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Abella Danger en Trio Ardiente

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Abella Danger en Trio Ardiente

Imagina que estás en una villa playera de Puerto Vallarta, el sol del atardecer tiñendo el cielo de naranjas y rojos intensos, mientras el sonido de las olas choca suave contra la arena. Tú, un wey afortunado de treinta y tantos, con el cuerpo tonificado por años de gym y surf, has venido de vacaciones solo, buscando desconectar del pinche estrés de la ciudad. La fiesta en la playa está en su apogeo: reggaetón retumbando desde los bocinas, olor a mariscos asados mezclándose con el salitre, y cuerpos bronceados moviéndose al ritmo.

Ahí la ves por primera vez. Abella Danger, la reina del porno que has visto en tantos videos calientes, caminando con esa confianza que te pone la piel de gallina. Su culo legendario envuelto en un bikini diminuto negro, tetas firmes asomando apenas, cabello oscuro cayendo en ondas salvajes. No es un sueño; está aquí de invitada en una fiesta privada para influencers y celebridades. Tus ojos se clavan en ella, y sientes un cosquilleo en la verga que se despierta al instante.

¿Qué chingados hace Abella Danger aquí en México? Esto tiene que ser karma bueno, carnal.
Piensas mientras te acercas al bar improvisado, pides una michelada helada que sabe a limón fresco y chile picante. Ella ríe con una morra guapísima a su lado: Carla, una chilanga de curvas explosivas, con labios carnosos pintados de rojo y un vestido ceñido que deja poco a la imaginación. Las dos te miran, coquetean con la mirada. Abella se acerca, su perfume dulzón invadiendo tus sentidos como una droga.

Oye, guapo, ¿vienes solo? —dice Abella con ese acento gringo sexy, pero hablando español perfecto, sus ojos verdes perforándote.

Tú respondes con una sonrisa pícara, el corazón latiéndote como tambor. Hablan de la fiesta, de la playa, y pronto Carla se une. Las risas fluyen, los shots de tequila queman la garganta con fuego dulce, y sientes la química: miradas que duran demasiado, roces casuales de manos que envían chispas eléctricas por tu espina.

La tensión crece cuando Abella susurra al oído de Carla algo que la hace morderse el labio. Te invitan a su suite en la villa, con vista al mar. Subes las escaleras de madera, el aire cálido cargado de jazmín y expectativa. Dentro, luces tenues, cama king size con sábanas de algodón egipcio suaves como piel de bebé, y una botella de champagne enfriándose.

Acto uno cerrado: el deseo inicial late fuerte, pero aún no explota. Te sientas en el borde de la cama, ellas dos de pie frente a ti, como diosas listas para devorarte.

Abella se acerca primero, sus caderas balanceándose hipnóticas. Sientes el calor de su cuerpo antes de tocarla, ese aroma a vainilla y sudor fresco que te marea. Sus labios rozan los tuyos, suaves y húmedos, saboreando a tequila y fruta. El beso es lento al principio, lenguas explorando con ternura, pero pronto se vuelve hambriento. Tus manos suben por su espalda desnuda, piel sedosa bajo tus dedos, mientras ella gime bajito contra tu boca, un sonido ronco que vibra en tu pecho.

Carla no se queda atrás. Se pega a tu lado, sus tetas grandes presionando tu brazo, pezones endurecidos pinchando a través de la tela. —Quiero verte disfrutar, papi, —murmura con voz chilanga juguetona, mordisqueándote el lóbulo de la oreja. Su aliento caliente te eriza el vello, y bajas la mano para apretar su nalga carnosa, firme y jugosa como mango maduro.

Esto es mejor que cualquier Abella Danger en trio que haya visto en pantalla. Aquí estoy, en el centro del pinche paraíso.

La ropa vuela: tu camisa cae al piso con un plop suave, el short de Abella resbala revelando su coñito depilado brillando de humedad. Carla se quita el vestido, quedando en tanga roja que apenas cubre. Las tres bocas se encuentran en un beso grupal desordenado, lenguas chocando, saliva mezclándose con sabor salado y dulce. Tus manos everywhere: pellizcas pezones rosados de Abella, que jadea ¡Sí, así!; metes dedos en la humedad resbalosa de Carla, que arquea la espalda gimiendo como gata en celo.

La intensidad sube. Abella te empuja a la cama, el colchón hundiéndose bajo tu peso. Se sube a horcajadas, su coño caliente frotándose contra tu verga dura como piedra, dejando un rastro húmedo que huele a sexo puro, almizclado y adictivo. Carla se arrodilla entre tus piernas, su lengua experta lamiendo tus bolas, succionando con vacuums perfectos que te hacen ver estrellas. El sonido es obsceno: slurp slurp húmedo, gemidos ahogados, piel chocando.

Intercambian posiciones. Tú comes el coño de Abella, esa carne hinchada saboreando a néctar salado y ácido, su clítoris palpitando bajo tu lengua mientras ella agarra tu cabello y grita —¡Chíngame con la boca, wey! Carla cabalga tu cara al revés, su culo redondo temblando, sudor goteando en tu pecho. Sientes sus paredes internas contrayéndose, el pulso acelerado de su excitación latiendo contra tu piel.

El conflicto interno late: ¿Puedo durar más? ¿Quiero que termine ya? Pero el placer es demasiado. Abella se baja, te pone condón con manos temblorosas, y se empala en tu verga de un solo movimiento. ¡Pum! Calor envolvente, apretado como guante de terciopelo. Ella rebota, tetas saltando hipnóticas, el clap clap de carne contra carne resonando en la habitación. Carla besa a Abella, dedos en su clítoris, haciendo que grite en inglés y español mezclado.

Cambio: tú de pie, Abella doblada contra la pared de vidrio con vista al mar oscuro, olas rugiendo abajo como banda sonora. La penetras por atrás, su culo perfecto abriéndose para ti, cada embestida profunda enviando ondas de placer que te recorren las piernas. Carla debajo, lamiendo donde se unen, lengua en tus bolas y su clítoris. Olor a sexo intenso, sudor salado en tu lengua cuando besas el cuello de Abella.

La tensión peaks: gemidos se vuelven gritos, cuerpos resbalosos de sudor, pulsos racing como motores. Abella tiembla primero, su coño apretándote en espasmos, chorros calientes mojando todo. —¡Me vengo, cabrón! Carla explota segundos después, dedos en su propia panocha mientras te chupa. Tú no aguantas: embistes una última vez, el orgasmo explotando como volcán, semen llenando el condón en chorros calientes, rodillas flojas.

Caen los tres en la cama revuelta, pechos agitados, piel pegajosa brillando bajo la luna que entra por la ventana. Abella acaricia tu pecho, su dedo trazando círculos perezosos, mientras Carla se acurruca al otro lado, besos suaves en tu hombro. El aire huele a sexo satisfecho, mar y champagne derramado.

Pinche noche épica. Abella Danger en trio real, mejor que cualquier fantasía.
Piensas, el cuerpo pesado de placer, corazón calmándose lento.

Hablan bajito después, risas cansadas sobre lo chingón que fue. Abella promete volver, Carla te da su número con guiño. Te vas al amanecer, el sol naciente calentando la playa, sabiendo que esta Abella Danger en trio quedará grabada en tu alma para siempre. Un cierre perfecto, con el alma plena y el cuerpo saciado.

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