Palabras con Con Tra Tre Tri Tro Tru Sensuales
Estábamos en la terraza de nuestra casa en Puerto Vallarta, con el mar Caribe ronroneando bajito a lo lejos y el sol del atardecer tiñendo todo de naranja. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi bikini negro que apenas contenía mis chichis, y mi carnal Luis, treinta tacos bien puestos, musculoso de tanto gym y con esa sonrisa pícara que me derretía. Habíamos llegado ese fin de semana para desconectarnos del pinche estrés de la CDMX, y la neta, la química entre nosotros ardía como chile en nogada.
—Órale, nena, juguemos algo chido para calentar motores —me dijo él, sirviéndome un caballito de tequila reposado, con limón y sal. El aroma fuerte del agave me picó la nariz, prometiendo esa calientada que tanto nos gustaba.
Yo reí, sintiendo ya el cosquilleo en la piel por el calor húmedo del aire. —¿Qué traes en mente, wey? —le pregunté, lamiendo la sal de mi mano, mis ojos clavados en los suyos.
—Palabras con con tra tre tri tro tru. El que diga una palabra con esas sílabas gana un deseo del otro. Si te trabas, te quitas prenda o me das un beso donde yo diga. ¿Le entras?
Mi pulso se aceleró. Era un jueguito inocente de chamacos, pero en nuestras manos se volvía puro fuego.
¡Neta, este pendejo sabe cómo encenderme! Cada palabra va a ser como una caricia prohibida.Asentí, el corazón latiéndome fuerte contra las costillas.
Él empezó: —Contra. Como en contratiempo, pero sensual.
Yo seguí: —Tremendo. Tremendo calor entre tus piernas, ¿no? —le guiñé, rozando mi pie contra su muslo bajo la mesa de mimbre. Su piel estaba tibia, salada por el sudor del día.
—Triste —dijo él, pero se trabó en la risa–. ¡No cuela! —Se quitó la playera, revelando ese pecho moreno, con vellos oscuros que pedían ser lamidos. Olía a protector solar y hombre, un olor que me hacía mojarme al instante.
El juego escaló. Yo dije: —Triciclo, pero imaginemos uno con tres velocidades... para la noche. —Él gimió bajito, su mano subiendo por mi pierna, dedos ásperos rozando la tela del bikini. Cada roce era electricidad, mi piel erizándose como si el viento del mar me azotara.
—Trozo —articuló él, perfecto, y exigió–: Bésame el cuello, morra.
Me incliné, mis labios tocando esa piel salada, saboreando el sudor mezclado con tequila. Su pulso tronaba bajo mi boca, bum-bum, bum-bum, y aspiré hondo su aroma masculino, terroso.
Chin, ya quiero más. Este jueguito es una trampa deliciosa.
La noche cayó como manta suave, estrellas parpadeando sobre el Pacífico. El aire se llenó de grillos cantando y olas rompiendo en la playa privada. Nos movimos adentro, al cuarto con cama king size y sábanas de algodón egipcio frescas. Yo fallé en "trucha", diciendo "trucha" con tartamudeo, y él me quitó el top del bikini. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras por el aire acondicionado y su mirada hambrienta.
—Tú ganas, cabrón —le dije, jadeando ya. Él se acercó, su aliento caliente en mi oreja–: Ahora, palabras con con tra tre tri tro tru mientras te toco.
Sus manos expertas me amasaron las chichis, pulgares girando los pezones. Gemí, el placer bajando directo a mi entrepierna como lava. —Con... contraataque —susurré, pero mi voz salió ronca, perdida en el roce de sus labios en mi hombro. Olía a vainilla de mi loción mezclada con su sudor fresco.
Él se arrodilló, besando mi ombligo, lengua trazando círculos húmedos. —Tres —dijo–, tres dedos para ti. —Metió la mano en mi bikini inferior, hallando mi panocha empapada. Sus dedos gruesos se deslizaron adentro, chup-chup suave, mientras yo arqueaba la espalda. El sonido húmedo de mi excitación llenaba la habitación, junto con mis jadeos y el zumbido del ventilador.
¡Virgen de Guadalupe, este vato me va a matar de gusto! Cada sílaba es un latigazo de placer.Intenté: —Tri... trinomio, como tres orgasmos seguidos.
Él rio contra mi piel, vibrando hasta mi clítoris. —Trofeo —gruñó, lamiendo mi muslo interno, saboreando el jugo que corría por mis piernas. Su lengua era fuego, áspera y precisa, llegando al centro. Aspiró mi aroma almizclado, gimiendo de gusto.
Caí de rodillas con él, desesperada. Le bajé el short, su verga saltando dura, venosa, palpitando con olor a macho excitado. La tomé en la boca, saboreando la piel salada y el pre-semen dulce. Él jadeó: —Tru... trueno, como el que revienta en tu boca.
Nos revolcamos en la cama, sábanas enredándose en nuestras piernas sudorosas. El aire olía a sexo, a mar y a tequila derramado. Yo monté sobre él, guiando su verga gruesa a mi entrada. Despacio, centímetro a centímetro, lo sentí estirarme, llenarme hasta el fondo. ¡Ay, cabrón! El roce interno era delicia pura, sus caderas chocando contra las mías con plaf-plaf rítmico.
—Di una palabra, nena —me retó, manos apretando mi culo, dedos hundiéndose en la carne suave.
—Con tra tre tri tro tru... ¡contrarreloj para no correrme ya! —grité, cabalgándolo más rápido. Mis chichis rebotaban, pezones rozando su pecho peludo. Sudor nos unía, resbaloso y caliente. Su olor me envolvía, embriagador.
Él volteó, poniéndome abajo, piernas sobre sus hombros. Entró profundo, golpeando ese punto que me hacía ver estrellas. El sonido de piel contra piel era obsceno, delicioso, mezclado con nuestros gemidos y el crujir de la cama.
Neta, nunca había sentido tanto. Cada embestida es una palabra que explota en placer.
—Trueno final —gruñó, acelerando. Sentí sus bolas apretarse contra mí, su verga hincharse. Yo me vine primero, un orgasmo que me sacudió entera, paredes apretándolo en espasmos, jugos chorreando. Él siguió, rugiendo, llenándome con chorros calientes que saboreé mentalmente.
Colapsamos, jadeantes, piel pegada a piel. El cuarto olía a nosotros, a clímax compartido. Él me besó la frente, suave. —Ganamos los dos, morra.
Yo sonreí, trazando su pecho con uñas.
Este jueguito de palabras con con tra tre tri tro tru nos cambió la noche para siempre. Mañana repetimos, pero con más rondas.Afuera, las olas aplaudían suaves, y en mi alma, un eco de placer perduraba.