Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Sexo Gay Trio Inolvidable Sexo Gay Trio Inolvidable

Sexo Gay Trio Inolvidable

5804 palabras

Sexo Gay Trio Inolvidable

La noche en el rooftop de ese departamento en la Condesa estaba que ardía. El skyline de la Ciudad de México brillaba con luces neón y el aire traía ese olor a tacos de la calle mezclándose con el humo de los cigarros electrónicos. Yo, Alex, había llegado con unos cuates a echar la plática y unas chelas, pero desde que pisé el lugar, mis ojos no se despegaban de ellos. Marco, el moreno alto con tatuajes que le cubrían los brazos como un mapa de aventuras, y Luis, el güero atlético con sonrisa pícara que parecía sacado de una novela de Instagram. Neta, los dos eran un pinche sueño.

Estábamos en el bar improvisado, con reggaetón retumbando bajito para no despertar a los vecinos. Marco se acercó primero, con una cerveza en la mano y esa mirada que dice "te voy a comer con los ojos".

¿Qué chingados hago? ¿Me lanzo o me hago el difícil?
pensé, mientras sentía el pulso acelerado en las sienes. "Órale, carnal, ¿vienes seguido por acá?", me soltó, su voz grave como un ronroneo. Luis se unió riendo, rozándome el brazo con los dedos. Su piel estaba caliente, olía a colonia cara con un toque de sudor fresco. "Simón, wey, pero esta noche pintamos para algo más heavy", agregó guiñándome.

La tensión creció como la espuma de una chela recién abierta. Hablamos pendejadas: del gym, de la vida en la CDMX, de cómo el tráfico te pone de malas. Pero cada roce accidental –su rodilla contra la mía, el aliento de Marco en mi oreja– era como electricidad. Sexo gay trio, se me cruzó por la mente cuando los vi mirándose entre sí, cómplices. ¿Estarían pensando lo mismo? Mi verga ya se quejaba en los jeans, dura como piedra.

Acto dos: La escalada

No sé quién lo propuso primero, pero de repente los tres estábamos en el elevador bajando al depa de Marco, un lugar chido con ventanales enormes y una cama king size que gritaba "aquí se arma el desmadre". La puerta se cerró y Luis me acorraló contra la pared, sus labios chocando con los míos. Sabían a tequila y menta, su lengua explorando mi boca con hambre. Marco nos veía, mordiéndose el labio, y se unió por detrás, besándome el cuello mientras sus manos me bajaban el zipper.

¡Qué rico! Dos cuerpos presionándome, dos vergas palpitando contra mí. Esto es el cielo, pendejo.

Caímos en la cama enredados. El cuarto olía a macho: sudor limpio, feromonas que te marean. Marco se quitó la playera, revelando un torso esculpido, pezones oscuros endurecidos. Luis lo jaló hacia él para un beso profundo, y yo me quedé mirando, tocándome por encima del bóxer. "Ven, Alex, no te quedes ahí nomás", gruñó Marco. Me lancé, lamiendo el pecho de Luis, sintiendo el vello ralo bajo la lengua, salado y delicioso. Sus gemidos llenaban el aire, graves y roncos, como un bajo en una rola de Peso Pluma.

Las manos everywhere. Marco me chupaba los huevos mientras Luis me metía la verga hasta la garganta. Qué mamada tan cabrona, pensé, las lágrimas de placer en los ojos. Mi lengua jugaba con la cabeza de Luis, venosa y gorda, probando el precum salado que chorreaba. El sonido era obsceno: chupadas húmedas, jadeos, la cama crujiendo. Me voltearon como a un pinche muñeco, y de pronto tenía el culazo de Marco en la cara. "Lámeme, wey, métame la lengua", ordenó, y obedecí. Su ano era cálido, musgoso, se contraía con cada lamida. Luis meanwhile me untaba lubricante frío en el culo, un dedo, dos, abriéndome despacio.

La intensidad subía. Sudábamos como locos, el cuarto un sauna de testosterona.

¿Cuánto más aguanto sin reventar?
Marco se puso de rodillas, yo atrás embistiéndolo con mi verga lubricada, sintiendo sus paredes calientes apretándome como un guante. Luis se metió en mi culo, su vergón gruesa rompiéndome en dos de placer. Era un tren: yo a Marco, Luis a mí. Cada estocada mandaba ondas de éxtasis, piel contra piel chapoteando, bolas golpeando culos. "¡Ay, cabrón, qué rico tu culo!", gritó Marco. "¡Dame más, pendejos!", supliqué yo, perdido en el ritmo.

Cambiábamos posiciones como en un baile sucio. Luis debajo, yo cabalgándolo mientras Marco me la metía por delante –no, espera, adaptamos al sexo gay trio perfecto: frotándonos vergas, 69 múltiple, uno chupando mientras el otro penetra. El olor a semen inminente flotaba, mezclado con nuestro sudor. Gemidos se volvían gritos: "¡Sí, wey! ¡Métela toda! ¡Me vengo!" La tensión psicológica era brutal –miradas cargadas de lujuria, besos mordidas, confesiones susurradas como "neta nunca había sentido esto tan chingón".

El clímax y el afterglow

El pico llegó como un volcán. Marco explotó primero, chorros calientes en mi pecho, su cuerpo temblando contra el mío. Ese calor pegajoso, el olor alcalino del semen fresco, me empujó al borde. "¡Ya, cabrones!", rugí, descargando dentro de Luis mientras él me llenaba el culo con su leche espesa. Ondas de placer puro, pulsos interminables, el mundo reduciéndose a esa cama empapada. Colapsamos en un montón de carne jadeante, corazones latiendo al unísono.

El silencio post-sexo era bendito. Acariciadas perezosas, besos suaves. Marco me limpió con la lengua, probando su propio sabor en mi piel. Luis fumaba un cigarro en la ventana, el humo saliendo en espirales, mientras yo me acurrucaba entre ellos.

Esto no fue solo un polvo. Fue conexión, wey. Algo que cambia la pinche perspectiva.

Al amanecer, con el sol tiñendo las sábanas de dorado, nos despedimos con promesas de más noches así. Bajé a la calle oliendo a ellos, con el culo adolorido pero el alma plena. El sexo gay trio inolvidable que me dejó queriendo más, neta.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.