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La Broma Trio que Nos Enciende

5772 palabras

La Broma Trio que Nos Enciende

Era una noche de esas en mi depa de la Roma, con el aire cargado de risas y chelas frías. Yo, Ana, acababa de cumplir veintiocho y mis dos carnales de toda la vida, Luis y Marco, habían llegado con una caja de Indios para celebrar. Los tres nos conocíamos desde la uni, inseparables, siempre metidos en broncas chuecas pero divertidas. Luis, el alto moreno con ojos que te derriten, y Marco, el güero pecoso con esa sonrisa pícara que te hace cosquillas en el estómago. Neta, nunca había pensado en ellos así, o al menos eso me decía a mí misma.

Estábamos tirados en el sillón, con la tele de fondo pasando un partido de Pumas que nadie pelaba de verdad. "Órale, carnales", dijo Marco de repente, sacando su celular. "Vamos a jugar algo cabrón. ¿Se acuerdan de la broma trio que planeamos en la prepa? La del strip poker extremo". Luis soltó una carcajada, escupiendo un poco de chela. "¡Pendejo! Esa vez terminamos en pelotas y corrimos por el parque. ¿Quieres repetirla aquí?" Yo me reí, sintiendo un calorcito traicionero subir por mi pecho. "Están locos, pero va. El que pierda se quita algo. Sin pendejadas."

¿Por qué carajos acepté? Mi corazón latía como tamborazo zacatecano. Olía a su colonia barata mezclada con sudor fresco, y el roce accidental de sus brazos contra el mío me erizaba la piel.

Empezamos con cartas improvisadas. Yo perdí la primera ronda, me quité la blusa dejando mi brasier de encaje negro a la vista. Sus ojos se clavaron en mis chichis, y el aire se puso espeso, como antes de tormenta. "¡Qué rica morra!", bromeó Luis, pero su voz salió ronca. Marco ganó la siguiente, obligándome a quitarme los jeans. Quedé en tanga y brasier, mis piernas morenas brillando bajo la luz tenue del foco. Tocaron mis muslos "por accidente" al pasar las cartas, y un jadeo se me escapó sin querer.

La segunda ronda fue para Luis. Se sacó la playera, revelando ese pecho tatuado con un águila chida que siempre me había gustado de reojo. Marco perdió después, quedando en bóxers, su verga ya medio parada marcándose contra la tela. "¡Mira nomás al pendejo!", me burlé, pero mi boca se secó. El olor a hombre, a deseo crudo, llenaba la habitación. Sudor salado, chela derramada, y algo más dulce, como miel de abeja en el aire.

"Ya valió, es hora de la broma trio real", anunció Marco con ojos brillantes. "Regla nueva: el perdedor tiene que besar al otro dos donde diga". Perdí yo. Luis me jaló suave por la nuca, sus labios rozaron los míos primero, su lengua tibia explorando con hambre contenida. Sabía a chela y a menta. Marco esperó su turno, besándome el cuello, chupando suave hasta que gemí bajito. Pinche calor, pensé, mis pezones duros como piedras contra el encaje.

El juego se torció delicioso. Luis perdió, y yo le ordené mamarme un pezón. Se hincó frente a mí, bajando el brasier con dientes, su boca caliente envolviéndome. El sonido húmedo de su lengua lamiendo, el roce áspero de su barba en mi piel sensible... Me arqueé, agarrando su pelo negro revuelto. Marco no se quedó atrás; sus manos grandes masajeaban mis nalgas, dedos rozando mi tanga empapada. "Estás chingada de mojada, Ana", murmuró al oído, su aliento caliente como brisa de Veracruz.

Esto ya no era broma. Quería sentirlos dentro, los dos, rompiéndome en mil pedazos de placer. ¿Y si mañana todo cambia? Al diablo, esta noche soy suya.

Nos movimos al piso, alfombra suave bajo mis rodillas. Quité los bóxers de Marco, su verga saltó libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen que lamí con deleite. Salado, amargo, adictivo. Luis se paró detrás, frotando su pija dura contra mi culo, untándome su calor. "Te vamos a coger rico, morrita", gruñó. Asentí, perdida en la niebla de lujuria. Marco se acostó, yo me subí encima, hundiéndome lento en su longitud. El estirón delicioso me arrancó un grito; lo sentía palpitar dentro, llenándome hasta el fondo. Mis jugos chorreaban por sus huevos, el slap-slap de mi coño contra su piel resonando como tambores.

Luis escupió en mi ano, untando con dedos expertos. "Relájate, carnala", susurró, empujando despacio su cabeza roma. Dolor placer mezclado, como chile con chocolate. Entró centímetro a centímetro, hasta que los dos me tuvieron clavada, sus vergas frotándose separadas solo por mi carne temblorosa. Empezaron a moverse, alternando embestidas. Marco abajo, chupándome las tetas, mordisqueando pezones hasta que vi estrellas. Luis atrás, azotando suave mis nalgas, sus bolas golpeando mi clítoris hinchado.

El sudor nos unía, piel resbalosa chocando. Oía sus gemidos roncos, "¡Qué chingón tu culo, Ana!", "¡Cógela más duro, wey!". Mi mente era un remolino: siento sus pulsos latiendo dentro, mi vientre ardiendo, el olor a sexo puro invadiendo todo. Aceleraron, mis paredes contrayéndose, ordeñándolos. El orgasmo me pegó como rayo, chillé sueltos nombres mientras chorros calientes me inundaban por delante y atrás. Semen espeso goteando, mezclándose con mis mieles.

Colapsamos en un enredo de brazos y piernas, pechos agitados. Luis besó mi frente, Marco mi boca, lenguas perezosas ahora. "Esa broma trio fue la mejor de nuestra vida", rio Marco, su mano acariciando mi vientre plano. Asentí, exhausta, feliz. El cuarto olía a nosotros, a promesas calientes.

Desayunamos tamales de olla al día siguiente, riendo de la noche. No hubo arrepentimientos, solo miradas cargadas de más. "Repetimos pronto, ¿no?", guiñó Luis. Sonreí, sintiendo el eco de sus toques en mi piel. La broma trio nos había unido de verdad, en carne viva, en alma chingona.

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