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Trio XXX con Negro Irresistible

6772 palabras

Trio XXX con Negro Irresistible

La noche en Playa del Carmen estaba calientísima, con esa brisa del mar que te acaricia la piel como una promesa de placer. Yo, Ana, había llegado con mi carnal Marco para unas vacaciones que pintaban para ser inolvidables. Llevábamos un año juntos, y aunque la química entre nosotros era explosiva, siempre andábamos fantaseando con algo más salvaje. Esa noche, en el club de la playa, con las luces neón parpadeando y el reggaetón retumbando en el pecho, lo vimos: un negro alto, musculoso, con una sonrisa que te derretía los huesos. Se llamaba Javier, un chavo de Cuba que andaba de turista, pero con ese acento caribeño que sonaba a ron y deseo puro.

Órale, Ana, ¿ese vato no te prende? —me susurró Marco al oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo.
Mi corazón dio un brinco. Neta, siempre había tenido esa fantasía de un xxx trio con negro, algo prohibido pero tan chido. Javier bailaba solo, su piel oscura brillando bajo las luces, el sudor delineando cada músculo de su torso. Me miró, y sus ojos negros me clavaron en el sitio. Bailamos los tres, pegaditos, sus manos grandes en mi cintura, el olor de su colonia mezclándose con el salitre del mar. Marco no se quedaba atrás, apretándome el culo disimuladamente. La tensión crecía como una ola, y cuando Javier nos invitó a su suite en el hotel, no lo pensamos dos veces.

Subimos en el elevador, el aire cargado de electricidad. Mi piel picaba de anticipación, el corazón latiéndome como tambor en las sienes. Javier nos miró con esa sonrisa pícara: Mamacitas y papacito, esta noche va a ser legendaria. Marco rio, y yo sentí un cosquilleo en el estómago, mezcla de nervios y excitación pura. Entramos a la habitación, enorme, con vista al mar Caribe negro como la piel de Javier. Las luces tenues pintaban todo de rojo pasión, y el sonido de las olas rompiendo a lo lejos era como un latido compartido.

Nos sentamos en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que olían a limpio y a aventura. Javier sacó una botella de tequila reposado, de esos que queman dulce en la garganta. Salud por lo que viene, brindamos, y el líquido ámbar bajó ardiente, soltándome las inhibiciones. Marco me besó primero, su lengua familiar explorando mi boca, saboreando el tequila en mis labios. Javier observaba, su verga ya marcándose en los shorts ajustados. Extendí la mano y la rocé, sintiendo su dureza a través de la tela, gruesa y pulsante. Carajo, qué pedazo de negro, pensé, mientras mi panocha se humedecía al instante.

La cosa escaló despacio, saboreando cada segundo. Me quité el vestido playero, quedando en tanga y brasier de encaje negro que contrastaba con mi piel morena. Javier se acercó por detrás, sus labios rozando mi cuello, inhalando mi perfume de vainilla y jazmín. Qué rica hueles, princesa, murmuró, su voz grave vibrando en mi espina. Marco se arrodilló frente a mí, bajándome la tanga con los dientes, exponiendo mi concha ya chorreante. Lamíó despacio, su lengua plana lamiendo de clítoris a ano, mientras Javier me masajeaba las tetas, pellizcando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras.

Esto es lo que soñaba, mi mente gritaba. El olor a sexo empezaba a llenar la habitación: mi jugo dulce, el sudor salado de ellos, el almizcle masculino de Javier que me volvía loca. Marco se puso de pie, sacando su verga tiesa, y yo la chupé con ganas, saboreando su piel salada, mientras Javier me penetraba con dos dedos gruesos, curvándolos para darme en el G directo. ¡Ay, wey, no pares! gemí, la boca llena de Marco. Javier rio bajito: Tranquila, mami, esto apenas empieza.

Nos movimos a la cama, cuerpos entrelazados en un baile sudoroso. Puse a Marco boca arriba, montándolo despacio, sintiendo su polla llenándome hasta el fondo, el roce de sus bolas contra mi culo. Javier se posicionó detrás, untando lubricante fresco que olía a cereza en su verga enorme, negra y venosa como una promesa de éxtasis. ¿Lista para el trio xxx con negro, nena? preguntó Marco, sus ojos brillando de lujuria. Asentí, mordiéndome el labio, y Javier empujó lento, abriéndome el culo con cuidado, centímetro a centímetro. El estiramiento ardía delicioso, un dolor que se convertía en placer puro cuando me llenó por completo.

¡Madre mía! Sentirlos a los dos dentro de mí, moviéndose en ritmo alternado, era indescriptible. El slap-slap de piel contra piel, sus gemidos roncos mezclándose con mis gritos ahogados. Sudor goteando de sus pechos al mío, el sabor salado en mi lengua cuando lamí el de Javier. Olía a mar, a sexo crudo, a nosotros tres fundidos en uno. Marco me pellizcaba las caderas: Cógete más duro, carnal, hazla gritar. Javier aceleró, su verga gruesa pulsando en mi culo, mientras Marco me martilleaba la concha. Mi clítoris rozaba su pubis con cada embestida, enviando chispas por todo mi cuerpo.

La tensión subía como fiebre, mis paredes contrayéndose alrededor de ellos.

Neta, voy a explotar, no aguanto más este xxx trio con negro de mis sueños
, pensé, mientras las olas de placer me ahogaban. Javier gruñó primero, su semen caliente inundándome el culo en chorros espesos, oliendo a almizcle fuerte. Eso me disparó: orgasmeé como nunca, mi concha ordeñando a Marco, quien se corrió segundos después, llenándome de leche tibia que goteaba por mis muslos. Colapsamos en un enredo de extremidades, respiraciones jadeantes, pieles pegajosas.

El afterglow fue puro paraíso. Javier nos trajo toallitas húmedas con aroma a coco, limpiándonos con ternura. Nos acurrucamos los tres, el mar susurrando afuera como arrullo. Marco me besó la frente: Te amo, pinche loca, esto fue épico. Javier acarició mi pelo: Gracias por hacerme parte de su mundo, reina. Yo sonreí, satisfecha hasta los huesos, el cuerpo zumbando de placer residual. Esa noche, mi fantasía de xxx trio con negro no solo se hizo realidad, sino que nos unió más, abriendo puertas a más aventuras. Mañana, ¿quién sabe? Pero por ahora, en esa cama con vista al infinito, éramos reyes del placer consensual, empoderados en nuestra lujuria compartida.

Despertamos con el sol filtrándose por las cortinas, cuerpos entrelazados aún. El olor a sexo persistía, mezclado con café que Javier preparó. Reímos recordando la noche, planeando un repeat en la playa privada. Mi piel aún hormigueaba donde ellos me habían tocado, un recordatorio dulce de la intensidad. Marco me guiñó: ¿Lista para más, amor? Y yo, con el corazón lleno, supe que sí. Este viaje acababa de volverse legendario.

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