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Tric Caliente

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Tric Caliente

La noche en el departamento de Condesa estaba en su punto máximo. El aire olía a tequila reposado y a esas velitas de vainilla que Ana siempre prendía pa' ambientar. Tú estabas recargado en la barra improvisada, con una chela fría en la mano, viendo cómo tu novia Ana bailaba con su amiga Carla al ritmo de un corrido tumbado que retumbaba en los bocinas. Ana, con su falda ajustada que marcaba sus caderas anchas, se reía fuerte, esa risa que te ponía la piel chinita cada vez. Carla, morena clarita con ojos de traviesa, movía el culo como si quisiera hipnotizar a medio mundo. Neta, qué suerte la mía, pensaste, mientras sentías un cosquilleo en la entrepierna.

Las dos se acercaron, sudadas y brillantes bajo las luces tenues. Ana te jaló de la camisa. "¡Wey, ven a bailar con nosotras!" gritó sobre la música. Te metiste en medio, sintiendo los cuerpos calientes pegándose al tuyo. El perfume dulce de Ana se mezclaba con el aroma salado del sudor de Carla, y de repente, una mano —no sabías de quién— rozó tu paquete por encima del pantalón. Te quedaste tieso, pero el pulso se te aceleró como loco. "¿Esto va pa' allá?" te dijiste, con el corazón latiéndote en los oídos.

La fiesta seguía, pero ustedes tres se fueron desconectando. Ana te susurró al oído: "Mi amor, ¿qué tal si nos echamos un tric chido esta noche? Carla ya me dijo que se anima, neta que sí quiere". Sus labios rozaron tu lóbulo, y sentiste su aliento caliente, con sabor a margarita. Carla asintió, mordiéndose el labio inferior, sus tetas subiendo y bajando rápido. "Yo de una, carnal. Hace rato que las veo y me dan ganas", dijo con esa voz ronquita que te erizó los vellos de la nuca. Todo consensual, todo con esa chispa de complicidad que hace que las cosas fluyan natural.

¿Un tric? ¿En serio? Pero qué chingón suena. Dos mujeres así de ricas, queriendo lo mismo que yo. No hay pedo, vamos con todo.

Se metieron al cuarto principal, cerrando la puerta con seguro. La música de afuera se oía lejana, como un zumbido. Ana prendió una lámpara roja que daba un glow sensual, y el cuarto se llenó de sombras suaves. Te sentaste en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Ellas dos se pararon enfrente, mirándote con ojos hambrientos. Ana se quitó la blusa despacio, dejando ver sus chichis firmes, pezones oscuros ya duros como piedritas. Carla la imitó, su piel morena contrastando con la de Ana, más clarita. "¿Te gustan, amor?" preguntó Ana, acercándose.

Sentiste sus manos en tus hombros, masajeando, bajando por tu pecho. El tacto era eléctrico, uñas rozando suave. Te quitaron la playera, y de inmediato cuatro manos exploraban tu torso. Olías su excitación, ese olor almizclado que sube cuando la concha se moja. Besaste a Ana primero, lengua profunda, saboreando su saliva dulce. Carla no se quedó atrás; te mordió el cuello, chupando fuerte, dejando un rastro húmedo que ardía rico. "Pinche wey, estás durísimo ya", murmuró Carla, palpando tu verga tiesa bajo el jeans.

Te recostaron, y ahí empezó el verdadero desmadre. Ana se subió a horcajadas en tu cara, su panocha depiladita rozando tu nariz. Olía a miel y deseo puro, jugos calientes goteando. La lamiste despacio, lengua plana lamiendo el clítoris hinchado. Ella gemía bajito, "¡Ay, sí, así, cabrón!", agarrándote el pelo. Carla meanwhile se encargaba de tu verga: la sacó del bóxer, grande y venosa, palpitando. La miró con ojos brillantes. "Qué vergota, neta". La lamió desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen salado. Sentiste su boca caliente envolviéndote, succionando con maestría, lengua girando en la cabeza sensible.

El cuarto se llenó de sonidos: chupadas húmedas, gemidos ahogados, la cama crujiendo leve. Cambiaron posiciones. Carla se sentó en tu cara ahora, su culo grande y redondo aplastándote delicioso. Sabía diferente, más intensa, con un toque salado de sudor. La penetrabas con la lengua mientras Ana montaba tu verga. Sentiste su concha apretada bajando, envolviéndote centímetro a centímetro. "¡Qué rico, amor! Lléname", jadeó ella, rebotando lento al principio. Sus paredes internas masajeaban tu tronco, húmedas y calientes como un horno.

No mames, esto es el paraíso. Dos diosas usándome como quieren, y todo sintiéndose tan jodidamente perfecto. El tric de mi vida.

La tensión subía como olla exprés. Sudor corría por sus cuerpos, goteando en tu piel, mezclándose con el tuyo. Tocabas todo: nalgas firmes de Carla, tetas pesadas de Ana balanceándose. Ellas se besaban encima de ti, lenguas enredadas, gimiendo en la boca una de la otra. Eso te volvía loco, verlas así de cachondas. Aceleraron el ritmo. Ana brincaba más fuerte, su concha chorreando jugos que empapaban tus bolas. Carla se frotaba contra tu boca, clítoris endurecido rozando tu nariz. "¡Ya casi, wey! No pares", gritó Carla, temblando.

El clímax llegó en oleadas. Primero Carla, convulsionando en tu cara, un chorro caliente mojándote la barba mientras gritaba "¡Me vengo, cabrones!". Su culo se contraía delicioso. Eso te empujó al borde. Ana lo sintió, apretó más, y explotaste dentro de ella, chorros calientes llenándola, semen mezclándose con sus jugos. Ella se vino segundos después, arañándote el pecho, un aullido gutural saliendo de su garganta. "¡Sí, amor, dame todo!". Colapsaron sobre ti, pechos jadeantes contra tu piel resbalosa.

El afterglow fue puro relax. Se quedaron así un rato, respiraciones calmándose, pieles pegajosas. Olía a sexo puro: semen, sudor, conchas satisfechas. Ana te besó suave. "¿Viste qué tric chingón? Te amo, pinche pervertido". Carla rió, acariciándote la verga floja. "Neta, repitámoslo pronto. Eres un máquina". Te sentiste rey, poderoso, conectado con ellas de una forma nueva.

Después, se ducharon juntos, agua caliente lavando el desmadre pero no el recuerdo. Risas, toques juguetones, promesas de más tric en el futuro. Salieron del baño envueltos en toallas, pidiendo unas cheves pa' brindar. La noche no acababa ahí; el deseo lingüeaba, sutil, listo pa' la próxima ronda.

Esto cambia todo, pensaste, abrazando a tus dos mujeres. El tric no era solo sexo; era confianza, placer compartido, la puta vida perfecta en México.

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