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Cancion I Try En Tu Piel

7599 palabras

Cancion I Try En Tu Piel

La noche en la playa de Puerto Vallarta olía a sal marina y a coco tostado del elote asado que vendían los ambulantes. Tú, Daniela, habías llegado con tus amigas para un fin de semana de desmadre, pero el destino te tenía otros planes. Ahí estaba él, Marco, ese pendejo alto y moreno con ojos que te desnudaban con solo mirarte. Lo viste en el bar playero, con una chela en la mano, riendo con sus cuates. Neta, tu corazón dio un brinco como cuando eras morra y veías a tu primer crush.

La música retumbaba desde los bocinas: reggaetón mezclado con baladas rancheras. Pero de repente, cambió. Una voz soul, rasposa y cargada de emoción, llenó el aire. Cancion I Try, esa rola gringa de Macy Gray que tanto te gustaba. "I try to say goodbye and I choke...". Tú la tarareas bajito, sintiendo cómo las palabras se te atoran en la garganta como un nudo de deseo viejo. Marco te vio, sonrió con esa dentadura chueca que te volvía loca, y se acercó bailando despacio.

—Órale, Daniela, ¿todavía cantas esa canción i try como si nadie te viera? te dijo, su voz grave rozándote la oreja como una caricia prohibida.

Tú reíste, el calor de su aliento en tu cuello te erizó la piel. ¿Por qué carajos regresa este wey ahora? pensaste, mientras tu cuerpo ya respondía solo. Las olas chocaban rítmicamente contra la arena, un sonido hipnótico que aceleraba tu pulso. Su mano rozó tu cintura, ligera al principio, como probando el terreno. Olía a protector solar y a hombre sudado por el calor húmedo de la noche mexicana.

—Ven, baila conmigo esta cancion i try —te susurró, jalándote hacia la pista improvisada de arena.

Acto primero: la chispa. Tus caderas se movieron al ritmo lento de la canción, sus manos firmes en tus caderas, guiándote. Sentías el roce de su camisa de lino contra tu blusa escotada, el sudor perlando tu escote. Tus pezones se endurecieron bajo la tela fina, traicioneros, rogando atención. Él lo notó, su mirada bajando hambrienta.

—Neta, Dani, siempre has sido mi tentación. ¿Por qué nos separamos, wey?
murmuró contra tu cabello, su aliento cálido oliendo a tequila reposado.

Tú no respondiste con palabras. En cambio, presionaste tu culo contra su entrepierna, sintiendo ya la dureza creciente de su verga. Un gemido bajo escapó de sus labios, vibrando en tu espalda. La canción seguía: "Try to walk away and I stumble...", y tú sentiste que tropejabas directo al abismo del deseo. Sus dedos se clavaron en tus muslos, subiendo despacio por debajo de tu falda corta, rozando la piel sensible del interior. El aroma de tu excitación empezaba a mezclarse con el salitre del mar.

La tensión crecía como la marea alta. Tus amigas ya ni existían; el mundo se reducía a su cuerpo pegado al tuyo, al latido de su corazón contra tu espinazo. Quiero que me folle aquí mismo, pensaste, pero te contuviste. Lo jalaste hacia la zona oscura de la playa, donde las palmeras susurraban con la brisa. Sus labios encontraron los tuyos en un beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a cerveza y a menta de su chicle. Mordiste su labio inferior, tirando suave, y él gruñó: —Puta madre, Dani, me vas a matar.

Acto segundo: la escalada. Caminaron tropezando hacia su cabaña rentada, a unos metros de la playa. La puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. Adentro, el aire acondicionado zumbaba fresco, contrastando con el calor de sus cuerpos. Él te empujó contra la pared de madera, sus manos arrancando tu blusa con urgencia consentida. Tus tetas saltaron libres, pezones oscuros y duros como piedras de obsidiana. Marco jadeó, bajando la cabeza para lamer uno, succionando con hambre. Sentiste su lengua áspera, caliente, enviando descargas eléctricas directo a tu clítoris hinchado.

¡Qué rico, cabrón! gritaste en tu mente, arqueando la espalda. Tus uñas se clavaron en su nuca, oliendo su cabello a shampoo de playa. Bajaste las manos a su pantalón, desabrochándolo con dedos temblorosos. Su verga saltó erecta, gruesa y venosa, goteando precúm que olía almizclado, puro macho. La acariciaste despacio, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada. Él gimió contra tu piel:

—Tócame así, mi reina, neta que extrañaba tu mano chiquita en mi pito.

Lo empujaste a la cama king size, con sábanas blancas que pronto mancharían de sudor y fluidos. Te quitaste la falda y las tangas de encaje rojo, quedando desnuda ante él. Tu panocha depilada brillaba húmeda, labios mayores hinchados de anticipación. Marco se lamió los labios, gateando hacia ti como un lobo. Sus dedos abrieron tus pliegues, rozando el clítoris con el pulgar. —Estás chorreando, amor. ¿Tanto me deseas?

Sí, lo deseabas. Metió dos dedos adentro, curvándolos contra tu punto G, mientras su boca devoraba tu chichi. El sonido de succión era obsceno, chapoteante, mezclado con tus jadeos roncos. Me voy a venir ya, no mames, pensaste, las caderas moviéndose solas contra su cara barbuda. El olor de tu flujo vaginal lo enloquecía; lo lamía todo, lengua plana lamiendo desde el ano hasta el capuchón. La tensión subía, coiling como resorte, tus muslos temblando alrededor de su cabeza.

Pero no lo dejaste acabar ahí. Lo volteaste, montándote a horcajadas. Su verga apuntaba al techo, palpitante. La frotaste contra tu raja mojada, lubricándola, torturándolo. Él suplicó: —Métetela, Dani, por favor, estoy que exploto. Bajaste despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estiraba, llenándote hasta el fondo. Un grito ahogado salió de tu garganta; era perfecto, grueso, golpeando justo donde dolía rico.

Cabalgaste lento al principio, sintiendo cada vena rozando tus paredes internas. El slap-slap de piel contra piel resonaba en la habitación, junto con sus gruñidos animales. Sudor corría por su pecho moreno, goteando en tus tetas rebotando. Aceleraste, el placer building como ola gigante. Sus manos amasaban tu culo, un dedo rozando tu ano, prometiendo más. —¡Sí, cabrón, fóllame duro! gritaste, y él obedeció, embistiendo desde abajo con fuerza brutal pero amorosa.

La canción cancion i try seguía sonando en loop desde su teléfono olvidado en la mesa, como banda sonora de su reencuentro. "But I try... I try...", y tú intentabas no venirte aún, prolongando el éxtasis. Tus paredes se contraían alrededor de su verga, ordeñándolo. Él se sentó, envolviéndote en brazos fuertes, besándote profundo mientras follaban sentados. Sus bolas peludas chocaban contra tu perineo, un ritmo frenético.

Acto tercero: la liberación. El orgasmo te golpeó como rayo. ¡Me vengo, Marco, no pares! chillaste, el mundo explotando en luces blancas. Chorros de squirt mojaron sus muslos, el olor almizclado inundando la habitación. Él rugió, clavándose una última vez, llenándote de semen caliente, pulsación tras pulsación. Colapsaron juntos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor, semen y tus jugos.

En el afterglow, yacían enredados, el ventilador ceiling girando perezoso. Su mano acariciaba tu cabello húmedo, labios rozando tu frente.

—Nunca más te suelto, Dani. Esta cancion i try siempre me recordará esta noche.
Tú sonreíste, el corazón lleno, el cuerpo saciado. Afuera, el mar susurraba paz, y por primera vez en meses, sentiste completa. El deseo resuelto, pero el fuego latente, listo para más noches mexicanas de pasión.

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