El Trio en Ingles que Siempre Anhele
La noche en Playa del Carmen estaba caliente como el infierno ese verano. El aire olía a sal marina mezclada con el humo de las parrilladas en la playa y el dulzor de los cocteles de coco que vendían en los chiringuitos. Yo, Ana, acababa de cumplir veintiocho y había llegado con mis amigas para un fin de semana de desmadre total. Vestida con un bikini diminuto cubierto por un pareo transparente, sentía la arena tibia entre los dedos de los pies mientras bailábamos al ritmo de un reggaetón que retumbaba desde los altavoces.
Ahí los vi. Dos güeyes gringos, altos, bronceados, con esa sonrisa pícara que te hace mojar las panties de inmediato. Uno era rubio, con ojos azules como el mar Caribe, y el otro moreno, con músculos que se marcaban bajo su camisa de lino abierta. Se llamaban Jake y Mike, y hablaban un inglés con acento texano que sonaba sexysísimo. Me acerqué con una cerveza en la mano, fingiendo que buscaba hielo, pero en realidad quería oírlos platicar.
"Hey beautiful, wanna dance?"me dijo Jake, extendiendo la mano. Su voz grave vibró en mi pecho como un tambor. Acepté, y pronto Mike se unió, pegándose por detrás. Sus cuerpos me rodeaban, el sudor de sus pieles rozando la mía, el olor a protector solar y colonia masculina invadiéndome las fosas nasales. Bailamos así un rato, sus manos en mi cintura, mis caderas moviéndose al compás, sintiendo cómo sus vergas se ponían duras contra mis nalgas y muslos.
La tensión crecía como una ola. ¿Qué carajos estoy haciendo? Dos gringos guapísimos, y yo en medio. Esto pinta para un trio en ingles que no voy a olvidar, pensé mientras lamía la sal de mis labios. Les hablé en mi inglés chapurreado, riéndonos de mis errores, y pronto nos fuimos a su hotel, un resort chido con vista al mar. En el elevador, Jake me besó el cuello, su barba raspando mi piel sensible, mientras Mike me apretaba las tetas por encima del pareo.
Entramos a la suite. La habitación olía a limpio, con velas aromáticas encendidas que parpadeaban suaves. Jake prendió música en inglés, algo suave y sensual como The Weeknd, y Mike abrió una botella de tequila reposado. ¡Salud, carnales! brindamos, el líquido ardiente bajando por mi garganta, calentándome el vientre. Nos sentamos en la cama king size, las sábanas blancas crujiendo bajo nuestro peso.
El beso empezó con Jake. Sus labios carnosos cubrieron los míos, su lengua explorando mi boca con sabor a tequila y menta. Mike observaba, su mano ya dentro de su short, masajeándose. Me encanta cómo me miran, como si fuera su cena. Me quité el pareo, quedando en bikini. Jake desató el lazo de arriba, mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras por el aire acondicionado. Mike se lanzó a mamar uno, succionando fuerte, mientras Jake lamía el otro. Gemí, el sonido ahogado en la habitación, mis manos enredadas en sus cabellos húmedos.
La ropa voló. Shorts, boxers, mi bikini inferior. Desnudos, sus vergas erectas me apuntaban como flechas. La de Jake era gruesa, venosa, con un glande rosado brillante de precum; la de Mike más larga, curva, palpitando. Las tomé, una en cada mano, sintiendo el calor, la suavidad de la piel sobre el acero duro.
"Suck it, baby,"murmuró Mike en inglés, y yo obedecí, arrodillándome. Primero la suya, metiéndomela hasta la garganta, el sabor salado inundando mi lengua, sus gemidos roncos animándome. Jake se masturbaba viéndonos, su mano subiendo y bajando con un chasquido húmedo.
Esto es el paraíso, un trio en ingles puro fuego. Me recostaron en la cama, piernas abiertas. Jake se hundió entre mis muslos, su lengua lamiendo mi clítoris hinchado, chupando mis labios vaginales empapados. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce. Mike me besaba, sus dedos pellizcando mis pezones, enviando chispas de placer por mi espina. Giré la cabeza y mamé su verga de nuevo, garganta profunda, saliva escurriendo por mi barbilla.
La intensidad subía. Jake metió dos dedos en mi panocha, curvándolos contra mi punto G, mientras su lengua no paraba. ¡Ay, cabrón, qué rico! grité en español, y ellos rieron.
"You like that, chica?"Cambiaron. Mike ahora me comía, su barba raspando mis muslos internos, haciendo que arqueara la espalda. Jake se puso de rodillas frente a mi cara, follándome la boca lento, profundo. Sentía sus bolas pesadas contra mi mentón, el olor masculino embriagador.
Quería más. Necesito sentirlos dentro, llenarme. Los empujé, montándome a horcajadas sobre Jake. Su verga entró de un jalón, estirándome deliciosamente, el roce de sus venas contra mis paredes internas. Reboté, tetas saltando, sudor perlando mi piel. Mike se paró detrás, escupiendo en mi ano, masajeando con un dedo.
"Ready for double, babe?"Asentí, ansiosa. Empujó despacio, la presión ardiente al principio, luego placer puro al llenarme el culo. Grité, el dolor convirtiéndose en éxtasis, sus vergas separadas solo por una delgada pared, frotándose mutuamente dentro de mí.
Nos movíamos en ritmo perfecto, como si hubiéramos ensayado. El slap slap de piel contra piel, gemidos en inglés y español mezclados: "Fuck yes!" "¡Chíngame más duro, güeyes!" Sudor goteaba de sus pechos a mi espalda, el olor a sexo saturando el aire. Mis uñas clavadas en los hombros de Jake, su aliento caliente en mi cuello. Mike me jalaría el pelo suave, controlando el vaivén. El orgasmo se acercaba, una ola gigante.
Primero exploté yo. Mi panocha se contrajo alrededor de Jake, chorros de jugos empapando sus bolas, el placer cegador, visión borrosa, grito gutural escapando de mi garganta. Ellos no pararon, follándome a través de las réplicas, mis piernas temblando. Jake gruñó primero, su verga hinchándose, llenándome de semen caliente que rebosaba, chorreando por mis muslos. Mike salió, eyaculando en mi espalda, chorros espesos y calientes salpicando mi piel, goteando hacia mis nalgas.
Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El ventilador del techo zumbaba suave, el mar rugía lejano a través de la ventana abierta. Jake me besó la frente, Mike acarició mi pelo.
"That was the best trio en ingles ever,"dijo Mike riendo, y todos nos carcajeamos, exhaustos y felices.
Me quedé ahí, entre ellos, piel pegajosa contra piel, el sabor de sus besos aún en mis labios. ¿Qué pedo con mi vida? Vine por unas vacaciones y encontré esto. No hay arrepentimientos, solo ganas de más. Al amanecer, el sol tiñó la habitación de oro, y mientras dormían, yo sonreí pensando en repetir. Ese trio en ingles había despertado algo salvaje en mí, un fuego que no se apagaría fácil.