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Pruébame La Letra de The Weeknd Try Me

6145 palabras

Pruébame La Letra de The Weeknd Try Me

La música retumbaba en el club de Polanco, ese lugar chido donde la noche se siente viva, con luces neón bailando sobre cuerpos sudados y el aire cargado de perfume caro y deseo fresco. Tú estabas ahí, wey, recargado en la barra con un tequila en la mano, el hielo crujiendo contra el cristal mientras observabas la pista. El DJ soltó The Weeknd, y de pronto esa rola pegajosa, Try Me, invadió todo. La letra se colaba en tu cabeza: "Trust me, girl, you don't wanna do this". Pero neta, esa voz suave y oscura te ponía en mood.

Entonces la viste. Alta, con curvas que el vestido negro ajustado delineaba como un pecado hecho a mano. Su piel morena brillaba bajo las luces, el cabello suelto cayendo en ondas salvajes. Bailaba sola, pero sus ojos te cazaron desde la pista. Te sonrió, una de esas sonrisas que dicen ven, pruébame. El corazón te latió fuerte, como el bajo que vibraba en tu pecho. Te acercaste, el olor a su perfume –jazmín y algo picante– te golpeó antes que su voz.

¿Te gusta la letra de The Weeknd Try Me? –me soltó ella, inclinándose para que su aliento cálido te rozara la oreja–. Porque yo sí. Me hace pensar en juegos peligrosos... pero chidos.

Sentiste un cosquilleo en la nuca, el primer roce de su mano en tu brazo, suave como seda pero firme como una promesa.

¿Qué chingados, wey? Esto va en serio
, pensaste, mientras el tequila te quemaba la garganta y su risa te envolvía como humo.

La noche avanzaba lenta, como un striptease. Bailaron pegados, sus caderas ondulando contra las tuyas al ritmo de la rola que no paraba de sonar en loop en tu mente. Sudor mezclado, el sabor salado de su cuello cuando la besaste por primera vez –dulce, con un toque de ron–. Ella se apretó más, sus tetas firmes presionando tu pecho, y susurró:

–Pruébame, carnal. Trust me, no te vas a arrepentir.

El deseo crecía, un fuego bajo que te hacía apretar los dientes. La llevaste a un rincón oscuro del club, donde las luces apenas llegaban. Sus labios carnosos devoraron los tuyos, lenguas enredadas, el gemido suave que escapó de su garganta vibrando en tu boca. Manos explorando: las tuyas en su culo redondo, apretándolo mientras ella te clavaba las uñas en la espalda. Pinche calor, sentiste el calor de su coño a través del vestido, húmedo ya, invitándote.

–Vamos a mi depa –dijo ella, ojos brillantes de lujuria–. Ahí sí te dejo oír la letra completa... en mi piel.

El taxi fue tortura. Sus manos en tus muslos, subiendo peligrosamente, el taxista fingiendo no ver. Llegaron a su penthouse en Reforma, minimalista y lujoso, con vistas a la ciudad que parpadeaba como estrellas caídas. La puerta se cerró y ella te empujó contra la pared, desabrochándote la camisa con dedos ansiosos. Olía a ella por todos lados: sexo inminente, piel caliente, el leve aroma de su excitación flotando en el aire.

Acto dos: la escalada. Se quitó el vestido de un tirón, quedando en tanga negra y nada más. Sus chichis perfectos, pezones duros como balas, te llamaban. La besaste por todo el cuerpo: el sabor salado de su ombligo, el gemido ronco cuando lamiste sus tetas, chupando hasta que arqueó la espalda.

Neta, esta morra es fuego puro
, rugía tu mente mientras ella te bajaba el pantalón, su mano envolviendo tu verga dura como piedra.

Mira qué pinga tan rica –ronroneó, masturbándote lento, el pulgar en la punta húmeda–. La letra de The Weeknd Try Me dice que no me atreva... pero yo digo pruébame.

La cargaste al sofá de piel, tumbándola con cuidado. Besos en el interior de sus muslos, el olor almizclado de su panocha mojada volviéndote loco. Lamiste despacio, lengua en su clítoris hinchado, saboreando su jugo dulce y salado. Ella se retorcía, manos en tu pelo, gritando ¡ay, wey, no pares!. Dedos adentro, curvados, encontrando ese punto que la hacía jadear, el sonido húmedo de su excitación llenando la habitación. El pulso te martilleaba las sienes, tu verga palpitando contra el sofá, rogando entrar.

Pero esperaste, construyendo la tensión. Ella se puso de rodillas, ojos fijos en los tuyos, y se la tragó entera. Boca caliente, lengua girando, el gluglú de su garganta mientras te mamaba como diosa. Sentiste las bolas apretadas, el sudor chorreando por tu espalda. Pinche morra sabe, pensaste, agarrándole el pelo suave.

La levantaste, la pusiste a horcajadas. Su concha resbalosa rozando tu punta, bajando lento, centímetro a centímetro. ¡Chingado! Estrecha, caliente, envolviéndote como guante de terciopelo mojado. Empezaron a moverse, ella cabalgándote fuerte, tetas rebotando, uñas en tu pecho. El slap slap de piel contra piel, sus gemidos mezclados con la ciudad allá afuera. Cambiaron: de perrito, tu verga hundiéndose profundo, nalgadas suaves que la hacían gritar ¡más, cabrón!. Sudor goteando, el olor a sexo crudo impregnando todo.

La tensión subía, espiral imparable. Sus paredes apretándote, tu pulso acelerado, respiraciones jadeantes.

Ya mero, no aguanto
. Ella se corrió primero, un grito ahogado, cuerpo temblando, jugos chorreando por tus bolas. Tú la seguiste, explotando dentro, chorros calientes llenándola mientras el mundo se volvía blanco.

Acto tres: el resplandor. Cayeron enredados, piel pegajosa, corazones latiendo al unísono. Ella acurrucada en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. El aire olía a nosotros, a afterglow dulce. Afuera, la ciudad susurraba, pero adentro solo paz.

La letra de The Weeknd Try Me siempre me prende –murmuró, besándote el hombro–. Pero contigo... fue real.

Tú sonreíste, acariciándole el cabello.

Pinche noche épica, wey. Y apenas empieza
. Se durmieron así, envueltos en sábanas revueltas, el eco de la música aún latiendo en sus venas. Mañana sería otro día, pero esa noche, la probaron mutuamente... y valió cada letra.

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