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Bedoyecta Tri 5x2ml Amp 3302 La Inyección que Despierta el Fuego

7800 palabras

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Estaba reventada después de un día eterno en la oficina, con el cuerpo pesado como plomo y la cabeza zumbando de tanto estrés. Llegué a mi departamentito en la colonia Roma, en el corazón de la CDMX, y ahí estaba él, mi carnal Juan, con esa sonrisa pícara que siempre me hace derretir. "Órale, mi reina, ¿qué te pasa? Pareces zombi", me dijo mientras me quitaba la chamarra y me daba un besito en el cuello que ya me erizó la piel.

"Es que el pinche trabajo me tiene hasta la madre, güey. No doy una", le contesté, dejándome caer en el sofá de piel sintética que crujió bajo mi peso. El aroma a café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con su colonia favorita, esa que huele a madera y aventura. Juan se rio bajito, ese sonido ronco que me calienta las entrañas, y sacó de la nevera una cajita plateada. "Mira esto, preciosa. Bedoyecta Tri 5x2ml amp 3302. Esas inyecciones de vitaminas B que te dan un chispazo de energía pura. Te pongo una y verás cómo revives."

Lo miré con los ojos entrecerrados, sintiendo un cosquilleo de curiosidad. "¿Tú qué sabes de eso, doctorcito?" bromeé, pero en el fondo me intrigaba. Juan es de esos que siempre anda experimentando con cosas sanas para mejorar el día a día, y nunca me había fallado. "Confía en mí, mi amor. Es consensual, rapidito y te va a dejar como nueva para nuestra noche", murmuró acercándose, con el frasquito en la mano brillando bajo la luz cálida de la lámpara. Asentí, el pulso ya acelerándose un poquito ante su cercanía.

¿Y si esto enciende algo más que mi energía? Dios, su aliento en mi oreja me está volviendo loca ya.

Me recargó en el sofá, levantó la manga de mi blusa y desinfectó mi brazo con un algodón fresco que olía a alcohol puro. El pinchazo fue leve, como un beso agudo, y sentí el líquido fresco entrando en mis venas. "Listo, ya está. Ahora relájate y siente la magia", dijo besándome la marquita roja que dejó la aguja. Nos quedamos ahí, platicando de tonterías, riéndonos de los pendejos del trabajo, mientras el calor empezaba a subirme por el cuerpo como una ola lenta.

Minutos después, ¡pum! Era como si alguien hubiera encendido un motor adentro de mí. Mi piel hormigueaba, el corazón latía con fuerza constante, y de repente todo me parecía más vivo: el roce de su mano en mi muslo, el sabor salado de sus labios cuando me robó un beso juguetón, el sonido de su risa retumbando en mi pecho. "¡Mira nomás, mi chava! Ya estás brillando", exclamó Juan, sus ojos cafés clavados en los míos con esa hambre que conozco tan bien.

Lo jalé hacia mí, mis dedos enredándose en su cabello negro y revuelto. "Ven acá, cabrón, que ahora sí te voy a comer vivo", le susurré al oído, mordisqueándole el lóbulo suave. Su aroma masculino me invadió, mezcla de sudor limpio y deseo crudo. Nos besamos con urgencia, lenguas danzando en un ritmo febril, saboreando el dulzor de su boca y el leve toque mentolado de su chicle. Sus manos grandes subieron por mis caderas, apretando la carne bajo la falda, y gemí bajito contra su boca.

Me levantó en brazos como si no pesara nada, mis piernas envolviéndolo por instinto. Caminamos tropezando hacia la recámara, riendo entre besos, el piso de madera crujiendo bajo sus pasos firmos. La cama king size nos esperaba con sábanas blancas revueltas de la mañana, oliendo a nosotros dos. Me tiró con gentileza sobre el colchón mullido, y se quitó la playera de un jalón, revelando ese torso moreno y marcado por horas en el gym. "Qué chingón te ves", murmuré, lamiéndome los labios al ver cómo sus músculos se tensaban.

La Bedoyecta Tri me tiene en llamas. Siento cada roce como electricidad, cada mirada como una caricia profunda.

Se subió encima, su peso delicioso presionándome contra el colchón. Sus labios bajaron por mi cuello, chupando suave hasta dejarme la piel húmeda y sensible. "Dime qué quieres, mi reina", ronroneó, su aliento caliente haciendo que mis pezones se endurecieran bajo la blusa. "Te quiero todo, todo adentro", respondí arqueándome, mis uñas arañando su espalda en surcos leves que lo hicieron gruñir de placer.

La tensión crecía como tormenta, cada caricia un relámpago. Me desvistió despacio, saboreando el momento: primero la blusa volando por los aires, exponiendo mis senos llenos al aire fresco de la habitación. Los besó con devoción, lengua girando alrededor de los pezones rosados, succionando hasta que jadeé alto, el sonido ecoando en las paredes. Olía a mi propia excitación, ese almizcle dulce entre mis piernas que lo volvía loco. Bajó más, besando mi vientre suave, lamiendo el ombligo mientras sus dedos jugaban con el elástico de mis calzones.

"Estás empapada, preciosa. Qué rico hueles", dijo inhalando profundo, su nariz rozando mi monte de Venus. Me quitó la prenda de un tirón, y sentí el aire fresco en mi sexo húmedo y palpitante. Sus dedos exploraron primero, abriéndose paso entre mis pliegues resbalosos, frotando el clítoris hinchado con círculos precisos que me hicieron retorcer. "¡Ay, Juan, no pares, pendejito!", grité, mis caderas elevándose para más.

Pero él quería más juego. Se hincó entre mis piernas, su lengua plana lamiéndome de abajo arriba en una pasada lenta que me hizo ver estrellas. Saboreaba mis jugos con gemidos guturales, chupando mi botón de placer como si fuera el manjar más exquisito. El sonido húmedo de su boca en mí, mezclado con mis gemidos roncos, llenaba la habitación. Mis manos apretaban las sábanas, el olor a sexo puro impregnando el aire.

No aguanto más. Esta energía me tiene al borde, lista para explotar.

Lo jalé por el cabello, volteándolo para montarlo. "Ahora yo mando", le dije con voz temblorosa de lujuria. Me senté a horcajadas sobre su erección dura como piedra, frotándome contra él sin penetrar aún, sintiendo su calor pulsante contra mi entrada. Nos miramos a los ojos, el sudor perlando su frente, y asentimos en silencio. Bajé despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo estirándome, llenándome por completo. "¡Qué chido te sientes, tan grueso!", exclamé empezando a moverme, cabalgándolo con ritmo creciente.

El clímax se acercaba como avalancha. Sus manos en mis caderas guiaban el vaivén, embistiéndome desde abajo con fuerza controlada. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, piel contra piel resbalosa de sudor. "¡Más rápido, mi amor! ¡Dame todo!", rugió él, y aceleré, mis senos rebotando, el placer acumulándose en espiral en mi vientre. Sentí el orgasmo romper primero en mí, una explosión de luces y temblores, contrayéndome alrededor de él en oleadas que lo ordeñaban. "¡Sí, sí, carajo!", grité, lágrimas de puro éxtasis en los ojos.

Juan se tensó debajo de mí, sus abdominales contrayéndose, y se vino con un bramido profundo, llenándome con chorros calientes que prolongaron mi placer. Colapsamos juntos, jadeando, cuerpos enredados en un charco de sudor y satisfacción. Su corazón tronaba contra mi pecho, sincronizado con el mío aún acelerado por la Bedoyecta Tri 5x2ml amp 3302.

Nos quedamos así un rato largo, acariciándonos perezosos, besos suaves y risas cansadas. "Ves, te lo dije. Esa inyección es mágica para noches como esta", murmuró él trazando círculos en mi espalda. Sonreí, oliendo nuestro aroma mezclado en las sábanas. "Órale, carnal, la próxima traes el pack completo". El fuego no se apagó del todo; quedó una brasa tibia, prometiendo más rounds en la madrugada. En ese momento, supe que nuestra pasión acababa de subir de nivel, energizada y eterna.

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