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El Python Try Except de Mi Noche Ardiente

6383 palabras

El Python Try Except de Mi Noche Ardiente

Estaba en ese meetup de programadores en el corazón de Polanco, con el ruido de las laptops zumbando y el aroma a café recién molido flotando en el aire. Yo, Ana, una chava de veintiocho que la arma en Python para una startup de apps, vi a Carlos por primera vez. Alto, con esa barba recortada que me hacía imaginarle la piel áspera contra mi cuello, y unos ojos cafés que brillaban cuando hablaba de código. Neta, güey, pensé, este wey sabe lo que hace.

Él estaba platicando de manejo de errores: "En Python, try except es clave para no crashear todo", dijo, mientras sus dedos volaban sobre el teclado proyectado en la pantalla grande. El público asentía, pero yo solo podía oler su colonia fresca, mezclada con un toque de sudor masculino que me erizaba la piel. Nuestras miradas se cruzaron, y sentí un cosquilleo en el estómago, como si mi cuerpo ya estuviera compilando un script de deseo.

Después del evento, nos quedamos charlando en la terraza del lugar, con la brisa nocturna de la Ciudad de México revolviendo mi falda. "Oye, ¿quieres ver un proyecto mío? Vivo cerca", me soltó con una sonrisa pícara.

¿Y si digo que sí? ¿Será que este Python try except que menciona tanto se aplica también a la cama?
Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome en las sienes. "Chido, vamos", respondí, y subimos a su coche, el cuero de los asientos cálido contra mis muslos desnudos bajo la falda.

En su depa minimalista, con vistas al skyline iluminado, pusimos las laptops sobre la mesa de centro. El aire olía a madera pulida y a esa esencia suya que me volvía loca. Empezamos a codear un scraper simple, pero la tensión crecía con cada línea. "Mira aquí", dijo, acercándose tanto que su aliento caliente me rozó la oreja. "Try: intentamos scrapear la página... except: si falla, capturamos el error y seguimos". Sus dedos rozaron los míos al pasar el mouse, y un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Sentí mis pezones endureciéndose contra la blusa delgada, el roce de la tela como una promesa.

"¿Y si lo hacemos más... personal?", murmuré, girándome para mirarlo de frente. Nuestros labios se encontraron en un beso suave al principio, saboreando el café residual en su lengua, luego más hambriento, con sus manos grandes explorando mi cintura. Me levantó en vilo y me llevó al sofá, donde caímos riendo, el olor de su piel sudada invadiendo mis sentidos. "Vamos a probar un python try except en vivo", bromeó, mientras me quitaba la blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios las capturaron, chupando un pezón con succiones que me hicieron arquear la espalda, gimiendo bajito. ¡Órale, qué rico!

La ropa voló por todos lados: mi falda, su playera ajustada que reveló un pecho firme y velludo, sus jeans que liberaron una verga dura como piedra, gruesa y venosa, latiendo contra mi muslo. La toqué, sintiendo su calor pulsante, el olor almizclado de su excitación mezclándose con mi propia humedad que empapaba mis calzones. "Try", susurró él, deslizando una mano entre mis piernas, separando mis labios húmedos con dedos expertos. Jadeé cuando introdujo dos, curvándolos para rozar ese punto que me hace ver estrellas, el sonido chapoteante de mi panocha mojada llenando la habitación.

Pero no todo era perfecto. Intenté montarlo de inmediato, posicionándome sobre él, pero el ángulo no calzaba bien. "Except", reí yo, ajustándome, y él me ayudó con las caderas, guiándome hasta que su verga se hundió centímetro a centímetro en mi calor apretado. Dios mío, qué llena me siento, pensé, mientras el estiramiento ardiente se convertía en placer puro. Empecé a moverme despacio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, el slap-slap de piel contra piel sincronizándose con nuestros gemidos. Sudábamos, el olor salado pegándose a la piel, sus manos amasando mis nalgas con fuerza juguetona.

La intensidad subió cuando cambiamos: él encima, embistiéndome con ritmo constante, profundo. "Try más fuerte", le pedí, clavando las uñas en su espalda musculosa, oliendo el sudor que goteaba de su frente a mi pecho. Cada thrust enviaba ondas de placer desde mi clítoris hasta el cerebro, mis paredes contrayéndose alrededor de él. Hablábamos en susurros entrecortados: "Except si me vengo primero, wey", jadeó él, y yo reí, mordiéndole el hombro. El cuarto se llenó de nuestros sonidos: resoplidos, gemidos roncos, el crujir del sofá bajo nosotros. Mi piel ardía donde me tocaba, el vello de sus muslos rozando el mío en fricción deliciosa.

Lo volteé para ponerme en cuatro, mi posición favorita. "Ahora sí, python try except total", gruñí, empujando mi culo contra él. Entró de un golpe suave, llenándome hasta el fondo, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. El placer se acumulaba como un bucle infinito, mi vientre tensándose, el orgasmo acechando. Sentía su verga hincharse más, palpitando dentro de mí, el pre-semen lubricando todo. "Chíngame más duro, pendejo", le rogué, y él obedeció, una mano en mi cadera, la otra pellizcando mi clítoris hinchado. El mundo se redujo a sensaciones: el ardor placentero en mis muslos, el sabor salado cuando lamí su dedo, el rugido en mis oídos de mi propia sangre bombeando.

El clímax llegó como un error no manejado: explosivo. Me corrí primero, gritando su nombre, mi panocha convulsionando alrededor de su verga, chorros de placer mojando las sábanas. Él siguió unos segundos, "Try... except... ¡ah!", y se derramó dentro de mí, caliente y espeso, pulsación tras pulsación. Colapsamos juntos, jadeantes, su peso reconfortante sobre mi espalda sudorosa. El aire olía a sexo crudo, a nosotros mezclados.

Después, recostados enredados, con su cabeza en mi pecho oyendo mi corazón calmarse, reflexioné.

Este python try except no fue solo código; fue nuestra forma de navegar el deseo, probando, fallando un poquito, pero siempre gozando el resultado
. Me besó la frente, suave. "Quedémonos así un rato, nena". El skyline parpadeaba afuera, pero adentro, todo era paz tibia, piel contra piel, promesas de más noches así. Neta, la mejor noche de mi vida.

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