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El Trío Británico de Rock en Mi Piel

7970 palabras

El Trío Británico de Rock en Mi Piel

El palpitar de la multitud en el Palacio de los Deportes me tenía al borde del infarto. Luces estroboscópicas cortaban la penumbra como cuchillos de neón, y el aire olía a sudor mezclado con humo de cigarro y cerveza derramada. Yo, Ana, una morra de veintiocho tacos bien puestos, estaba ahí sola, gritando como poseída por el trío británico de rock que había volado desde Londres para romperla en el DF. Thunderstrike, se llamaban: Jack el guitarrista con ojos azules que te desnudaban, Mike el bajista moreno y fornido, y Liam el baterista con brazos tatuados que parecían hechos para apretar cinturas.

La neta, desde que vi su video en YouTube, me dio un calambre en el vientre. Esos weyes tocaban con una furia que me hacía mojarme las panties sin tocarme. Esa noche gané un pase de backstage en un concurso de la radio, y cuando el concierto explotó con su hit "Wild Fire", sentí su riff de guitarra vibrando en mis tetas como si Jack me estuviera lamiendo el cuello. Sudaba, bailaba, y en mi cabeza ya los imaginaba encima de mí, sus manos callosas de tanto rasguear explorando mi cuerpo moreno y curvilíneo.

¿Y si pasa algo? Neta, Ana, no seas pendeja, son rockeros gringos, pero qué chido sería que me invitaran a su hotel. Imagínate sus acentos roncos susurrándome al oído mientras me comen viva.

Al final del show, con el encore retumbando en mis oídos, me colé al backstage. Seguridad me miró de arriba abajo, pero mi sonrisa coqueta y el pase funcionaron. Ahí estaban, empapados en sudor, riendo y bebiendo chelas frías. Jack me vio primero, con esa mirada lobuna.

—Ey, preciosa, ¿vienes de la fan zone? —dijo con su acento británico que sonaba como terciopelo raspado.

Me acerqué, el corazón latiéndome en la garganta. —Sí, wey, su show estuvo de poca madre. Soy Ana, la ganadora del concurso.

Mike se acercó, oliendo a hombre puro, a colonia cara y testosterona. —Ana, qué nombre tan sexy. ¿Quieres una birra con nosotros?

Liam soltó una carcajada grave. —O algo más fuerte, love.

Charlamos media hora, riendo de sus anécdotas locas en giras por Europa. Yo les contaba del pinche tráfico del DF y cómo su música me ponía a mil. La química era eléctrica; sus ojos recorrían mis jeans ajustados y mi blusa escotada, y yo no disimulaba mis miradas a sus camisetas pegadas al pecho musculoso. Sentía el calor subiendo por mis muslos, un cosquilleo húmedo que me hacía apretar las piernas.

—Oigan, carnales —les dije juguetona—, ¿no me invitan a celebrar en privado? Mi depa está cerca.

Jack sonrió pícaro. —Mejor nuestro hotel, reina. Suite presidencial en el Four Seasons. ¿Te late?

¡Qué chingón! Subí a su van negra, el cuero de los asientos pegándose a mis piernas sudadas. En el camino, Mike puso su mano en mi rodilla, un toque casual que me erizó la piel. Liam desde atrás me rozó el hombro, y Jack manejaba con una mano en el volante, la otra imaginariamente en mí.

Acto dos: La escalada

La suite era un paraíso: luces tenues, jacuzzi burbujeando, botellas de champagne enfriándose. Olía a sábanas frescas y a su colonia amaderada. Nos quitamos los zapatos, y yo me senté en la cama king size, el colchón hundiéndose suave bajo mi peso. Brindamos, el bubbly frío bajando por mi garganta como un río de fuego líquido.

—Eres una diosa mexicana —murmuró Liam, sentándose a mi lado. Su aliento cálido en mi oreja me hizo arquear la espalda.

Neta, esto está pasando. Tres machos británicos queriendo devorarme. Mi chucha palpita como loca, siento el juguito resbalando. ¿Los dejo o qué?

Jack se arrodilló frente a mí, sus manos subiendo por mis muslos. —Déjanos tocarte, Ana. Te deseamos desde el escenario.

Asentí, empoderada, dueña de la noche. —Sí, pero despacito, cabrones. Quiero sentir cada puto segundo.

Mike apagó las luces, solo quedando el resplandor de la ciudad por la ventana. Sus labios encontraron mi cuello primero Liam, mordisqueando suave, su barba incipiente raspando delicioso. Jack desabotonó mi blusa, exponiendo mis tetas bronceadas en un bra negro de encaje. Las lamió por encima de la tela, el calor de su lengua haciendo que mis pezones se endurecieran como piedras.

—Qué ricas estás, love —gruñó Mike, quitándome los jeans. Sus dedos gruesos rozaron mi tanga empapada, y yo gemí bajito, el sonido ahogado en la boca de Jack que me besaba con lengua hambrienta, saboreando a champagne y deseo.

Me recostaron, sus cuerpos rodeándome como un capullo caliente. Liam chupaba mis tetas, alternando succiones fuertes y lamidas lentas, el pop de su boca contra mi piel resonando en la habitación. Mike separó mis piernas, inhalando profundo mi aroma almizclado. —Estás chorreando por nosotros, preciosa.

Su lengua plana lamió mi clítoris hinchado, un relámpago de placer que me hizo clavar las uñas en las sábanas. Jack se desnudó, su verga gruesa saltando libre, venosa y lista. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, masturbándolo lento mientras él gemía ronco.

La tensión crecía como un solo de guitarra: jadeos, pieles chocando húmedas, el slap de lenguas en carne. Me voltearon boca abajo, almohadas bajo mis caderas. Mike entró primero por detrás, su pija abriéndome centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estirón ardiente me arrancó un grito ahogado. —¡Sí, pendejo, así!

Liam se puso frente a mí, su miembro en mis labios. Lo succioné ansiosa, salado y grueso, mi lengua girando en la cabeza mientras él me follaba la boca suave. Jack se unió, sus dedos en mi clítoris, círculos precisos que me hacían temblar entera.

Estoy en el cielo, wey. Sus cuerpos sudados presionándome, olores a sexo puro, pulsos latiendo contra mi piel. No aguanto, voy a explotar.

Cambiaron posiciones fluidas, como su música: yo cabalgando a Jack, su pubis rozando mi clítoris con cada rebote, tetas saltando; Mike en mi culo, lubricado y lento, doble penetración que me abrió como nunca, placer punzante; Liam en mi mano y boca. Gritos en inglés y español se mezclaban: "Fuck, yes!", "¡Chínguenme más, cabrones!" El aire cargado de musk, sudor salado en mi lengua, pieles resbalosas chocando con wet slaps.

El clímax subió en olas: primero Mike gruñendo al correrse dentro, caliente chorros llenándome; luego yo, convulsionando en un orgasmo que me cegó, chorreando jugos por las piernas de Jack; Liam explotó en mi boca, semen espeso que tragué con gusto, salado y adictivo.

Acto tres: El afterglow

Colapsamos en un enredo de miembros exhaustos, respiraciones agitadas calmándose. El jacuzzi nos llamó: agua caliente burbujeando alrededor de cuerpos magullados dulcemente. Jack me lavó el pelo con shampoo de hotel, sus dedos masajeando mi cuero cabelludo. Mike me besó la frente, Liam trazó círculos en mi espalda baja.

—Eres increíble, Ana —dijo Jack, voz ronca de post-sexo—. El mejor encore de la gira.

Reí, flotando en éxtasis. —Ustedes me volvieron loca, gringos. Neta, su trío británico de rock no solo toca chido, también coge de lujo.

Nos secamos con toallas suaves, oliendo a jabón y satisfacción. Me vistieron con una de sus playeras oversized, olía a ellos. Bajaron conmigo en el elevador, besos robados en el lobby iluminado tenuemente.

En la calle, taxi esperándome. —Vuelve mañana al soundcheck —invitó Mike.

—Hecho, carnales.

Me voy con el cuerpo zumbando, recuerdos tatuados en la piel. No fue solo sexo, fue rock puro en vena. Mañana más, y que siga la fiesta.

El DF nocturno me recibió con su caos chido, pero yo brillaba interna, empoderada, deseada. El trío británico de rock había tocado mi alma... y mucho más.

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