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El Placer Oculto de la Portal Triad Histology

7304 palabras

El Placer Oculto de la Portal Triad Histology

La noche en mi depa de Polanco estaba chida, con el viento fresco colándose por la ventana entreabierta y el olor a café recién molido flotando en el aire. Yo, Karla, estudiante de medicina en la UNAM, me clavaba en mis apuntes de histología hepática. La portal triad histology me traía de cabeza: esa tríada mágica de vena porta, arteria hepática y conducto biliar, como un portal secreto al hígado. Neta, era fascinante, pero jodidamente complicada de visualizar solo en diagramas.

¿Y si pudiéramos estudiarlo en vivo? En carne propia.
Ese pensamiento travieso me hizo sonrojarme sola, mientras oía el timbre. Eran Diego y Sofía, mis compas de clase, con pizzas y chelas en mano. Habíamos quedado para una sesión de estudio intensiva porque el examen de patología estaba encima.

Diego, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me ponía la piel chinita, dejó las cajas en la mesa de centro. Sofía, curvilínea, con el pelo negro suelto y ojos que prometían aventuras, me abrazó fuerte, su perfume a vainilla invadiendo mis sentidos. Órale, qué bien huelen los dos, pensé, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

—Neta, Karla, la portal triad histology me va a matar —dijo Diego, tirándose en el sofá, su pierna rozando la mía accidentalmente. El contacto fue eléctrico, como una descarga suave que me erizó los vellos.

—Yo tampoco le entiendo —agregó Sofía, sentándose al otro lado, tan cerca que su muslo cálido presionaba contra el mío—. Pero con tu depa tan chingón y buena compañía, se hace más llevadero.

Empezamos con los apuntes proyectados en la tele. El diagrama de la tríada portal brillaba en colores: azul para la vena, rojo para la arteria, verde para el biliar. Explicábamos, dibujábamos, pero la tensión crecía. Cada vez que Diego señalaba el "portal", su dedo rozaba mi mano. Sofía reía bajito, su aliento cálido en mi oreja cuando se inclinaba.

La primera chela bajó fácil, lubricando las risas. Me late cómo me miran, internalicé, notando cómo mis pezones se endurecían bajo la blusa ligera. El ambiente se cargaba: el zumbido del ventilador, el crujir de las bolsas de papas, el sabor salado en la lengua.

Pasaron las horas, y la fatiga dio paso a algo más primal. Diego propuso: —Para entender mejor la portal triad histology, hay que imaginarla en tres dimensiones. Como... en cuerpos reales.

Sofía alzó una ceja, juguetona. —No mames, ¿estás sugiriendo un modelo anatómico vivo?

Mi corazón latió fuerte, el pulso retumbando en mis sienes.

¿Y si decimos que sí? ¿Y si dejamos que la ciencia se vuelva placer?
La idea me mojó entre las piernas, un calor húmedo que empapaba mis panties.

Pos hagámoslo —dije, voz ronca, sorprendiéndome—. Empecemos por lo básico. Desnúmonos y exploremos como histólogos de verdad.

Hubo un silencio cargado, miradas que se devoraban. Diego se paró primero, quitándose la playera, revelando un torso definido, músculos que olían a sudor limpio y loción. Sofía lo siguió, su falda cayendo como seda, tetas firmes saltando libres, pezones oscuros erectos. Yo temblaba, pero el deseo me impulsaba: blusa fuera, jeans deslizándose, quedando en brasier y tanga negra.

Nos recargamos en el sofá amplio, piel contra piel. El tacto era exquisito: Diego's mano áspera en mi muslo, Sofía's uñas suaves arañando mi espalda. —Aquí está el portal —murmuró Diego, su palma bajando a mi vientre, dedos trazando un círculo imaginario sobre mi monte de Venus—. La entrada a lo profundo.

Sofía rio suave, besando mi cuello, lengua húmeda dejando rastro salado. —Y la tríada: flujo sanguíneo acelerado —dijo, presionando su mano en mi pecho, sintiendo mi corazón galopante—, arteria pulsando —rozó mi clítoris por encima de la tela—, y el conducto... listo para liberar.

La escalada fue gradual, como una disección precisa. Me recosté, piernas abiertas, mientras ellos estudiaban mi "histología". Diego besó mi interior de muslo, barba incipiente raspando deliciosamente, olor a mi excitación mezclándose con su aliento mentolado. Sofía chupó mi teta derecha, succionando fuerte, mandíbulas trabajando, mientras su mano se colaba en mi tanga, dedos hundiéndose en mi panocha empapada.

¡Qué rico! Cada roce como un microscopio ampliando placeres ocultos. Gemí, arqueándome, el sonido gutural rebotando en las paredes. Diego se arrodilló, lamiendo mi botón con lengua experta, círculos lentos que me hacían jadear. Sofía se montó en mi cara, su concha rosada y jugosa bajando sobre mi boca. La probé: salada, dulce, musk almizclado invadiendo mi nariz.

—Cógeme la lengua, Karla —suplicó ella, caderas ondulando, jugos chorreando por mi barbilla. Yo lamía ansiosa, aspirando su esencia, mientras Diego metía dos dedos en mí, curvándolos contra mi punto G, el squelch húmedo audible.

Cambiámos posiciones, tensión rompiéndose en olas. Diego se desnudó del todo, su verga gruesa saltando libre, venosa como la propia tríada portal, cabeza brillante de precum. Sofía la tomó en mano, masturbándolo lento, mientras yo lo chupaba, labios estirándose alrededor, sabor salobre en la lengua, garganta acomodándose a su longitud.

Estás cañón, Diego —jadeé, saliva conectándonos. Él gruñó, manos en mi pelo, follando mi boca con ritmo creciente.

La intensidad psicológica era brutal:

Esto es nuestra tríada, nuestra portal triad histology viva, conectándonos en éxtasis
. Sofía se unió, lamiendo sus bolas, nuestras lenguas chocando en un beso alrededor de su pija.

Finalmente, el clímax se avecinaba. Diego me penetró primero, de misionero, verga abriéndose paso en mi interior apretado, estirándome hasta el fondo. Cada embestida profunda, golpes contra mi cervix enviando chispas. Sofía se frotaba contra mi clítoris, tetas rebotando, sudor perlando su piel dorada.

—Más fuerte, cabrón —lo incité, uñas clavadas en su espalda ancha. Él aceleró, piel cacheteando piel, olor a sexo denso en el aire, gemidos sincronizados como un coro.

Sofía alcanzó el orgasmo primero, cuerpo convulsionando sobre mí, chorro caliente salpicando mi vientre. Yo la seguí, paredes vaginales contrayéndose alrededor de Diego, placer cegador explotando desde mi núcleo, grito ahogado en su boca.

Él se retiró, eyaculando en chorros espesos sobre nuestros pechos, semen caliente goteando, marcándonos.

El afterglow fue puro. Nos derrumbamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones calmándose, piel pegajosa enfriándose. Diego besó mi frente, Sofía acurrucada en mi costado, dedos entrelazados.

—La mejor clase de portal triad histology ever —susurró él, riendo bajito.

Sí señor, neta que sí —respondí, saboreando el regusto salado en mis labios.

En esa noche, la anatomía dejó de ser líneas en papel. Se volvió tacto, sabor, conexión. Nuestra tríada personal, portal a placeres infinitos.
El amanecer tiñó las cortinas, pero nosotros nos quedamos así, satisfechos, listos para más "estudios".

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