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El Ardiente Trío HMH Bisexual

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El Ardiente Trío HMH Bisexual

La noche en Polanco estaba viva con el pulso de la ciudad que nunca duerme. Las luces de neón se colaban por las ventanas de la casa de mi amiga Lupe, donde la fiesta bullía como un volcán a punto de estallar. Yo, Ana, con mi vestido rojo ceñido que marcaba cada curva de mi cuerpo, me movía entre la gente sintiendo el calor de los cuerpos rozándome, el olor a tequila y perfume caro flotando en el aire. Neta, qué chido todo esto, pensé mientras sorbía mi cuba libre, el hielo crujiendo contra mis dientes.

Ahí lo vi: Marco, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me hacía cosquillas en el estómago. Lo conocía de unas fiestas anteriores, siempre coqueto pero nunca hasta el fondo. Sus ojos cafés me devoraban mientras bailábamos pegaditos, su mano en mi cintura bajando despacito hasta mi nalga. Órale, cabrón, murmuré en su oído, sintiendo su aliento caliente en mi cuello, un olor a colonia fresca con un toque de sudor masculino que me erizaba la piel.

—Ven, te presento a alguien —me dijo Marco, jalándome de la mano hacia un rincón más íntimo de la terraza. Ahí estaba Luis, su carnal de toda la vida, rubio quemado por el sol de Acapulco, con músculos definidos bajo la camisa ajustada. Los dos eran como yin y yang, pero con una química que saltaba chispas. Luis me miró con ojos verdes intensos, y sentí un cosquilleo entre las piernas.

¿Qué pasa aquí? ¿Un trío HMH bisexual en potencia? Neta, mi cuerpo ya responde solo
, pensé, mientras ellos intercambiaban una mirada cargada de complicidad.

La conversación fluyó como el mezcal: risas, roces casuales, confesiones bajito. Marco admitió que él y Luis habían experimentado antes, que les prendía la idea de compartir con una mujer como yo, fuerte y sin prejuicios. —Un trío HMH bisexual, dijo Luis con voz ronca, su mano rozando mi muslo por debajo de la mesa. —Consensuado, chulo, todo con respeto y puro placer. ¿Te late?

Mi corazón latía como tamborazo zacatecano. El deseo me subía por la espina dorsal, caliente y pegajoso. Sí, pinches weyes, me late verga. Asentí, y en minutos estábamos en la habitación de huéspedes, la puerta cerrada con seguro, el ruido de la fiesta un eco lejano. El aire olía a sábanas frescas y a nuestra excitación creciente, ese aroma almizclado que hace agua la boca.

Acto primero: la tensión inicial se deshizo con besos suaves. Marco me besó primero, sus labios carnosos probando los míos con sabor a ron, su lengua explorando mi boca mientras Luis me abrazaba por detrás, sus manos grandes subiendo por mis costados. Sentí sus erecciones presionando contra mí, dura una contra mi vientre, la otra contra mi culo. Qué rico, dos vergas listas para mí, gemí internamente, el tacto de sus pieles cálidas enviando ondas de placer por mis nervios.

Luis desabrochó mi vestido, que cayó al piso como una cascada roja. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. Marco se arrodilló, lamiendo mi ombligo, bajando hasta mi tanga empapada. El sonido de su respiración agitada, el roce de su barba incipiente en mi piel sensible... ay, cabrón. Luis chupaba mi cuello, mordisqueando suave, sus dedos pellizcando mis pezones con justo la presión que me volvía loca.

Estás rica, Ana —susurró Luis, y yo respondí arqueándome contra él. La habitación se llenaba de nuestros jadeos, el olor a sexo empezando a impregnar todo. Marco quitó mi tanga con los dientes, su aliento caliente en mi concha húmeda. Lamidas lentas, su lengua girando en mi clítoris, saboreando mis jugos salados y dulces. Gemí fuerte, agarrando el pelo de Luis mientras él besaba a Marco sobre mi monte de Venus, un beso bisexual que me prendió como mecha.

El medio acto escaló: los vi quitarse la ropa, sus cuerpos desnudos brillando bajo la luz tenue. Veras gruesas, venosas, apuntando al cielo.

Pinche trío HMH bisexual soñado, con estos dos morros bi que se comen entre sí por mí
. Me tumbé en la cama, ellos flanqueándome. Marco entre mis piernas, embistiéndome despacio, su verga llenándome centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso haciendo que mis paredes internas se contrajeran. Luis en mi boca, su sabor salado a pre-semen en mi lengua, follándome la garganta con cuidado, sus bolas peludas rozando mi barbilla.

Cambiaron posiciones, el sudor nos unía como pegamento. Luis ahora adentro, más rudo, sus caderas chocando contra las mías con palmadas húmedas. ¡Chíngame más duro, wey! grité, y él obedeció, el sonido de piel contra piel retumbando. Marco se masturbaba viéndonos, luego besó a Luis, sus lenguas enredadas sobre mi cara, salpicándome de saliva caliente. Toqué sus vergas unidas, sintiendo el pulso sincronizado, el calor compartido. Mi mano en la de Luis mientras la chupaba, la otra en la de Marco, apretando.

La intensidad subía como fiebre. Internalmente luchaba: ¿Esto es demasiado? No, neta es perfecto, empoderador, yo controlo el ritmo. Les pedí que se turnaran, que me penetraran al mismo tiempo en posturas creativas. Luis de rodillas, yo cabalgándolo, mi clítoris frotándose en su pubis peludo, olor a macho puro. Marco detrás, untando lubricante fresco en mi ano, entrando despacio. Doble penetración, el estiramiento ardiente convirtiéndose en éxtasis puro. Sentía cada vena, cada embestida coordinada, sus gemidos mezclándose con los míos en un coro sucio y hermoso.

El clímax se acercaba como tormenta. Mis uñas clavadas en las sábanas, el olor a semen y sudor femenino saturando el aire. —¡Ya vengo, pinches cabrones! —grité, mi concha contrayéndose en espasmos violentos alrededor de Luis, jugos chorreando por sus bolas. Marco se corrió en mi culo, chorros calientes llenándome, gimiendo mi nombre. Luis salió y eyaculó en mi tetas, semen espeso y blanco salpicando mi piel, el sabor salado cuando lo lamí de mis dedos.

El final fue puro afterglow. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose. Besos suaves, caricias perezosas. Marco limpió mi cuerpo con toallitas húmedas, frescas y aromáticas a lavanda. Luis me acurrucó, su pecho ancho mi almohada.

Un trío HMH bisexual inolvidable, con conexión real, no solo carne. Me siento reina, empoderada, lista para más noches así
.

Nos quedamos así hasta que el sol asomó, riendo bajito de lo vivido. Salimos de la habitación con piernas flojas, pero almas llenas. Esa noche cambió todo: ahora somos cómplices en secreto, planeando la próxima. Qué chingón ser parte de esto, pensé, saboreando el lingering sabor a ellos en mi boca.

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