tú te desvestís rápido, la verga saltando libre, venosa y palpitante. Ella se arrodilla, ojos fijos en los tuyos, esa cara hipnótica tan cerca que sientes su aliento en la punta.

"Te voy a chupar hasta que ruegues, cabrón"
, dice con picardía, y envuelve tu verga con labios suaves, calientes. La lengua gira alrededor del glande, saboreando el precum salado, mientras sus manos masajean tus huevos pesados. Gimes fuerte, el sonido rebotando en las paredes, el placer subiendo como ola en la playa de Acapulco. La miras, esa cara de tri line concentrada en darte morbo, las líneas brillando con sudor.

La levantas, la tiras a la cama king size, el colchón hundiéndose bajo su peso. Besas su cuello, lamiendo el sudor salado, bajando a sus tetas perfectas, pezones chocolate que chupas hasta que jadea "¡Ay, wey, no pares!". Tus dedos encuentran su coño, mojado y resbaloso, los labios hinchados pidiendo más. La metes dos dedos, curvándolos para tocar ese punto que la hace arquearse, gritando tu nombre mientras el olor a su excitación llena la habitación, almizclado y dulce como tamarindo.

La tensión es insoportable ahora, vuestros cuerpos sudados pegándose, pulsos acelerados latiendo al unísono. La quiero adentro, ya, pinche desesperado, piensas mientras te pones el condón, reluciente. Ella abre las piernas, invitándote con esa cara de tri line que promete éxtasis. Te hundes lento, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndote como guante de terciopelo caliente. Gime profundo, uñas en tu espalda, "¡Chíngame duro, Óscar!".

Empiezas el ritmo, lento al principio, sintiendo cada vena rozar sus paredes, el slap de piel contra piel, sus jugos chorreando. Aceleras, la cama cruje, sus tetas rebotando hipnóticas. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote como amazona, su cara de tri line echada hacia atrás en éxtasis, cabello azotando tu pecho. Tú desde abajo, pellizcando sus pezones, oliendo su sudor mezclado con el tuyo, el sabor de su piel en tu lengua cuando la jalas para besarla.

La volteas a cuatro patas, el culo en pompa perfecto, y la penetras profundo, bolas golpeando su clítoris. Ella grita, "¡Sí, cabrón, así! ¡Me vengo!", el coño contrayéndose alrededor de tu verga, ordeñándote. No aguantas más, el orgasmo te explota, chorros calientes llenando el condón mientras tiemblas, gruñendo como bestia.

Caen exhaustos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. Su cabeza en tu pecho, el latido de tu corazón como arrullo. Besas su frente, las líneas de su cara de tri line ahora suaves bajo tus labios, brillando con sudor post-sexo.

—Neta, esa cara tuya es letal —murmuras, riendo bajito.

—Y tú no te quedas atrás, guapo. ¿Repetimos? —responde con guiño, su mano bajando juguetona.

Se quedan así, en afterglow perfecto, el amanecer filtrándose por las cortinas, prometiendo más noches de puro vicio. Esa cara de tri line se graba en tu mente, un recuerdo que te pondrá cachondo cada vez que la recuerdes, listo para la próxima aventura en esta jungla urbana que es la CDMX.

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