Relatos Salvajes
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Algo Salio Mal Por Favor Intentarlo de Nuevo

6843 palabras

Algo Salio Mal Por Favor Intentarlo de Nuevo

Tú estás sentado en la barra de un bar chido en la Condesa, con el ruido de las risas y el tintineo de los vasos de tequila rodeándote. El aire huele a limón fresco y a humo de carbón de la taquería de la esquina. Habías bajado la app de citas esa tarde, aburrido de la rutina, y something went wrong please try again fue lo único que viste cuando intentaste confirmar la cita. Pero ella, Karla, te había mandado un mensaje antes del glitch: "Aquí estoy wey, mesa del fondo". Neta, pensaste que era una señal del universo, o tal vez solo tu verga hablando por ti.

La ves entrar, morena de curvas que hacen que el corazón te lata como tamborazo zacatecano. Pelo negro suelto, falda ajustada que marca sus caderas anchas, y unos labios rojos que gritan pecado. Tú sientes el calor subirte por el cuello mientras ella te busca con la mirada. Cuando sus ojos cafés se clavan en los tuyos, una sonrisa pícara se dibuja en su cara. Camina hacia ti, sus tacones repiqueteando en el piso de madera, y el aroma de su perfume, algo floral con un toque de vainilla, te golpea como una ola.

¿Qué carajos, wey? Esto no puede ser real, piensas mientras ella se sienta a tu lado, cruzando las piernas de forma que su falda sube un poquito, dejando ver la piel suave de sus muslos. "Hola, ¿eres el de la app?", dice con voz ronca, como si hubiera fumado un buen puro. Tú asientes, tartamudeando algo sobre el error en la app. Ella ríe, un sonido gutural que te eriza la piel. "Sí, vi eso de something went wrong please try again. Pero aquí estamos, ¿no? A veces los errores son lo mejor que te pasa".

Acto uno termina ahí, con los primeros shots de tequila reposado quemándote la garganta, dulce y ahumado, mientras charlan de la vida en la ciudad. Ella es de Guadalajara, pero vive en DF por trabajo, diseñadora gráfica freelance. Tú le cuentas de tu jale en marketing, pero la verdad es que no escuchas ni madres; solo sientes el roce accidental de su brazo contra el tuyo, eléctrico, como si su piel estuviera cargada de deseo.

La tensión sube cuando salen a caminar por las calles empedradas, el viento nocturno fresco trayendo olores de jazmines y el vapor de los elotes asados. Sus manos se rozan, y ella no las aparta.

"Sabes, wey, desde que te vi en las fotos de la app, pensé: este pendejo me va a volver loca"
, susurra ella, deteniéndose bajo un farol. Tú sientes tu pulso acelerado, el corazón retumbando en tus oídos como un bajo de cumbia. La besas entonces, impulsivo, sus labios suaves y calientes, saboreando el tequila en su lengua que se enreda con la tuya. Es un beso hambriento, sus manos en tu nuca tirando de tu pelo, tu erección presionando contra sus caderas.

Van a su depa en Polanco, un loft moderno con vistas a los edificios iluminados. El elevador es un horno de anticipación; ella te empuja contra la pared, mordiendo tu labio inferior mientras sus uñas arañan tu pecho por encima de la camisa. Hueles su excitación, ese aroma almizclado mezclado con su perfume, y sientes la humedad de su boca en tu cuello. Mierda, esto es lo que necesitaba, algo real después de tanta pantalla, piensas mientras entran al depa.

En el sillón de cuero negro, las cosas escalan. Le quitas la blusa despacio, revelando pechos firmes con pezones oscuros ya duros como piedras. Tú gimes al tocarlos, su piel caliente y sedosa bajo tus palmas. Ella desabrocha tu cinturón con dedos ansiosos, liberando tu verga que salta dura y palpitante. "¡Qué chingona está!", dice ella riendo, envolviéndola con su mano suave, masturbándote lento mientras te besa el pecho, lamiendo tus pezones con la lengua húmeda.

La llevas a la cama, king size con sábanas de algodón egipcio que crujen bajo sus cuerpos. El cuarto huele a velas de vainilla que ella enciende, luz tenue bailando en las paredes. Tú bajas por su cuerpo, besando su vientre plano, inhalando el olor salado de su piel sudada. Llegas a su panocha, depilada con un triángulo negro, labios hinchados y brillantes de jugos. "Come me wey, hazme gritar", suplica ella, abriendo las piernas. Tu lengua explora, saboreando su dulzor ácido, chupando su clítoris hinchado mientras ella arquea la espalda, gimiendo "¡Ay cabrón, sí así!". Sus jugos te mojan la barbilla, el sonido de su coño chapoteando con tu lengua llena el cuarto.

Pero hay un momento de pausa, cuando ella saca su teléfono para poner música – rancheras sensuales de José Alfredo – y la pantalla parpadea con something went wrong please try again. Ríen, ella lo tira al piso. "Olvídate de la tecnología, fóllame de una vez". Tú te pones un condón, sientes el látex apretado alrededor de tu verga gruesa, venosa, lista para entrar.

La penetras despacio, su chochito apretado y caliente envolviéndote centímetro a centímetro. Ella jadea, uñas clavadas en tus hombros, "¡Más profundo pendejo, rómpeme!". Empujas fuerte, el slap-slap de piel contra piel, sus tetas rebotando con cada embestida. Sudor perla sus cuerpos, el olor a sexo crudo, almizcle y semen contenido, impregna el aire. Tú sientes sus paredes internas contrayéndose, ordeñándote, mientras ella grita "¡Me vengo, chingada madre!". Su orgasmo la sacude, piernas temblando alrededor de tu cintura, jugos chorreando por tus bolas.

Cambian posiciones, ella encima, cabalgándote como jinete en rodeo. Sus caderas giran, moliendo su clítoris contra tu pubis, pelo pegado a la frente por el sudor. Tú aprietas sus nalgas redondas, metiendo un dedo en su ano apretado, lo que la hace gemir más fuerte. "¡Sí, métemela por atrás después!", promete. El ritmo acelera, tus pelotas apretadas listas para explotar.

La volteas a cuatro patas, admirando su culo perfecto, arco de espalda invitador. Entras de nuevo, profundo, agarrando sus caderas mientras la taladras. El sonido es obsceno, húmedo, sus gemidos convirtiéndose en alaridos: "¡Fóllame más duro, vergaso!". Sientes el orgasmo construyéndose, una presión en la base de tu verga, pulsos calientes subiendo.

Te corres dentro del condón, chorros potentes que la llenan de calor fantasma, gritando su nombre mientras ella se viene otra vez, coño convulsionando. Colapsan juntos, cuerpos pegajosos de sudor, respiraciones entrecortadas. El afterglow es puro, ella acurrucada en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. Hueles a ellos, a sexo satisfecho, con el tequila aún en el aliento.

"¿Ves? A veces algo sale mal para que salga chingón"
, murmura ella, besándote la frente. Tú sonríes, pensando en la app y su mensaje idiota. Mañana quizás funcione, pero esta noche, todo fue perfecto. El amanecer tiñe las cortinas, prometiendo más intentos, más placeres.

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