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Intentaré Tu Traducción Ardiente

7287 palabras

Intentaré Tu Traducción Ardiente

Era un jueves cualquiera en la Roma Norte, con ese sol de media tarde que calienta las banquetas y hace que el aire huela a café recién molido y tacos al pastor de la esquina. Yo, Laura, traductora freelance de veintiocho años, estaba en mi pequeño estudio sobre Avenida Álvaro Obregón, rodeada de diccionarios y la laptop abierta con un chat de WhatsApp lleno de clientes pendejos que no saben ni conjugar el verbo ser. Qué pinche vida, pensé, mientras ventilaba la blusa porque el ventilador apenas movía el aire caliente.

De repente, sonó el timbre. Abrí la puerta y ahí estaba él: Alex, un gringo alto, de ojos verdes como el mar de Cancún, con una sonrisa que parecía sacada de anuncio de dentífrico y una camiseta ajustada que marcaba unos pectorales que me hicieron tragar saliva. Olía a colonia cara, de esas que mezclan madera y cítricos, y traía un cuaderno en la mano.

—Hola, ¿Laura? Soy Alex. Necesito una traducción urgente, dijo con acento yanqui, pero tartamudeando un poco el español.

Lo invité a pasar, sintiendo ya el cosquilleo en la piel. Se sentó frente a mi escritorio, y mientras sacaba su libreta, noté cómo sus jeans abrazaban sus muslos firmes.

¡Virgen santa, este pendejo está para comérselo crudo!
Me acomodé en la silla, cruzando las piernas para disimular el calor que ya subía por mi entrepierna.

—Dime qué necesitas traducir, guapo —le respondí con mi mejor voz seductora, esa que uso cuando quiero coquetear sin que parezca obvio.

Hojeó el cuaderno y señaló una frase: "I will try". —Esto. Quiero decirselo a mi novia mexicana, pero que suene... ya sabes, sexy. Algo para la cama, para probar cosas nuevas. Ella siempre me pide que sea más aventurero.

Me reí bajito, imaginándome la escena. El deseo inicial se encendió como mecha: yo, ayudando a un desconocido a volverse el amante perfecto. —Órale, carnal. "I will try" es lo intentaré. Pero para que suene ardiente en español mexicano, di: Intentaré todo lo que me pidas, mi reina. Prueba diciéndolo.

Lo repitió, con su voz grave: Intentaré todo lo que me pidas, mi reina. Sus labios se movían despacio, y yo sentí un pulso acelerado en el cuello. El estudio se llenó de tensión, el zumbido del ventilador como fondo a nuestros alientos que se entrecortaban.

—No está mal, pero falta pasión. Ven, acércate —le dije, poniéndome de pie. Él se levantó, y de pronto estábamos a centímetros, su calor corporal invadiéndome. Olía a sudor limpio mezclado con esa colonia, y toqué su brazo para corregirlo: piel suave, músculos tensos bajo mis dedos.

Así empezó todo. Le enseñé más frases: Te voy a chupar hasta que grites, Tu panocha me vuelve loco. Cada vez que lo repetía, sus ojos se clavaban en mis labios, y yo sentía mi clítoris hincharse, la humedad empapando mis panties de encaje.

Salimos a tomar un café en la terraza de Lalo!, con mesas de madera y el bullicio de la calle: risas, cláxones, olor a churros fritos. Pedimos espressos fuertes, y mientras sorbía el mío —amargo y caliente en la lengua—, él confesó:

—Mi novia y yo... bueno, las cosas están frías. Quiero sorprenderla, pero honestamente, verte a ti diciéndolo me prende más.

Lo miré fijo, el corazón latiéndome como tamborazo zacatecano.

¿Y si le digo que yo soy la que quiere probar? ¿Que su "I will try traduccion" me ha puesto cachonda?
Mi mano rozó la suya sobre la mesa, piel contra piel, chispas eléctricas subiendo por mi brazo.

—Pues practiquemos más, Alex. Ven a mi depa, está aquí cerca. Te doy una clase privada.

Él asintió, ojos brillantes de lujuria contenida. Caminamos por las calles empedradas, mi falda vaivén rozando mis muslos, el viento trayendo su aroma masculino. Llegamos a mi loft minimalista, con plantas colgantes y una cama king size visible desde la sala. Cerré la puerta, y el clic del cerrojo fue como detonador.

Acto dos: la escalada. Lo senté en el sofá, me subí a horcajadas sobre sus piernas, mis tetas rozando su pecho. —Repite: I will try traduccion —susurré, y él lo dijo torpe: I will try... tu traducción ardiente. Reí, besándolo por primera vez. Sus labios eran suaves, cálidos, sabor a café y menta. Mi lengua exploró su boca, gimiendo bajito mientras sus manos subían por mi espalda, desabrochando mi bra.

Me quité la blusa, dejando mis chichis al aire: pezones duros como piedras, oscuros y sensibles. Él los lamió, succionando con hambre, el sonido húmedo de su boca enviando ondas de placer directo a mi coño. ¡Qué rico, cabrón! Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con su sudor.

Intentaré hacerte venir como nunca —murmuró, ya con acento perfecto. Lo empujé a la cama, quitándole los jeans. Su verga saltó libre: gruesa, venosa, palpitante, con gotas de precum brillando en la punta. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y la chupé despacio, saboreando su salinidad salada, el gemido ronco que soltó vibrando en mi garganta.

Pero no era solo físico. En mi mente, luchaba:

Esto es solo una lección, ¿verdad? No, pinche Laura, estás perdida en él. Su timidez se derrite, y tú quieres que te folle hasta el alma.
Él me volteó, besando mi cuello, mordisqueando la oreja mientras sus dedos bajaban a mi panocha depilada. Rozó mi clítoris hinchado, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda, jadeos escapando como suspiros de mar.

Estás empapada, reina —dijo, introduciendo dos dedos, curvándolos contra mi punto G. El sonido chapoteante de mi jugo, el roce interno, me llevó al borde. Lo cabalgué entonces, su verga estirándome deliciosamente, llenándome hasta el fondo. Reboté despacio al principio, sintiendo cada vena pulsar dentro, mis paredes contrayéndose. El slap-slap de carne contra carne, el olor a sexo crudo invadiendo la habitación.

Aceleramos: yo clavando uñas en su pecho, él agarrando mis nalgas, azotándolas suave. ¡Más fuerte, pendejo! Grité mi primer orgasmo, olas de éxtasis rompiendo, mi concha apretándolo como vicio. Él gruñó, volteándome a misionero, embistiéndome profundo, sudor goteando de su frente a mis tetas.

El clímax se acercaba para él. —Intentaré... no correrme aún —jadeó, pero yo lo apreté con las piernas: Vente adentro, mi amor. Su verga se hinchó, chorros calientes inundándome, su rostro contorsionado en placer puro.

Acto tres: el afterglow. Colapsamos, entrelazados, piel pegajosa y brillante. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón ralentizarse. El aire olía a semen, sudor y paz. Besé su frente, saboreando la sal.

—Gracias por la traducción, Laura. "I will try" nunca sonó tan bien —murmuró, riendo bajito.

Yo sonreí, trazando círculos en su espalda.

Esto no fue solo una lección. Fue el inicio de algo que intentaré no soltar nunca.
Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero en mi cama, el mundo era nuestro, resonando con promesas sensuales y el eco de nuestros gemidos.

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