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Videos Porno Gay Trios Que Despiertan El Fuego

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Videos Porno Gay Trios Que Despiertan El Fuego

Estaba solo en mi depa en la Roma, con el calor de la noche de CDMX colándose por la ventana entreabierta. El ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire cargado de humedad y ese olor a tierra mojada que queda después de la lluvia. Tenía el laptop en las piernas, sudando un poco bajo los shorts ajustados, y neta, no podía dormir. Busqué en el navegador videos porno gay trios, porque últimamente eso me traía loco. Esos clips donde tres vatos se enredan en un desmadre de cuerpos sudados, gemidos roncos y vergas tiesas chocando, me ponían la piel de gallina.

Vi uno: dos morenos musculosos y un flaco lampiño como yo, en una cama deshecha. El primero le chupaba la verga al segundo mientras el tercero les metía los dedos por el culo. El sonido de lenguas húmedas, jadeos entrecortados y carne palmoteándose me tenía la verga palpitando contra la tela. Pinche wey, pensé,

esto es lo que necesito, no solo verlo, sino sentirlo
. Me toqué por encima del short, imaginando sus alientos calientes en mi cuello, el sabor salado de su sudor en la lengua. Pero solo no era suficiente. Saqué el cel y abrí Grindr. "Busco duo para recrear videos porno gay trios, ¿quién se anima, carnales?" Mandé el mensaje con una foto mía en calzones, la verga marcada.

No pasaron ni diez minutos cuando Marco respondió. "Órale, güey, mi carnal Luis y yo estamos en la misma. Ven a Polanco, traemos chela y ganas." Marco era un morro de gym, 28 años, con tatuajes en los brazos y una sonrisa que prometía desmadre. Luis, su compa inseparable, un poco más alto, con barba recortada y ojos que te desnudan. Les mande mi ubicación y en Uber llegué a su penthouse, el corazón latiéndome como tambor en quinceañera. El elevador subía lento, oliendo a limpio y a colonia cara, y yo ya sentía el pulso en la entrepierna.

Me abrieron la puerta con playeras sin mangas que marcaban pechos firmes y shorts deportivos que dejaban poco a la imaginación. "Pásale, rey", dijo Marco con voz grave, dándome un abrazo que duró lo justo para rozar su paquete contra el mío. Luis me guiñó el ojo, "Ya vimos tus videos porno gay trios favoritos, carnal, vamos a mejorarlos". El depa era chido: luces tenues, música electrónica bajita con bajos que vibraban en el pecho, y en la tele pausado justo un video porno gay trios con tres chavos en pose similar. Olía a velas de vainilla y algo más, como testosterona fresca.

Nos sentamos en el sofá de piel suave, que crujía bajo nuestro peso. Chela fría en mano, brindamos. "Por las noches que no olvidamos", dijo Luis, su muslo presionando el mío. Hablamos pendejadas al principio: del gym, del tráfico en Insurgentes, pero la tensión crecía como tormenta. Marco puso su mano en mi nuca, masajeando lento. Su piel era cálida, áspera por el vello corto. "Cuéntanos qué te prende de esos videos", murmuró cerca de mi oreja, su aliento con sabor a cerveza y menta.

Yo tragué saliva, la garganta seca. "Neta, el roce de tres cuerpos, sentirte lleno por todos lados." Luis se acercó por el otro lado, su mano bajando a mi pecho, pellizcando un pezón por encima de la playera.

Pinche rico, pensé, esto va a ser mejor que cualquier video porno gay trios
. Nos besamos primero Marco y yo, sus labios carnosos devorándome la boca, lengua invasora saboreando mi saliva. Luis nos miraba, tocándose por encima del short, la verga endureciéndose visible. El beso se volvió trio: tres lenguas danzando, húmedas y urgentes, chupando labios, mordiendo suaves. Olía a sus axilas limpias sudando excitación, un aroma macho que me mareaba.

Nos quitamos la ropa despacio, saboreando cada revelación. Mi playera voló, luego sus shorts. Ver las vergas saltar libres me dejó boquiabierto: Marco grueso y venosa, Luis larga y curva, la mía tiesa palpitando. Tocamos, exploramos. Luis me jaló al suelo, alfombra mullida bajo rodillas. "Chúpamela, guapo", ordenó suave, y yo obedecí, boca llena de su verga caliente, salada por el precum. Marco detrás, lamiéndome el culo, lengua húmeda hurgando mi ano, haciendo círculos que me erizaban. Gemí alrededor de la polla de Luis, vibraciones que lo hicieron jadear "¡Órale, qué chido!". El sonido de succiones, saliva chorreando, y nuestros resuellos llenaban el aire.

La intensidad subía. Me levantaron como si nada, músculos flexionados. Marco se acostó en el sofá, verga al cielo. "Siéntate, mi rey." Lo hice, empalándome lento en su grosor. Ardía, estirándome delicioso, cada vena rozando mis paredes. Dolor placer mezclado, sudor goteando de mi espalda. Luis escupió en su mano, lubricando su verga, y se posicionó atrás. "Relájate, carnal", susurró, besando mi hombro. Entró despacio, centímetro a centímetro, hasta que los dos me llenaban, fricción increíble.

Como en esos videos porno gay trios, pero real, sus pulsos latiendo contra mí
.

Empezamos a movernos, ritmo sincronizado. Yo subía y bajaba en Marco, su verga golpeando mi próstata, mientras Luis me taladraba atrás, bolas palmoteando mi culo. Manos everywhere: Marco apretando mis nalgas, Luis pellizcando pezones, yo masturbándome la verga goteante. Gemidos se volvían gritos: "¡Más duro, pendejo!", "¡Sí, así, fóllame!". Sudor chorreaba, pieles resbalosas chocando con plaf plaf, olor a sexo puro, almizcle y semen próximo. Besos desordenados, lenguas lamiendo cuellos salados. Sentía sus corazones acelerados contra mi pecho y espalda, alientos calientes en orejas.

El clímax se acercaba como ola. Marco gruñó primero, "Me vengo, cabrón", llenándome con chorros calientes que lubricaban más. Eso me disparó: eyaculé en mi mano y pecho, espasmos sacudiéndome, visión borrosa de placer. Luis siguió embistiendo, prolongando mi orgasmo, hasta que se corrió adentro con un rugido gutural, semen caliente mezclándose. Colapsamos en un enredo de extremidades temblorosas, pechos agitados, risas ahogadas.

Después, en la ducha compartida, agua caliente lavando fluidos, jabón espumoso resbalando por músculos relajados. Nos besamos suaves, toques tiernos. "Neta, mejor que cualquier video porno gay trios", dije yo, voz ronca. Marco sonrió, "Somos el mejor trío, wey". Secos, en la cama king size, chela nueva en mano, hablamos de repetirlo. Su piel contra la mía tibia, olor a limpio y satisfacción. Me dormí entre ellos, el corazón pleno, sabiendo que esa noche había cruzado de espectador a protagonista. El fuego despertado no se apagaría fácil.

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