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John Mayer Trio Try Nuestra Pasión en Trío

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John Mayer Trio Try Nuestra Pasión en Trío

La noche en mi depa de Polanco estaba chida de verdad. El aire traía ese olor a jazmín del jardín de abajo mezclado con el humo ligero de los cigarros que fumábamos en el balcón. Ana, mi morra, con su piel morena brillando bajo las luces tenues, se recargaba en mi hombro mientras Luisa, su carnala del alma, servía unos tequilas reposados en vasos helados. Las tres almas adultas, solas en la ciudad que nunca duerme, listas para lo que pintara.

"Wey, ¿han oído el John Mayer Trio Try? Esa rola bluesera que te pone la piel chinita", dijo Ana con esa voz ronca que me volvía loco. Puso el playlist en el Bluetooth del bocina, y de inmediato el bajo pesado y la guitarra rasposa de John Mayer llenaron el aire. El ritmo lento, sensual, como un latido acelerado. Luisa, con su cabello negro suelto y ese vestido rojo que apenas cubría sus curvas, sonrió pícara. "Neta, esa canción grita tentación. ¿Y si la hacemos nuestra?".

Yo sentía el corazón golpearme el pecho. Ana y yo llevábamos un año juntos, carnales en todo, pero siempre hablábamos de fantasías. Un trío, algo nuevo, consensuado, sin presiones. Luisa era perfecta: amiga de Ana desde la uni, soltera, con ojos que prometían fuego. "Si quieren, yo entro al quite", había dicho ella antes, juguetona. Ahora, con el tequila calentándonos la sangre, la tensión crecía. El olor a su perfume, vainilla y algo más salvaje, me mareaba. Miré a Ana, busqué su aprobación en esos ojos cafés profundos. Ella asintió, mordiéndose el labio. "Órale, probemos el John Mayer Trio Try de verdad".

Nos movimos al sillón grande, piel contra piel. Ana se sentó en mi regazo, su culo firme presionando mi entrepierna que ya se endurecía. Luisa se acercó por el lado, su mano rozando mi cuello, enviando chispas por mi espalda. El sonido de la guitarra lloraba en el fondo, como si John Mayer supiera lo que vendría. Besé a Ana primero, profundo, saboreando el tequila en su lengua suave. Sus labios carnosos, calientes, me absorbían. Luisa observaba, su respiración agitada audible sobre la música.

¿Esto es real? Mi mente daba vueltas. El deseo ardía, pero ¿y si algo sale mal? No, güeyes, esto es puro feeling mutuo. Vamos con todo.

Ana giró la cabeza, invitando a Luisa. Sus labios se unieron en un beso lento, húmedo, con lenguas danzando. Yo las veía, hipnotizado, mi verga palpitando contra los jeans. Manos everywhere: las de Ana desabotonando mi camisa, sintiendo mis músculos tensos; las de Luisa bajando el zipper de su vestido, revelando pechos redondos, pezones oscuros endurecidos. El aire se llenó de su aroma, mezcla de sudor fresco y excitación femenina, ese olor almizclado que enloquece.

Me quitaron la ropa con urgencia juguetona. "Pendejo, estás listo", rio Ana, su mano envolviendo mi pinga dura, palpitante. El tacto de su palma cálida, suave, me hizo gemir. Luisa se arrodilló, besando mi pecho, lamiendo un pezón mientras su melena rozaba mi piel como seda. El John Mayer Trio Try seguía sonando, el solo de guitarra marcando el pulso de nuestros jadeos. Bajé las manos: una en la nuca de Ana, la otra en el muslo de Luisa, sintiendo la humedad entre sus piernas a través de la tanga.

Las llevé a la cama king size, sábanas de algodón fresco contra nuestra piel ardiente. Ana se tendió, abriendo las piernas, su panocha depilada brillando de jugos. "Ven, mi amor", susurró. Me hundí en ella de un solo empujón, su calor envolviéndome como terciopelo mojado. Gemí fuerte, el sonido ahogado por el blues. Luisa se montó en la cara de Ana, quien lamió su clítoris con avidez, saboreando su miel salada. Luisa arqueó la espalda, sus tetas rebotando, gimiendo "¡Ay, cabrón, qué rico!".

El ritmo crecía. Yo embestía en Ana, sintiendo sus paredes contraerse, su olor a sexo puro subiendo al techo. Sudor perlando nuestras frentes, salado en mis labios cuando besé a Luisa. Cambiamos: Luisa ahora debajo de mí, su coño apretado tragándome entero. "Más duro, wey", pedía, uñas clavándose en mi espalda, dolor placentero. Ana se unió, chupando los huevos de Luisa mientras yo la follaba, lenguas y labios en sinfonía. El cuarto olía a sexo: semen preeyaculatorio, jugos vaginales, perfume evaporado.

Esto es el paraíso. Sus cuerpos perfectos, sincronizados. El John Mayer Trio Try como banda sonora de mi éxtasis. No quiero que acabe nunca.

La intensidad subía como el solo de Mayer. Luisa gritó primero, su orgasmo explotando, piernas temblando alrededor de mi cintura, chorros calientes mojando las sábanas. Ana, masturbándose al lado, se corrió viéndonos, dedos hundidos en su propia humedad, "¡Sí, pinche amor!". Yo no aguanté más: saqué la verga hinchada, palpitante, y eyaculé sobre sus tetas, chorros blancos calientes salpicando piel morena. El alivio fue brutal, olas de placer sacudiendo mi cuerpo, pulsos en las sienes.

Caímos exhaustos, enredados. El John Mayer Trio Try terminaba en fade out, dejando solo nuestros jadeos y risas suaves. Ana me besó la frente, Luisa acurrucada en mi otro lado, manos entrelazadas. El olor a semen y sudor se mezclaba con el jazmín que entraba por la ventana abierta. "Qué chingón fue eso", murmuró Luisa, voz ronca de placer.

Nos quedamos así, pieles pegajosas enfriándose, corazones calmándose. Ana trazaba círculos en mi pecho. "Mi rey, esto nos une más". Luisa asintió: "Repetimos cuando gusten, carnales". Reflexioné en silencio: habíamos cruzado una línea, pero con respeto, deseo mutuo. No arrepentimientos, solo una conexión más profunda. La noche mexicana nos envolvía, prometiendo más aventuras al ritmo de blues y pasión.

Al amanecer, con café humeante y croissants del Hornos de San Agustín, revivimos la noche en risas. El John Mayer Trio Try se convirtió en nuestro himno secreto. Adultos libres, explorando sin cadenas. La vida en México sabe mejor así: picante, intensa, inolvidable.

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