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El Trio Xasero Ardiente

6552 palabras

El Trio Xasero Ardiente

La noche en la playa de Cancún olía a sal y a coco quemado por el sol del día. El viento jugaba con mi falda ligera, esa que me encanta porque deja ver mis muslos bronceados. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, estaba sentada en la arena tibia junto a Marco, mi carnalazo de novio, y Luis, su compa de la uni que acababa de llegar de un viaje por la Riviera. Habíamos tomado unas chelas frías, de esas bien heladas que te erizan la piel, y la plática fluía como el mar, subiendo de tono con cada trago.

Neta, todo empezó inocente. Marco me miró con esa sonrisa pícara que me moja al instante, y dijo: "Wey, ¿y si armamos algo chido esta noche? Un trio xasero, como en esas fantasías que platicamos". Luis se carcajeó, pero sus ojos se clavaron en mis chichis, que asomaban juguetones por el escote. Yo sentí un cosquilleo en el estómago, mezcla de nervios y calentura. "Órale, ¿están en serio?", respondí, mordiéndome el labio. El corazón me latía fuerte, como tambores en una fiesta.

Nos levantamos y caminamos hacia la cabaña que rentamos, esa con hamacas y vista al mar. El aire estaba cargado de humedad, pegajoso, y el sonido de las olas rompiendo era como un latido constante. Adentro, la luz tenue de las velas de vainilla perfumaba todo, y el piso de madera crujía bajo nuestros pies descalzos. Marco me jaló suave por la cintura, su mano grande y callosa rozando mi piel, enviando chispas directas a mi entrepierna.

"¿Quieres esto de veras, mi reina?" murmuró en mi oído, su aliento caliente con sabor a cerveza y menta.

Asentí, temblando un poquito. Luis se acercó por detrás, su pecho ancho presionando mi espalda. Sentí su verga ya dura contra mis nalgas, y ¡chingado!, eso me prendió como yesca.

Acto primero: la exploración. Marco me besó primero, lento, saboreando mis labios como si fuera el último tequila de la noche. Su lengua danzaba con la mía, áspera y demandante, mientras sus dedos se colaban bajo mi blusa, pellizcando mis pezones que se pararon duros como piedras. Luis observaba, respirando pesado, y de pronto su mano bajó por mi falda, acariciando el interior de mis muslos. Olía a hombre, a sudor limpio y loción de playa. "Estás rica, Ana", gruñó, y yo gemí bajito, sintiendo mi concha humedecerse, chorreando jugos calientes.

Me quitaron la ropa con calma, como desenvolviendo un regalo. Quedé en pelotas, expuesta bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana. Mi piel picaba de anticipación, los vellos erizados. Marco se arrodilló y lamió mi ombligo, bajando despacio hasta mi monte de Venus, donde el olor almizclado de mi excitación lo envolvió. Luis chupó mis tetas, succionando fuerte, dejando marcas rojas que dolían rico. Yo arqueé la espalda, jadeando, el sonido de mi respiración entrecortada mezclándose con el rumor del mar.

¿Qué carajos estoy haciendo?, pensé, pero el deseo me nublaba la mente. Era como un fuego que crecía, lamiendo cada nervio.

En el medio del colchón king size, nos tendimos. Yo en el centro, flanqueada por estos dos padres guapos. Marco metió dos dedos en mi panocha, moviéndolos en círculos, chapoteando en mis fluidos. "Estás empapada, mi amor", dijo, y Luis rio: "Es el trio xasero perfecto, wey". Yo los masturbé a los dos, sus vergas gruesas palpitando en mis manos. La de Marco era larga, venosa, con un glande morado que brillaba de precum; la de Luis, más gorda, como un chorizo listo para la barbacoa. El tacto era aterciopelado, caliente, y olían a macho en celo.

La tensión subía como la marea. Me puse de rodillas, chupando a Marco mientras Luis me comía el culo desde atrás. Su lengua experta lamía mi ano, metiéndose un dedo lubricado con mi propio néctar. Gemí alrededor de la polla de Marco, vibrando su eje, y él agarró mi pelo, follando mi boca suave pero firme. El sabor salado de su esencia me volvía loca, y el roce de sus bolas en mi barbilla era obsceno, delicioso.

Cambiaron posiciones. Ahora Luis en mi boca, su verga llenándome hasta la garganta, haciendo que babeé como puta en heat. Marco se hundió en mi coño de un solo empujón, estirándome deliciosamente. "¡Ay, cabrón!", grité, pero era placer puro. Sus caderas chocaban contra mis nalgas, plaf plaf, el sonido húmedo resonando en la habitación. Sudábamos a chorros, el olor a sexo impregnando el aire, espeso como niebla.

No puedo más, me voy a venir, pensé, mientras oleadas de calor subían desde mi clítoris hinchado.

Pero aguantamos, escalando. Me monté en Marco, cabalgándolo como amazona, mis tetas rebotando. Luis se paró frente a mí, y lo chupé mientras rebotaba, sintiendo las venas de Marco pulsando dentro. Luego, el clímax del medio: doble penetración. Me untaron lubricante, fresco y resbaloso, oliendo a cereza. Marco debajo, en mi panocha; Luis atrás, abriéndose paso en mi culo. Duele al principio, un ardor que quema, pero luego... ¡puro éxtasis! Llenas al tope, sus vergas rozándose separadas por una delgada pared, moviéndose en ritmo sincronizado.

"Fóllame más duro, weyes", supliqué, arañando espaldas. El colchón se hundía, crujiendo; el mar rugía afuera como testigo. Mis jugos chorreaban por las bolas de Marco, y Luis gruñía como fiera, mordiendo mi hombro.

El acto final explotó como fuegos artificiales. Primero yo, convulsionando, mi coño apretando como puño, chorros de squirt mojando todo. "¡Me vengo, chingado!", aullé, estrellas en los ojos. Marco se corrió segundos después, llenándome de leche caliente, espesa, que se desbordaba. Luis último, eyaculando en mi culo, su semen lubricando cada embestida final.

Colapsamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El olor a corrida y sudor era embriagador, pegajoso en la piel. Marco me besó la frente, Luis acarició mi pelo. "Fue el mejor trio xasero de mi vida", susurró Marco. Yo sonreí, saciada, el cuerpo hormigueando en afterglow.

Nos duchamos juntos después, el agua tibia lavando fluidos, pero no el recuerdo. En la hamaca, bajo las estrellas, reflexioné: Esto nos unió más, nos empoderó. No fue solo sexo; fue conexión, deseo compartido. El mar susurraba aprobación, y supe que repetiríamos, porque en este trio xasero ardiente, encontramos nuestro paraíso.

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