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The Weeknd Try Me Noche de Fuego

6687 palabras

The Weeknd Try Me Noche de Fuego

La noche en el rooftop de Polanco vibra con el bajo profundo de The Weeknd. Sientes el pulso de la ciudad latiendo bajo tus pies, luces neón parpadeando como promesas rotas. El aire huele a mezcal ahumado y jazmín flotando desde los maceteros, mientras el viento cálido acaricia tu piel expuesta en ese vestido negro ceñido que elegiste para sentirte pinche poderosa. Tomas un sorbo de tu drink, el limón picante en tu lengua, y ahí lo ves: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que grita problemas del chidos.

La canción cambia y Try Me de The Weeknd inunda los altavoces. "Trust me, girl, don't test me", canta la voz seductora, y él se acerca bailando, su cuerpo moviéndose con una fluidez que te eriza la piel. Sus ojos oscuros te clavan, como si ya supiera todos tus secretos. "Órale, wey", piensas, "este pendejo sabe lo que hace". Te extiende la mano, y sin pensarlo dos veces, la tomas. Sus dedos fuertes envuelven los tuyos, cálidos y firmes, enviando chispas directo a tu vientre.

¿Por qué carajos no? Es viernes, la neta me lo merezco después de esa semana de mierda en la oficina.

Bailean pegados, su pecho duro rozando tu espalda. Sientes el calor de su aliento en tu cuello, oliendo a tequila y hombre. Sus caderas se presionan contra las tuyas al ritmo, lento y provocador. "The Weeknd try me", murmura él cerca de tu oreja, su voz grave vibrando en tu espina. "Pruébame, preciosa. No te vas a arrepentir". Ríes, juguetona, girándote para mirarlo de frente. "Ah ¿sí? ¿Y qué pasa si te pruebo y no das la talla, carnal?"

Se ríe, esa risa ronca que te hace mojar las bragas. "Ven y descúbrelo". El deseo crece como el humo de un cigarro, envolviéndolos. Sus manos bajan a tu cintura, apretando justo lo suficiente para que sientas su erección creciente contra tu muslo. El mundo se reduce a eso: su tacto áspero, el sudor perlado en su clavícula que quieres lamer, el sabor salado imaginado en su piel.

La tensión sube con cada giro. Él te besa el lóbulo de la oreja, sus labios suaves contrastando con la barba incipiente que raspa delicioso. "Métetela, wey", te dices, pero esperas, saboreando el juego. Hablan tonterías entre risas: de la pinche ciudad que nunca duerme, de cómo el mezcal quema mejor que cualquier beso. Pero sus ojos dicen otra cosa, prometen noches sin fin.

De pronto, te jala hacia la salida. "Vamos a mi depa, está aquí cerquita". Asientes, el corazón tronando como tambores. En el taxi, sus manos no paran: recorren tus muslos, subiendo el vestido apenas, dedos juguetones rozando el encaje de tu tanga. El conductor ni existe. Lo besas con hambre, su lengua invadiendo tu boca, saboreando a ron y menta. Gimes bajito cuando aprieta tu nalga, el auto traqueteando por las calles empedradas de la colonia.

Llegan al edificio moderno, ascensor privado oliendo a madera pulida. Apenas cierran la puerta, te empotra contra la pared. Sus besos son fieros ahora, mordiendo tu labio inferior, chupando tu cuello hasta dejarte marca. "Eres deliciosa, mamacita", gruñe, quitándote el vestido de un tirón. Quedas en lencería, tetas al aire con el bra push-up, pezones duros como piedritas.

Neta, este wey me va a volver loca. Siento mi coño palpitando, rogando por él.

Te carga como si no pesaras nada, piernas alrededor de su cintura, y te lleva a la recámara. La cama king size con sábanas de algodón egipcio espera, luz tenue de la luna colándose por las cortinas. Te tumba suave, pero sus ojos arden. Se quita la camisa, revelando abdominales marcados, vello oscuro bajando al V de su pantalón. Lo jalas hacia ti, manos explorando su pecho firme, uñas arañando leve para oírlo jadear.

"Desnúdate", ordenas, voz ronca. Él obedece, pantalón cayendo, polla saltando libre: gruesa, venosa, goteando pre-semen. La tocas, piel aterciopelada sobre acero, y él gime "¡Carajo!". La mamas despacio, lengua girando la cabeza, saboreando su salinidad musgosa. Él enreda dedos en tu pelo, guiándote sin forzar, caderas empujando gentil. El olor de su excitación te marea, mezcla de sudor limpio y macho puro.

No aguanta más. Te voltea boca abajo, nalga en alto. Besa tu espalda, lengua trazando la curva de tu espina, hasta llegar a tu culo. Separa tus labios, lamiendo tu clítoris con maestría. Gritas, placer eléctrico subiendo por tus piernas. "¡Sí, wey, así!" Su lengua penetra, chupando tu jugo dulce, dedos curvándose dentro de ti rozando ese punto que te hace temblar. Sientes el orgasmo construyéndose, vientre contrayéndose, pero él para. "Aún no, princesa".

Te pone de rodillas, polla en tu entrada. "Dime que la quieres". "¡Métemela ya, pendejo!" Empuja lento, estirándote delicioso, centímetro a centímetro. Llenándote hasta el fondo, su pubis chocando tu clítoris. Empieza a bombear, fuerte y profundo, cama crujiendo, pieles palmoteando. Sudor gotea de su frente a tu espalda, resbaloso y caliente. Agarras las sábanas, gemidos escapando: "¡Más duro!". Él obedece, una mano en tu cadera, otra pellizcando tu pezón.

Cambian posiciones: tú encima, cabalgándolo como reina. Sus manos en tus tetas, amasándolas, pulgares en pezones. Rebotas, polla golpeando profundo, clítoris frotando su base. Lo miras, ojos conectados, "The Weeknd try me", susurras recordando la canción, y él ríe entre jadeos: "Te probé y me ganaste". El clímax explota: paredes convulsionando alrededor de él, jugos chorreando, grito ahogado en tu garganta. Él te sigue, gruñendo, llenándote de semen caliente, pulsos interminables.

Colapsan juntos, cuerpos enredados, respiraciones entrecortadas. Su piel pegajosa contra la tuya, corazón latiendo al unísono. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Eres la neta", murmura, acariciando tu pelo. Ríes bajito, dedo trazando su pecho.

Esta noche fue fuego puro. No sé si lo vuelva a ver, pero carajos, valió cada segundo.

Duermes un rato, envuelta en su calor, el aroma de sexo impregnando la habitación. Al amanecer, se despiertan con besos lentos, manos explorando de nuevo, pero esta vez tierno. Café en la terraza, platicando de todo y nada, promesas vagas de repetir. Sales con piernas flojas, sonrisa tonta, sabiendo que The Weeknd try me se convirtió en tu himno personal de noches inolvidables.

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