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El Ardiente Trio de Mujeres XXX

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El Ardiente Trio de Mujeres XXX

Era una noche calurosa en la playa de Puerto Vallarta, el aire cargado con el olor a sal marina y cocos frescos. Yo, Ana, acababa de llegar a la casa rentada con mis dos mejores amigas, María y Sofía. Habíamos planeado este fin de semana para desconectarnos del pinche estrés de la ciudad, pero neta que desde que subimos al avión en CDMX, el ambiente se sentía cargado de algo más. María, con su piel morena y curvas que volvían loco a cualquiera, traía un bikini rojo que apenas contenía sus chichis generosas. Sofía, más delgada pero con un culo que parecía esculpido, lucía un tanga negro que dejaba poco a la imaginación. Y yo, con mi cabello negro largo y cuerpo atlético de tanto gym, me sentía lista para lo que fuera.

Nos sentamos en la terraza con unas chelas frías, el sonido de las olas rompiendo a lo lejos como un ritmo hipnótico. ¿Qué chinga va a pasar esta noche? pensé mientras veía cómo María se lamía los labios al mirarme. Habíamos platicado antes, en esas noches de copas, sobre fantasías. "Un trio de mujeres xxx", había dicho Sofía una vez, riendo, pero con los ojos brillando de verdad. Esa frase se nos quedó grabada, como un secreto jugoso.

—Órale, carnalas, ¿quieren jugar verdad o reto? —propuso María, su voz ronca por el calor.

Yo asentí, el corazón latiéndome fuerte. Sofía sonrió pícara. El primer reto fue inocente: quitarnos la playera. Pronto estábamos en topless, el viento fresco rozando nuestros pezones endurecidos. Olía a protector solar mezclado con el sudor ligero de excitación. Tocábamos de broma al principio, pero las caricias se volvían lentas, intencionales.

La tensión crecía como la marea. María me jaló hacia ella, sus labios suaves y calientes contra los míos. Sabían a cerveza y a menta de su chicle.

¡Neta, esto es lo que necesitaba!
pensé mientras su lengua exploraba mi boca, sus manos apretando mis nalgas. Sofía se unió, besando mi cuello, su aliento caliente enviando escalofríos por mi espalda. El tacto de sus tetas contra mi piel era eléctrico, suave como terciopelo húmedo.

Nos movimos adentro, a la cama king size con sábanas blancas que olían a lavanda fresca. El cuarto iluminado por velas parpadeantes proyectaba sombras danzantes en las paredes. Me recosté, y ellas dos se turnaban para lamer mis pezones. María chupaba con fuerza, succionando hasta que gemí alto, el sonido rebotando en las paredes. Sofía bajaba su mano por mi vientre, rozando el borde de mi bikini. Su piel es tan suave, huele a vainilla y deseo, internalicé mientras separaba las piernas.

—Quítatelo todo, Ana —susurró Sofía, su voz temblorosa de anticipación.

Lo hice, exponiendo mi panocha ya mojada, brillando bajo la luz tenue. Ellas se desvistieron también, sus cuerpos desnudos perfectos: María con vello púbico recortado en triángulo, Sofía lampiña y rosada. Se arrodillaron entre mis piernas. Primero Sofía lamió mi clítoris, lento, con la lengua plana y caliente. Sabía a sal de mi sudor mezclado con mi jugo dulce. Gemí, agarrando las sábanas, mis caderas subiendo solas.

María se subió a mi cara, su concha abierta justo sobre mi boca. Olía a almizcle femenino, excitante. La lamí con ganas, metiendo la lengua profundo, saboreando su humedad espesa. Ella jadeaba, "¡Ay, wey, qué rico chupas!" mientras se mecía. Sofía metió dos dedos en mí, curvándolos para tocar ese punto que me hacía ver estrellas. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, respiraciones agitadas, nuestros gemidos mezclándose con el zumbido del ventilador.

El calor subía, nuestros cuerpos sudados resbalando uno sobre el otro. Cambiamos posiciones. Ahora yo en el medio, besando a María mientras Sofía nos lamía a las dos desde atrás. Su lengua alternaba entre mi culo y el de María, provocándonos espasmos. Esto es puro fuego, neta que un trio de mujeres xxx así no se olvida, pensé en medio del placer que me nublaba la mente. María me mordió el labio suave, su mano pellizcando mi pezón hasta doler rico.

La intensidad crecía. Sofía sacó un vibrador de su maleta —rosa, grueso, zumbando bajo—. Lo encendió y lo presionó contra mi clítoris mientras María me comía los chichis. El zumbido vibraba en mis huesos, el placer acumulándose como una ola gigante. Grité, mis venas ardiendo, el corazón retumbando en los oídos. Ellas también se tocaban, Sofía frotando su panocha contra mi muslo, dejando un rastro húmedo y caliente.

—Córrete para nosotras, Ana —me rogó María, sus ojos negros fijos en los míos.

No pude más. El orgasmo explotó, mi cuerpo convulsionando, chorros de placer saliendo mientras gritaba su nombre. Ellas no pararon, lamiendo cada gota, prolongando las olas. Luego las hice correr a ellas. Puse a Sofía de perrito, metiendo el vibrador en su culo mientras lamía su concha chorreante. María se masturbaba viéndonos, sus dedos volando sobre su clítoris hinchado.

Sofía se vino primero, temblando violentamente, "¡Chin*game, sí, pinche rico!" chilló, su voz quebrada. María la siguió, yo chupándola hasta que su jugo me inundó la boca, dulce y salado. Nos corrimos las tres casi al mismo tiempo en una cadena de placer, cuerpos entrelazados, sudados, oliendo a sexo puro.

Nos quedamos tiradas, respiraciones pesadas calmándose poco a poco. El aire ahora olía a nosotras: sudor, fluidos, perfume mezclado. María me acarició el cabello, Sofía besó mi hombro.

Esto no fue solo sexo, fue conexión, carnalas de verdad
, reflexioné en silencio. Reímos bajito, compartiendo miradas cómplices.

El mejor trio de mujeres xxx de mi vida —dijo Sofía, y todas asentimos.

Nos dormimos abrazadas, el sonido de las olas como arrullo. Al amanecer, el sol entraba filtrado por las cortinas, calentando nuestra piel aún sensible. Desayunamos frutas frescas —mango jugoso, papaya dulce— lamiendo los jugos de los dedos unas a otras, prometiendo más noches así. No había arrepentimientos, solo un lazo más fuerte, un secreto ardiente que nos unía para siempre.

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