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Xvideos Trio Gay Caliente

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Xvideos Trio Gay Caliente

Era una noche de esas que prenden en la CDMX, con el aire cargado de humedad y promesas. Yo, Marco, acababa de salir de un trago largo en un bar de la Condesa, rodeado de luces neón y música que retumbaba en el pecho. Mis carnales, Luis y Alex, andaban conmigo, los tres sudando bajo las camisas ajustadas, listos para lo que pintara. Luis, con su sonrisa pícara y ese cuerpo de gym que no perdona, me guiñó el ojo mientras pedíamos otra ronda de chelas.

Pinche Marco, esta noche la armamos, ¿no? Como en esos videos de xvideos trio gay que vimos el otro día.
Me dijo Luis en voz baja, su aliento caliente rozándome la oreja. Sentí un cosquilleo en la verga, recordando esas escenas salvajes que nos habían puesto duros como piedras esa tarde en su depa.

Alex, el más callado pero con ojos que devoraban todo, asintió y levantó su cerveza. Chingón, pensé, estos weyes saben cómo calentar el ambiente. La tensión ya estaba ahí, flotando como el humo de los cigarros electrónicos que la gente exhalaba alrededor. Entonces entró él: Diego, un morro alto, moreno, con tatuajes que asomaban por el cuello de su playera negra. Se paró en la barra, pidiendo un tequila, y sus ojos se cruzaron con los míos. Puta madre, qué chulo.

Nos miramos, y no hizo falta más. Luis lo notó de inmediato y se acercó con esa labia suya. En minutos, las chelas corrían, las risas se mezclaban con roces casuales: una mano en el muslo, un hombro que se pega demasiado. Diego olía a colonia cara mezclada con sudor fresco, un aroma que me hacía agua la boca. Esto va pa'l carajo, me dije, pero en el buen sentido. Salimos del bar caminando pegados, el bullicio de la calle ahogando nuestros susurros sucios.

Acto de escalada: el depa de Luis

Entramos al departamento de Luis en la Roma, un lugar chido con ventanales que daban a las luces de la ciudad. La música seguía sonando bajito desde su bocina, un reggaetón suave que invitaba a mover las caderas. Nos echamos en el sofá de cuero negro, que crujió bajo nuestro peso. Diego se sentó entre Luis y yo, sus piernas fuertes rozando las nuestras. El aire se sentía espeso, cargado de testosterona y deseo crudo.

Luis fue el primero en romper el hielo. Se inclinó y le plantó un beso en el cuello a Diego, que soltó un gemido ronco, como un trueno lejano. Qué rico suena eso, pensé, mientras mi verga se ponía tiesa contra el pantalón. Yo me acerqué por el otro lado, mis labios rozando la oreja de Diego.

¿Listo para un trio gay como los de xvideos, cabrón?
Le susurré, y él rio bajito, girando la cabeza para meterme la lengua en la boca.

Los besos se volvieron feroces, lenguas chocando con sabor a tequila y sal. Luis desabotonó la camisa de Diego, revelando un pecho velludo y musculoso que brillaba bajo la luz tenue. Lo lamí, sintiendo el sabor salado de su piel, el calor que emanaba como un horno. Diego jadeaba, sus manos explorando mi entrepierna, apretando mi paquete con fuerza. ¡Ay wey! Gruñí, pero era placer puro.

Nos quitamos la ropa a tirones, el sonido de cremalleras y telas rasgándose llenando la habitación. Alex –perdón, yo soy Marco, pero Alex era el tercero, no, espera: Luis, Diego y yo. Nuestros cuerpos desnudos se pegaron, piel contra piel, sudor mezclándose. El olor a hombre excitado era embriagador: almizcle, precum goteando, el leve aroma a jabón de Diego. Luis se arrodilló primero, tomando la verga gruesa de Diego en su boca. La chupaba con hambre, succionando fuerte, mientras Diego gemía y me besaba a mí, sus caderas moviéndose al ritmo.

No aguanto más, pensé, mi pulso latiendo en las sienes. Me uní, lamiendo las bolas de Diego mientras Luis mamaba la punta. Nuestras lenguas se rozaban accidentalmente, un beso húmedo alrededor de su verga pulsante. Diego temblaba, sus manos enredadas en nuestro pelo.

Pinches pendejos, me van a hacer venir ya
, jadeó, pero lo frenamos, queriendo alargar el fuego.

Cambiaron posiciones. Diego me empujó al sofá, abriéndome las piernas. Su lengua se hundió en mi culo, lamiendo con maestría, círculos húmedos que me hacían arquear la espalda. El placer era eléctrico, rayos subiendo por mi columna. Luis se paró frente a mí, metiéndome su verga en la boca. La chupé con ganas, saboreando su precum salado, el grosor llenándome la garganta. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro era un volcán.

La intensidad crecía. Diego escupió en su mano, lubricando su verga enorme, y me penetró despacio. ¡Chingada madre, qué grande! Grité internamente, pero el dolor se fundió en éxtasis cuando empezó a bombear. Cada embestida era un choque de caderas, piel palmoteando, sudor volando. Luis follaba mi boca al ritmo, sus gemidos roncos uniéndose a los míos ahogados.

Nos rotamos como en un baile salvaje. Ahora Luis estaba de rodillas, Diego en su culo mientras yo lo mamaba a él. El cuarto olía a sexo puro: semen, sudor, lubricante natural. Sentía cada vena de la verga de Luis en mi lengua, el pulso acelerado bajo mi tacto. Diego gruñía como animal, sus manos marcando moretones en las caderas de Luis. ¡Más duro, cabrón! Pidió Luis, y Diego obedeció, follándolo con furia contenida.

La tensión psicológica era brutal.

Esto es mejor que cualquier xvideos trio gay, weyes. Es real, es nuestro
, pensé, mientras el clímax se acercaba como tormenta. Nuestros ojos se conectaban, promesas mudas de placer mutuo.

Clímax y afterglow

Finalmente, explotamos. Diego se corrió primero, llenando el culo de Luis con chorros calientes que goteaban por sus muslos. Ese sonido húmedo, el olor espeso de semen fresco, me empujó al borde. Luis salió de mi boca y se masturbó furioso, pintando mi pecho con su leche espesa, tibia. Yo, con la mano en mi verga, eyaculé arco tras arco, salpicando sus cuerpos entrelazados. Gemidos se fundieron en un coro gutural, cuerpos temblando en éxtasis compartido.

Nos derrumbamos en el sofá, un enredo de extremidades sudorosas, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire estaba pesado, pero ahora con paz. Diego me besó suave, su barba rozando mi mejilla. Qué chingón fue esto, murmuró Luis, pasando un brazo por nosotros. Limpiamos el desastre con toallas, riendo bajito de lo intensos que habíamos sido.

Nos quedamos ahí, bebiendo agua fría que sabía a victoria. La ciudad afuera seguía su ritmo, pero nosotros habíamos creado nuestro propio mundo.

Nunca olvidaré este trio gay como de xvideos, pero mil veces mejor
, pensé, mientras el sueño nos vencía, cuerpos pegados en afterglow perfecto. Mañana sería otro día, pero esta noche nos había marcado para siempre.

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