Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trio HMH Sexo Inolvidable Trio HMH Sexo Inolvidable

Trio HMH Sexo Inolvidable

7185 palabras

Trio HMH Sexo Inolvidable

La noche en la villa de Playa del Carmen olía a sal marina y a tequila reposado, ese aroma que se te mete en la piel como una promesa de desmadre. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi piel morena brillando bajo las luces de neón de la piscina infinita, bailaba pegadita a Luis y Marco. Ellos dos, carnales de toda la vida, altos, musculosos del gym, con esas sonrisas pendejas que me ponían la piel chinita. Luis, el moreno de ojos negros como el carbón, y Marco, el güero con tatuajes que asomaban por su camisa desabotonada. Habíamos llegado esa tarde en su camioneta pick-up, listos para unas vacaciones de puro relajo en este paraíso caribeño.

El ritmo de la cumbia rebajada retumbaba en mis huesos, y cada roce de sus cuerpos contra el mío era como una chispa. Órale, pensé, estos weyes me traen loca. Siempre había fantaseado con un trio HMH sexo, esa vaina que ves en las pelis pornos pero que en la neta suena a locura. Dos vergas duras para mí, dos pares de manos explorando cada curva de mi cuerpo. Pero neta, ¿quién iba a pensar que justo con ellos, mis compas de la uni, iba a pasar?

¿Y si les suelto la idea? ¿Se van a rajar o se prenden?

La fiesta seguía, pero el calor entre nosotros tres era otro pedo. Luis me jaló de la cintura, su aliento cálido en mi cuello oliendo a ron y menta. "Ana, estás cañona esta noche, mamacita", me susurró, su mano bajando hasta mi nalga, apretándola suave. Marco se pegó por detrás, su pecho firme contra mi espalda, y sentí su dureza presionando mis pompas. El corazón me latía como tamborazo zacatecano, el sudor nos unía, pegajoso y caliente.

Acto dos: la escalada. Nos escabullimos de la fiesta, riendo como pendejos, hacia la playa privada de la villa. La luna llena pintaba el mar de plata, las olas chocaban suaves, un shhh constante que ahogaba nuestros jadeos iniciales. La arena tibia se metía entre mis dedos de los pies, aún caliente del sol del día. Nos sentamos en una sábana que trajimos, pasando una chela fría que sabía a limón y espuma.

"¿Saben qué?", solté de repente, con la voz ronca de deseo. "Siempre he querido un trio HMH sexo con unos cabrones como ustedes". Los vi mirarse, sonrisas lobunas, y Luis respondió: "Pos órale, reina, ¿pa' cuándo?". Marco no dijo nada, solo me besó, su lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y hambre. Sus labios eran suaves pero urgentes, mordisqueando mi labio inferior hasta que gemí bajito.

Me recosté en la sábana, el aire salado lamiendo mi piel expuesta mientras Luis me quitaba el vestido playero, dejando mis tetas al aire, pezones duros como piedras por la brisa nocturna. Qué chingón se siente esto, pensé, mientras Marco besaba mi cuello, bajando a mi clavícula, su barba raspando delicioso. Sus manos, callosas del trabajo en la construcción, masajeaban mis muslos, abriéndolos despacio. Olía a ellos: sudor masculino, colonia barata y ese musk de excitación que me mareaba.

Luis se hincó entre mis piernas, su boca caliente en mi panocha ya empapada. Lamía despacio, saboreando mis jugos con un slurp que se mezclaba con las olas. "Estás rica, Ana, como tamal en mole", gruñó, metiendo la lengua profundo, chupando mi clítoris hinchado. Yo arqueaba la espalda, arena pegándose a mi sudor, el placer subiendo como ola gigante. Marco me besaba las tetas, succionando un pezón mientras pellizcaba el otro, tirones que mandaban rayos directos a mi entrepierna.

No mames, dos vergas listas para mí. Esto es el cielo, wey.

La tensión crecía, mis uñas clavándose en la arena. Quería más. "Métanmela ya, cabrones", supliqué, voz entrecortada. Luis se quitó el short, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando precum que brillaba a la luz lunar. Marco igual, la suya más larga, curva perfecta para dar en el punto. Me puse de rodillas, la arena raspando mis rodillas pero valiendo madres. Tomé las dos en mis manos, piel aterciopelada sobre acero duro, oliendo a hombre puro. Las chupé alternando, lengua girando en las cabezas, saboreando sal y deseo. Luis gemía "¡Sí, mamarota!", empujando suave en mi boca, mientras Marco me acariciaba el pelo, "Qué boquita tan chida".

El ritmo se aceleró. Me monté en Luis, su verga abriéndose paso en mi coño mojado, estirándome delicioso. Cada embestida era un plaf húmedo, mis jugos chorreando por sus huevos. Marco se paró frente a mí, yo lo mamaba mientras cabalgaba, garganta profunda hasta que lágrimas de placer rodaban por mis mejillas. El olor a sexo crudo llenaba el aire: panocha abierta, vergas sudadas, arena y mar. Mis caderas giraban, sintiendo a Luis golpear mi cervix, ondas de placer subiendo por mi espina.

Cambiaron posiciones, Marco me puso en cuatro, penetrándome desde atrás con fuerza animal, sus bolas golpeando mi clítoris. Luis debajo, mamándome las tetas y frotando mi botón. Estoy a punto de explotar, pensé, el mundo reduciéndose a sensaciones: piel resbalosa, gemidos roncos, el zap zap de carne contra carne, sabor a ellos en mi lengua. "¡Córrete conmigo, putita rica!", ordenó Marco, y yo obedecí, un orgasmo brutal me sacudió, coño contrayéndose como puño alrededor de su verga, chillidos ahogados por la ola que rompía cerca.

Ellos no pararon. Luis me volteó, me abrió las nalgas y escupió en mi ano, lubricando con sus dedos. "¿Quieres por atrás, morra?", preguntó. "¡Sí, métela, wey!", grité. Su verga entró lenta, quemando rico, mientras Marco volvía a mi panocha. Doble penetración, llenándome hasta reventar. El estirón era intenso, placer y dolor mezclados, pulsos latiendo en mis paredes internas. Se movían coordinados, uno entra el otro sale, fricción infernal. Sudor goteaba de sus frentes a mi espalda, salado en mi lengua cuando lamí mis labios.

Acto tres: el clímax y la calma. El segundo orgasmo me pegó como rayo, visión borrosa, cuerpo temblando incontrolable. "¡Me vengo, cabrones!", aullé, chorro caliente salpicando sus vergas. Eso los llevó al límite. Marco gruñó primero, llenándome la panocha de leche espesa, caliente como lava. Luis sacó y eyaculó en mis tetas, chorros blancos brillando bajo la luna, olor almizclado invadiendo todo.

Colapsamos en la sábana, jadeando, cuerpos enredados. El mar susurraba arrullándonos, arena pegada a nuestra piel húmeda. Luis me besó la frente, "Eso fue chido, Ana, neta". Marco acariciaba mi pelo, "El mejor trio HMH sexo de mi vida". Yo sonreí, exhausta pero plena, el corazón latiendo suave ahora. Esto no fue solo sexo, fue conexión pura, carnales en todo sentido.

Nos quedamos ahí hasta el amanecer, el sol tiñendo el cielo de rosa, oliendo a sexo y promesas. Sabía que esto cambiaría todo entre nosotros, pero qué chingón cambio. Un trio HMH sexo inolvidable, grabado en mi piel, en mis gemidos, en el sabor de sus besos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.