Try Catch in R
Entraste al meetup de programadores en ese coworking chido de Polanco, con las luces tenues y el olor a café recién molido flotando en el aire. La ciudad bullía afuera, con el tráfico de Reforma zumbando como un pulso lejano. Tú, con tu laptop bajo el brazo, buscabas inspiración para ese proyecto jodido en R que te traía de cabeza. De repente, la viste: Daniela, con su cabello negro suelto cayendo en ondas sobre los hombros, vestida con una blusa ajustada que marcaba sus curvas de manera criminal. Sus ojos cafés te atraparon mientras explicaba en el escenario algo sobre manejo de errores.
"En R, carnales, el try catch in r es tu salvavidas", dijo ella con esa voz ronca que te erizó la piel. "Intentas ejecutar tu código, y si algo sale mal, lo catcheas para no que todo se vaya al carajo". No mames, pensaste, qué chingona. Te imaginaste atrapando algo más que errores en ella, como su mirada que se cruzó con la tuya justo en ese momento. Sonrió, pendeja coqueta, y sentiste un cosquilleo en el estómago, el primer tirón de deseo puro.
¿Será que esta morra sabe lo que provoca con esa boca pintada de rojo, moviéndose así sobre palabras técnicas?
Al final de la plática, te acercaste. "Órale, qué buena explicación del try catch in r", le dijiste, oliendo su perfume dulzón, mezcla de vainilla y algo salvaje. Ella rio, tocándote el brazo un segundo de más. "Gracias, wey. ¿Tú qué onda con R? ¿Ya lo dominas o sigues en pañales?". Flirtearon así, charlando de data frames y loops, pero el aire se cargaba de electricidad. Sus risas resonaban suaves, y cada roce accidental de sus dedos contra los tuyos mandaba chispas directo a tu verga, que empezaba a despertar.
Terminaron en un bar cercano, con mesas de madera pulida y velitas parpadeando. Pidieron mezcal ahumado, el sabor terroso quemándote la garganta mientras la mirabas lamer el borde del vaso. "Sabes", murmuró ella inclinándose, "el try catch in r es como el sexo: pruebas, fallas a veces, pero capturas el placer antes del error". Sus palabras te pusieron a mil. Te contó de su depa en la Condesa, con terraza y vista al parque. "¿Vienes a ver mi setup de código? Prometo no morder... mucho". Consintieron con una mirada, el deseo mutuo latiendo como un corazón acelerado.
Acto dos: la escalada. Llegaron a su lugar, un depa luminoso con plantas colgando y el aroma a incienso mexicano flotando. La ciudad brillaba abajo, luces neón parpadeando como estrellas caídas. Ella puso música suave, cumbia rebajada con bajo profundo que vibraba en tu pecho. Se sentaron en el sofá de piel suave, sus muslos rozando los tuyos. "Muéstrame tu laptop", pediste, pero tus manos ya temblaban queriendo tocarla.
Abrió su máquina, código en R brillando en la pantalla. "Mira aquí el try catch in r", señaló, su aliento cálido en tu oreja. Te inclinaste, oliendo su cabello, y en lugar de código, besaste su cuello. Ella gimió bajito, un sonido ronco que te endureció al instante. "Pendejo", susurró riendo, girándose para devorarte la boca. Sus labios sabían a mezcal y miel, lengua danzando con la tuya en un duelo húmedo y caliente.
Qué chingón su sabor, como si cada beso fuera un loop infinito de placer subiendo de nivel.
Las manos volaron: quitaste su blusa, revelando pechos firmes coronados de pezones oscuros ya duros como piedras preciosas. Los lamiste, sintiendo su piel salada bajo tu lengua, el olor almizclado de su arousal creciendo. Ella jadeaba, arqueándose, "Sí, wey, chúpamelos así". Sus uñas rasguñaron tu espalda, enviando ondas de fuego por tu espina. Bajaste la mano a su falda, subiendo por muslos suaves como seda. La tocaste ahí, panocha ya empapada, caliente y palpitante. "Estás chorreando, Daniela", gruñiste, metiendo dedos despacio, sintiendo sus paredes apretarte.
Ella te volteó como luchadora, desabrochando tu pantalón. Tu verga saltó libre, venosa y tiesa, goteando precum. "Qué mamalón", dijo admirándola, envolviéndola con mano experta, masturbándote lento mientras lamía la punta, saboreando tu esencia salada. Gemiste fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Se la mamó profunda, garganta apretando, saliva chorreando. El cuarto olía a sexo crudo, sudor mezclado con su perfume, pulsos acelerados sincronizándose.
La tensión crecía, interna lucha: querías durar, pero su boca era un vicio. "Para, o me vengo ya", jadeaste. Ella sonrió pícara, "Atrápalo como en try catch in r, carnal". La cargaste a la cama king size, sábanas frescas rozando pieles ardientes. La desnudaste completa, admirando su cuerpo curvilíneo, caderas anchas invitando. Besaste su vientre, bajando al monte de Venus depilado, lamiendo su clítoris hinchado. Sabía a mar y deseo, jugos dulces cubriendo tu barbilla mientras ella gritaba "¡Ay cabrón, no pares!".
Acto tres: la liberación. No aguantaron más. Ella se montó encima, guiando tu verga a su entrada resbalosa. Entraste de un embiste, ambos gimiendo al unísono, su calor envolviéndote como guante perfecto. "¡Qué rico te sientes!", exclamó, cabalgándote salvaje, pechos botando al ritmo. El slap de piel contra piel, sus gemidos altos como sirenas, tu gruñido animal. Cambiaron: de lado, cucharita, sintiendo cada vena frotar sus paredes, sus nalgas rebotando contra tu pubis.
La volteaste a cuatro patas, agarrando caderas, embistiendo profundo. El olor a sexo saturaba el aire, sudor goteando, su cabello pegado a la espalda. "¡Cógeme duro, wey!", rogaba ella, empujando contra ti. Tus bolas golpeaban su clítoris, pulsos latiendo en unisono. El clímax se acercaba, tensión enredada como código buggy.
Esto es el try catch perfecto: intento total, captura del éxtasis sin errores.
Explosión: ella primero, cuerpo convulsionando, panocha apretándote en espasmos, gritando "¡Me vengo, pendejo!". Su corrida caliente mojando todo. Tú seguiste dos embestidas más, descargando chorros espesos dentro, placer cegador sacudiéndote. Colapsaron juntos, jadeos entrecortados, pieles pegajosas unidas.
En el afterglow, abrazados bajo sábanas revueltas, el skyline de la Condesa parpadeando afuera. Ella trazó círculos en tu pecho, "Fue como un script sin bugs, ¿no? Ese try catch in r que nos salvó la noche". Reíste, besando su frente húmeda. "Más que código, Daniela. Esto fue real, puro fuego mexicano". Durmieron entrelazados, el eco del placer lingüe en sueños, promesa de más intentos perfectos.