Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Video Trío que Enciende Pasiones El Video Trío que Enciende Pasiones

El Video Trío que Enciende Pasiones

6794 palabras

El Video Trío que Enciende Pasiones

Era una noche calurosa en mi depa de Polanco, con el aire cargado de ese olor a jazmín que sube desde el jardín de abajo. Yo, Ana, acababa de llegar de un día eterno en la oficina, con el cuerpo pidiendo a gritos un baño y algo más. Marco, mi carnal desde hace dos años, ya estaba tirado en el sillón, con la laptop abierta y una chela en la mano. Órale, qué chido verte, mi reina, me dijo con esa sonrisa pícara que me deshace las piernas. Le di un beso rápido, saboreando el frío de la cerveza en sus labios, y me senté a su lado, quitándome los tacones con un suspiro.

—¿Qué traes ahí, wey? —pregunté, echando ojo a la pantalla.

Él se rió bajito, ese sonido ronco que me eriza la piel. Es un video trío que encontré en un sitio de amateurcitos mexicanos. Neta, está cañón. ¿Lo vemos? Su mano ya se colaba por mi blusa, rozando mi cintura con dedos calientes. Sentí un cosquilleo inmediato, como electricidad bajando por mi espina. ¿Por qué no?, pensé, imaginando ya lo que vendría. Hacíamos estas cositas para picarnos, para avivar el fuego que a veces se enfría con la rutina.

El video empezó: tres cuerpos jóvenes, dos morros y una morra despampanante, en una recámara con luces tenues como la nuestra. La cámara captaba todo, el sudor brillando en sus pieles morenas, los gemidos suaves al principio, como susurros. Él, el del video trío, lamía el cuello de la chica mientras el otro le masajeaba las nalgas. Yo apreté las piernas, sintiendo mi panocha humedecerse solo con verlos. Marco me jaló más cerca, su verga ya dura contra mi muslo. Esto va a estar bueno, murmuré, y le mordí el lóbulo de la oreja, oliendo su colonia mezclada con su aroma varonil.

¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Y si invito a alguien? La idea me dio vueltas en la cabeza, un calor subiendo desde mi vientre.

Apagamos el video a la mitad, no aguantamos más. Nos desnudamos feo, ropa volando por todos lados. Su boca en mis tetas, chupando mis pezones duros como piedras, yo gimiendo bajito mientras le jalaba el pelo. Lo empujé al sillón y me subí encima, frotándome contra su verga tiesa, sintiendo cada vena pulsar. Te quiero dentro, cabrón, le dije, y él entró de un jalón, llenándome hasta el fondo. Cabalgamos duro, el sillón crujiendo, nuestros jadeos llenando el aire. Pero en mi mente, seguía el video trío, esa tercera presencia que hacía todo más intenso.

Al día siguiente, en el café de la esquina, se lo solté. Marco, ¿y si probamos un trío de verdad? Como en ese video trío que vimos. Él casi escupe su café, ojos brillando. Neta, mi amor? ¿Con quién? Le hablé de Sofía, su amiga de la uni, esa morra culona y tetona que siempre nos coqueteaba. Era soltera, abierta a todo, y neta, la química estaba ahí. Le mandó un mensaje, y para mi sorpresa, ella contestó al tiro: ¡Suena chido! Esta noche en tu depa?

La espera fue eterna. Me bañé con jabón de lavanda, me depilé todo suave, me puse un tanga rojo que apenas cubría mi concha mojada. Cuando Sofía llegó, traía un vestido negro ceñido que marcaba sus curvas perfectas, olor a vainilla y deseo. Marco abrió la puerta, y los tres nos miramos con esa tensión eléctrica. Pasen, mi gente, dijo él, voz grave. Nos sentamos en el sillón, con chelas frías y el video trío reproduciéndose de fondo, como banda sonora.

Empezó con risas nerviosas, anécdotas de la uni. Pero pronto, las manos de Marco rozaron mi muslo, luego el de ella. Sofía se mordió el labio, ojos fijos en la pantalla donde la morra del video gemía con dos vergas. ¿Quieren que empecemos?, preguntó ella, voz ronca. Asentimos, corazones latiendo como tambores. Me acerqué primero, besándola suave, sus labios carnosos sabiendo a menta y promesas. Su lengua juguetona, explorando mi boca mientras Marco nos veía, pajeadose la verga por encima del pantalón.

Esto es lo que necesitaba, sentirme deseada por dos, poderosa, sin ataduras.

La desvestí despacio, besando su cuello salado, bajando a sus tetas firmes, pezones cafés endureciéndose bajo mi lengua. Ella jadeó, ¡Ay, Ana, qué rica!, y sus manos me quitaron el tanga, dedos hundiéndose en mi humedad. Marco se unió, desnudo ya, su verga gruesa apuntando al techo. La besó mientras yo le chupaba las bolas, oliendo su sudor fresco, probando la piel salada. Sofía se arrodilló, mamándosela entera, garganta profunda, mientras yo le lamía la panocha desde atrás, su clítoris hinchado pulsando contra mi lengua. Gemidos everywhere, el video trío sonando de fondo con sus ¡córrete! y slap-slap de carne.

Nos movimos al piso, alfombra suave bajo mis rodillas. Marco me penetró por atrás, lento al principio, cada centímetro estirándome delicioso, mientras Sofía me besaba, sus tetas aplastadas contra las mías. Más duro, pendejo, le rogué, y él obedeció, embistiéndome fuerte, sus huevos golpeando mi culo. Sofía se subió a mi cara, su concha goteando en mi boca, yo lamiéndola voraz, saboreando su jugo dulce y ácido. Ella se retorcía, gritando ¡Sí, así, cabronas!, mientras Marco gruñía, sudando sobre mí.

Cambié de posición, queriendo todo. Me acosté, piernas abiertas, y Sofía se sentó en mi cara mientras Marco la cogía. Sentí su verga entrar y salir de ella a centímetros de mi nariz, oliendo la mezcla de sus fluidos, excitante como nada. Luego, él se salió y me la metió a mí, alternando, nuestras panochas chorreando. Los quiero a los dos adentro, pensé febril. Sofía bajó, frotando su clítoris contra el mío mientras él nos follaba por turnos, el roce piel con piel enviando chispas.

La tensión subió como volcán. Marco jadeaba, Me vengo, mis reinas. Sofía temblaba, su orgasmo explotando primero, chorros calientes en mi lengua, cuerpo convulsionando. Yo exploté después, paredes apretando su verga, grito ahogado en su cuello. Él se corrió dentro de mí, chorros calientes llenándome, gimiendo nuestro nombres. Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas, pieles pegajosas brillando bajo la luz.

Después, en la cama king size, envueltos en sábanas frescas, reímos bajito. Sofía se acurrucó contra mí, su mano en mi teta. Neta, ese video trío fue el detonante perfecto, dijo Marco, besándonos a las dos. Sentí una paz profunda, empoderada, amada multiplicado. No era solo sexo, era conexión, deseo compartido sin culpas.

¿Repetimos? Claro que sí. La vida es para vivirse así, intensa, sin miedos.

Nos dormimos oliendo a sexo y felicidad, con el eco del video trío en nuestras mentes, promesa de más noches ardientes.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.