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Triada del Portal del Higado

6063 palabras

Triada del Portal del Higado

Llegas al elegante resort en Playa del Carmen, donde el sol del Caribe besa tu piel morena y el sonido de las olas rompiendo contra la arena blanca te envuelve como un abrazo cálido. El aire huele a sal marina mezclada con el dulce aroma de las flores tropicales, y sientes esa cosquilleo familiar en el estómago, esa anticipación que te hace caminar con las caderas sueltas. Has venido sola, pero no por mucho tiempo. En el bar al aire libre, con vistas al mar, tus ojos se cruzan con los de Valeria y Rodrigo.

Valeria es una chava de curvas generosas, cabello negro largo que le cae como cascada sobre los hombros bronceados, y una sonrisa pícara que promete travesuras. Rodrigo, su carnal, alto y atlético, con esa barba recortada y ojos verdes que te desnudan con la mirada. Órale, qué par, piensas, mientras te acercas al mostrador pidiendo un michelada bien fría. La lima fresca explota en tu boca, y el chile te pica la lengua, despertando sensaciones que bajan directo al sur.

¿Primera vez aquí, nena? —te dice Valeria, su voz ronca como el ron que sorbe de su copa. Su perfume, vainilla y jazmín, te roza la nariz.

Asientes, y Rodrigo se inclina, su aliento cálido en tu oreja: —Ven con nosotros a la suite. Hay una vista que te va a volar la cabeza. Su mano roza tu brazo, un toque eléctrico que te eriza la piel. No lo dudas. La química es neta, pura química carnal.

¡Qué chido! Hace tiempo que no sientes esta hambre, esta necesidad de piel contra piel.

Suben juntos en el elevador privado, el zumbido suave del motor acompasado con vuestros corazones acelerados. En la suite, king size con jacuzzi y balcón al mar, Valeria pone música, un reggaetón suave con bajo que vibra en tu pecho. Bailan, cuerpos pegados, sus manos explorando sin prisa. Sientes el calor de Rodrigo en tu espalda, su verga ya dura presionando contra tus nalgas, mientras Valeria te besa el cuello, mordisqueando suave.

Quítate eso —susurra ella, tirando de tu blusa ligera. Quedas en bra de encaje negro y shortcito ajustado. Ellos se despojan de camisas, revelando torsos tonificados, piel suave oliendo a protector solar y deseo. Te tumban en la cama king, sábanas de algodón egipcio frescas contra tu espalda ardiente.

Valeria recorre tu abdomen con las yemas de los dedos, bajando hasta el borde del short. —¿Qué es esto tan chulo? —pregunta, trazando el tatuaje en tu costado derecho, justo sobre el portal del hígado. Es un diseño delicado: tres líneas entrelazadas, la tríada portal del hígado, que te hiciste en la uni estudiando medicina. Simboliza las venas de la vida, el flujo de pasión que corre por dentro.

Es mi tríada portal del hígado —le explicas, voz temblorosa—. La arteria, la vena y el conducto... tres fuerzas que abren el portal al éxtasis.

Rodrigo ríe bajito, su aliento caliente en tu ombligo. —Entonces déjanos abrirlo, mi reina. Sus labios besan el tatuaje, lengua húmeda lamiendo la tinta, enviando chispas directas a tu clítoris. Valeria se une, sus uñas arañando suave tu piel, bajando el short y la tanga de un jalón. El aire fresco roza tu panocha ya mojada, el olor almizclado de tu excitación llenando la habitación.

Te abres para ellos, piernas temblando. Rodrigo besa tus muslos internos, mordiendo la carne tierna, mientras Valeria chupa tu pezón derecho, tirando con los dientes hasta que gimes alto. ¡Ay, cabrón, qué rico! Sientes su verga dura contra tu pierna, gruesa y pulsante. Valeria desliza dos dedos en tu entrada, curvándolos, tocando ese punto que te hace arquear la espalda. El sonido húmedo de su movimiento, chapoteo obsceno, se mezcla con tus jadeos y el lejano rumor del mar.

Esto es lo que necesitaba, ser devorada por esta tríada viva, sus bocas y manos abriendo mi portal.

Los minutos se estiran en eternidad de caricias. Cambian posiciones: tú encima de Rodrigo, su verga en tu mano, palpitando caliente, venas marcadas como las de tu tatuaje. La mamas despacio, saboreando el precum salado, mientras Valeria se sienta en su cara, él lamiéndole la panocha con avidez. Oyes sus gemidos ahogados, sientes el temblor de su cuerpo. Valeria te agarra el pelo, guiándote: —Más profundo, wey, trágatela toda.

El ritmo sube. Te montas en Rodrigo, su verga abriéndote centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. ¡Qué chingona se siente, estirándome, golpeando profundo! Valeria se pega a tu espalda, sus tetas suaves contra ti, dedos en tu clítoris frotando círculos rápidos. Besas a Rodrigo, lenguas enredadas, gusto a Valeria en su boca. Sudor perla vuestras pieles, goteando salado, el cuarto oliendo a sexo puro, a corrida inminente.

¡No pares, córrete conmigo! —gritas, mientras el orgasmo te parte en dos. Tu panocha aprieta su verga como puño, leche caliente inundándote, Valeria gimiendo en tu oído al correrse con tus dedos en ella. Ondas de placer recorren tu cuerpo, pulsos en el portal del hígado, como si la tríada despertara fuegos ancestrales. Colapsan juntos, enredados, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco.

Después, en la terraza bajo las estrellas, envueltos en albornoz suaves, beben vino tinto que sabe a bayas maduras. Valeria acaricia tu tatuaje de nuevo. —Tu tríada portal del hígado nos abrió el cielo, nena.

Rodrigo asiente, besándote la sien. —Vuelve mañana. Esta tríada apenas empieza.

Neta, esta noche cambió todo. El mar susurra promesas, y tú sabes que regresarás, adicta a este portal de placer infinito.

El viento tropical seca el sudor en tu piel, dejando un brillo satisfecho. Cierras los ojos, saboreando el afterglow, el eco de gemidos en tus oídos, el fantasma de sus toques. Mañana, más. Siempre más.

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