Coldplay Cuando Intentas Tu Mejor
La lluvia golpeaba con fuerza las ventanas del depa en la Condesa, ese sonido constante como un tambor que te ponía la piel chinita. Estabas ahí, solo con ella, tu carnala del alma, esa morra de ojos café profundo que te volvía loco con solo una mirada. Se llamaba Ana, tenía veintiocho pirulos, curvas que te quitaban el hipo y una risa que era como miel caliente. Tú, con treinta, un vato normalito pero con ganas de complacerla hasta el cansancio. La noche había empezado tranquis, con unas chelas frías y Netflix, pero el ambiente se cargaba de electricidad cada vez que sus dedos rozaban tu muslo.
De repente, Ana se levantó del sofá, meneando las caderas con ese vaivén que te hacía tragar saliva. "Pon algo chido, carnal", dijo con voz ronca, mientras se acercaba al Bluetooth. Elegiste Coldplay, esa rola que tanto les gustaba: Fix You. Las luces tenues del depa bailaban en su piel morena, y cuando empezó la guitarra suave, ella se giró hacia ti, mordiéndose el labio inferior.
"Lights will guide you home, and ignite your bones..."canturreó bajito, pero sus ojos decían otra cosa. Te miró fijo, como si leyera tus pensamientos sucios.
Te levantaste, el corazón latiéndote como loco, y la jalaste por la cintura. Su cuerpo se pegó al tuyo, suave y cálido, oliendo a vainilla y a ese perfume que te ponía a mil. "¿Qué pasa, pendejo? ¿Ya te calaste?", te picó ella, riendo contra tu cuello. Sus manos subieron por tu espalda, arañando leve, y sentiste su aliento caliente en la oreja. La tensión crecía, como una tormenta que se arma despacio. La besaste, primero suave, saboreando sus labios carnosos con gusto a fresa de su gloss. Pero el beso se volvió hambre pura, lenguas enredándose, gemidos ahogados que se mezclaban con la voz de Chris Martin.
Acto uno completo: la chispa encendida.
La llevaste al cuarto, tropezando con la alfombra, riendo como chavos. La tiraste en la cama king size, las sábanas frescas rozando tu piel sudada. Ana se quitó la blusa despacio, dejando ver sus chichis firmes, pezones duros como piedritas bajo el bra de encaje negro. Tú te desabrochaste la camisa, el pecho subiendo y bajando rápido. "Muéstrame qué tan chingón eres esta noche", te retó ella, abriendo las piernas con descaro. Su falda se subió, revelando el tanga rojo que apenas cubría su panocha ya húmeda. Olía a deseo, ese aroma almizclado que te volvía feral.
Te arrodillaste entre sus muslos, besando su ombligo, bajando lento. Cada roce de tus labios en su piel suave mandaba chispas por tu verga, que ya palpitaba dura contra el pantalón. Lamiste su interior de muslo, sintiendo el temblor de sus piernas.
Neta, este vato me va a volver loca. ¿Cuánto aguanto antes de rogarle?pensó ella, pero tú no lo sabías; solo sentías su calor acercándose. Le quitaste el tanga con los dientes, y ahí estaba, rosada y brillante, lista para ti. Metiste la lengua despacio, saboreando su jugo dulce y salado, mientras Coldplay seguía sonando de fondo: "When you try your best but you don't succeed...". Te acordaste de esas palabras, Coldplay cuando intentas tu mejor, y redoblaste esfuerzos, chupando su clítoris con devoción, metiendo dos dedos que curvabas justo en ese punto que la hacía arquear la espalda.
Ana gemía fuerte, "¡Órale, sí, así, no pares, cabrón!", sus manos enredadas en tu pelo, jalándote más cerca. El sonido de su excitación era música pura: resuellos, lamidas húmedas, la lluvia afuera intensificándose. Sudabas, el sabor de ella en tu boca te enloquecía, y tu verga dolía de ganas. Pero querías hacerla explotar primero, intentar tu mejor para que gritara tu nombre.
La tensión subía como fiebre. La volteaste boca abajo, besando su espaldita perfecta, mordiendo suave sus nalgas redondas. Le metiste la lengua por atrás, explorando, mientras tus dedos seguían trabajando su panocha empapada. Ella se retorcía, "¡Me vas a matar, pendejo! ¡Entra ya!". Pero no, querías alargar el juego, hacerla suplicar. Tus manos masajeaban sus chichis, pellizcando pezones, y el olor de su sudor mezclado con el tuyo llenaba el cuarto. Internamente, pensabas:
Esta noche la voy a romper en pedazos de placer. Coldplay lo dice: cuando intentas tu mejor, algo pasa.
Por fin, te quitaste el pantalón, tu verga saltando libre, venosa y gruesa, goteando pre-semen. Ana se giró, ojos brillantes de lujuria, y te jaló encima. "Fóllame duro, mi amor", susurró, guiándote a su entrada. Entraste despacio, centímetro a centímetro, sintiendo su calor apretado envolviéndote como terciopelo mojado. "¡Qué rica verga tienes!", jadeó ella, uñas clavándose en tus hombros. Empezaste a moverte, lento al principio, saboreando cada embestida, el slap-slap de piel contra piel uniéndose a la lluvia y la música.
Middle: la escalada imparable.
El ritmo aceleró, tus caderas chocando fuerte, profundo. Ana envolvía tus embestidas con sus piernas, clavándote más adentro. Sudor corría por tu espalda, su aliento caliente en tu cuello, mordidas en tu hombro que dolían rico. "Más rápido, carnal, ¡no te rajes!" te exigía, y tú obedecías, intentando tu mejor, sintiendo su panocha contraerse alrededor de tu verga. El cuarto olía a sexo puro: almizcle, sudor, su esencia dulce. Veías sus chichis rebotar con cada thrust, pezones rozando tu pecho, enviando descargas eléctricas directo a tu columna.
Cambiaron de posición: ella encima, cabalgándote como amazona. Sus caderas giraban expertas, moliendo su clítoris contra tu pubis, gemidos convirtiéndose en gritos.
¡Este pendejo me llena perfecto! Neta, cuando intenta su mejor, me lleva al cielo.Sus manos en tu pecho, arañando, mientras tú subías las caderas para clavártela más hondo. La música seguía, Coldplay repitiendo en loop: "Tears stream down your face when you lose something you can't replace...", pero aquí no había pérdidas, solo ganancias de placer brutal.
La volteaste de nuevo, perrito style, agarrando sus caderas, embistiendo como animal. El sonido era obsceno: húmedo, rítmico, sus nalgas temblando con cada golpe. Metiste un dedo en su culito, lubricado por sus jugos, y ella explotó: "¡Me vengo, cabrón, no pares!" Su panocha se apretó como tenaza, ordeñándote, mientras temblaba entera, chorros calientes mojando las sábanas. Ese apretón te llevó al borde, pero aguantaste, queriendo más.
La pusiste de ladito, cucharita, entrando suave ahora, besando su cuello sudoroso. "Eres la mejor, Ana", le murmuraste, mientras volvías a acelerarte. Ella giró la cabeza, besándote con lengua, y sentiste su segunda ola venir. "Córrete conmigo, amor", jadeó. No pudiste más: tu verga se hinchó, pulsó, y soltaste todo adentro, chorros calientes llenándola, mientras ella gritaba tu nombre. El orgasmo fue eterno, cuerpos temblando pegados, el mundo reduciéndose a ese pulso compartido.
Ending: el paraíso post-orgásmico.
Colapsaron juntos, jadeando, pieles pegajosas de sudor y fluidos. La lluvia amainaba afuera, Coldplay terminando suave. Ana se acurrucó en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. "Neta, cuando intentas tu mejor, me arreglas el alma", susurró, riendo bajito. Tú la besaste en la frente, oliendo su pelo húmedo, sintiendo su corazón latir contra el tuyo. No había palabras perfectas, solo esa paz chida, el afterglow envolviéndolos como manta tibia.
Se quedaron así, entrelazados, mientras la noche se calmaba. Mañana sería otro día, pero esta noche, con Coldplay de testigo, habías intentado tu mejor y lo habías clavado. Ella suspiró satisfecha, y tú supiste que valía cada gota de esfuerzo.