Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trios XXX Reales que Encienden el Alma Trios XXX Reales que Encienden el Alma

Trios XXX Reales que Encienden el Alma

6503 palabras

Trios XXX Reales que Encienden el Alma

Era una noche de esas en Polanco, con el aire cargado de jazmín y el bullicio de la Zona Rosa filtrándose hasta el bar La Noche. Yo, Ana, acababa de terminar una semana de locuras en la oficina, y neta, necesitaba soltar el estrés. Vestida con un vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa, pedí un margarita con sal de gusano. Ahí los vi: Marco y Sofía, una pareja guapísima, él moreno alto con ojos que prometían travesuras, ella rubia con curvas que hipnotizaban. Se miraban con esa complicidad que grita quiero comerte, y de repente, sus ojos se clavaron en mí.

¿Qué carajos? ¿Por qué me miran así? Neta, siento un cosquilleo en la piel que no es del tequila.

Marco se acercó primero, con una sonrisa pícara. "Órale, mamacita, ¿vienes sola o qué? Soy Marco, y esta chula es mi jefa, Sofía". Ella rio, extendiendo la mano con uñas rojas que rozaron mi palma como una caricia eléctrica. Charlamos de todo: de la pinche vida en la CDMX, de cómo el metro nos traía locos, de fantasías que soltamos entre risas. "Neta, siempre hemos querido probar algo más... salvaje", dijo Sofía, guiñándome el ojo. Mi pulso se aceleró. Trios xxx reales, pensé, recordando esos videos que veía a escondidas, pero esto era carne y hueso, oliendo a perfume caro y deseo crudo.

La tensión creció con cada trago. Sus piernas rozaban las mías bajo la mesa, accidental al principio, luego intencional. El calor de sus cuerpos me envolvía, y el aroma de su colonia mezclada con mi sudor fresco me mareaba. "Ven con nosotros a casa, Ana. Sin compromisos, pura diversión", murmuró Marco al oído, su aliento caliente como un beso prematuro. Dije que sí, el corazón latiéndome en la garganta. Salimos al valet, el viento nocturno lamiendo mis muslos expuestos.

En su departamento en Lomas, todo era lujo: ventanales con vista a la Reforma iluminada, pieles suaves en el sofá. Pusieron música de Natalia Lafourcade, suave, sensual. Sofía me sirvió un vino tinto que sabía a cerezas maduras y pecado. Nos sentamos en círculo, y de pronto, su mano en mi rodilla. "Estás preciosa, wey. ¿Te late?", preguntó ella. Asentí, y Marco se inclinó, besándome el cuello. Su barba raspaba delicioso, enviando chispas por mi espina.

Esto es real, no un sueño pendejo. Sus labios son suaves, calientes, y huelo su excitación, ese almizcle que me moja ya.

El beso con Sofía fue el detonante. Sus labios carnosos, sabor a vino y gloss de fresa, se pegaron a los míos mientras Marco nos veía, palmeándose por encima del pantalón. "Qué chingón verte así", gruñó él. Nos desnudamos lento, saboreando cada revelación: mis tetas firmes saltando libres, las de ella redondas y pesadas, su verga gruesa endureciéndose al aire. Tocamos todo: mis dedos en su piel suave, el vello de Marco crujiendo bajo mis uñas, sus gemidos bajos como ronroneos.

Me recostaron en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frías contra mi espalda ardiente. Sofía se montó en mi cara, su concha depilada chorreando néctar salado que lamí con hambre. "¡Ay, sí, mámale, rica!", jadeó ella, sus caderas ondulando al ritmo de mi lengua. Marco se arrodilló entre mis piernas, lamiéndome el clítoris con maestría, su nariz rozando mi monte de Venus. El sonido de lenguas chapoteando, nuestros jadeos entrecortados, el olor a sexo puro llenando la habitación... era un festín sensorial.

La intensidad subió cuando intercambiamos. Yo chupé la verga de Marco, venosa y palpitante, sabor a piel limpia y pre-semen salado, mientras Sofía me metía dos dedos, curvándolos en mi punto G. "¡Qué mojada estás, pinche ninfómana!", rio ella, y yo gemí alrededor de su hombre. Trios xxx reales, neta, superaban cualquier porno: el sudor goteando de sus cuerpos al mío, pulsos acelerados latiendo en sincronía, el crujir de la cama bajo nuestros movimientos.

Marco me penetró primero, despacio, su grosor estirándome delicioso. "Estás apretadita, Ana, qué rico", susurró, embistiéndome mientras Sofía besaba mis pezones, mordisqueándolos hasta el dolor placentero. Giramos: yo encima de él, cabalgando como loca, mis nalgas chocando contra sus muslos con palmadas húmedas. Sofía se sentó en su cara, y él la devoró mientras yo rebotaba. El cuarto olía a polvos de talco mezclado con jugos íntimos, el aire espeso de gemidos y carne golpeando carne.

Me siento poderosa, dueña de sus placeres. Su verga me llena, sus lenguas me queman, y este calor en el vientre va a explotar.

El clímax se cocinó gradual. Cambiamos a perrito: Marco en mi concha, Sofía debajo lamiéndome el clítoris y sus bolas. Sus dedos en mi culo, juguetones, prometiendo más. "¡Ven, cabrón, fóllame más duro!", le rogué, y él obedeció, el sonido de pieles azotándose como truenos. Sofía se masturbaba viéndonos, sus ojos vidriosos. "Ahora yo", dijo, y Marco la tomó por detrás mientras yo lamía su concha expuesta, saboreando la mezcla de sus jugos y la corrida que goteaba.

El pico llegó en cadena. Primero Sofía, gritando "¡Me vengo, wey, no pares!", su cuerpo temblando, chorros calientes en mi boca. Luego Marco, hinchándose dentro de ella, gruñendo como bestia mientras se vaciaba. Yo exploté última, un orgasmo que me cegó, olas de éxtasis recorriendo cada nervio, mis paredes contrayéndose alrededor de nada pero sintiendo todo. Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas calmándose lento.

Después, el afterglow fue puro terciopelo. Nos duchamos juntos, jabón espumoso deslizándose por curvas y músculos, risas compartidas bajo el agua caliente que olía a eucalipto. En la cama, envueltos en toallas suaves, Sofía me acarició el pelo. "Eso fue un trió xxx real, Ana. Neta, inolvidable". Marco trajo chocolates con chile, mordisqueándolos de mis dedos, su sabor dulce-picante sellando la noche.

Me siento completa, no usada. Esto fue empoderador, como si hubiera reclamado un pedazo de mí que andaba perdido.

Al amanecer, con el sol tiñendo las cortinas de rosa, nos despedimos con besos perezosos. "Vuelve cuando quieras, ricura", dijo Marco. Bajé al mundo renovada, el cuerpo adolorido en los mejores sitios, el alma ligera. Trios xxx reales no eran solo sexo; eran conexión, fuego compartido, la neta de la pasión mexicana. Y yo, lista para más.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.