Tri Alex Lora la Pasión Prohibida
Yo soy Alex, un tipo común de veintiocho años que trabaja en una agencia de publicidad en Polanco. Mi vida con Lora era perfecta, o eso pensaba. Lora, mi morra de curvas pronunciadas y ojos que te derriten como tequila reposado, siempre andaba con ideas locas. Una noche, en nuestro depa chido con vista al skyline de la CDMX, me soltó la bomba.
—Wey, ¿y si invitamos a Tri? Neta que me prende la idea de un trío contigo y ella.Tri era su cuate de la uni, una chaparrita de piel morena, tetas firmes y un culo que no mentía. Todas adultas, todas con ganas, cero drama.
El ambiente olía a incienso de vainilla y a su perfume dulzón, ese que me ponía la verga dura al instante. Afuera, las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas coquetas. Lora se acercó, su aliento cálido rozándome el cuello, mientras sus dedos jugaban con el botón de mi camisa. ¿De veras vamos a hacer esto? pensé, el corazón latiéndome como tamborazo zacatecano. La tensión crecía, un cosquilleo en la piel que me erizaba el vello.
La puerta sonó y ahí estaba Tri, con un vestido negro ajustado que marcaba cada curva. —¡Órale, cabrones! ¿Listos pa'l desmadre? —rió, su voz ronca como noche de antro. Nos abrazamos, cuerpos rozándose ya con promesas. Brindamos con mezcal ahumado, el líquido quemándonos la garganta, soltando las inhibiciones. Lora me miró, mordiéndose el labio. Esto va a estar cabrón, me dije.
La música de reggaetón suave llenaba el aire, bajos retumbando en mi pecho. Bailamos los tres, pegaditos. Sentí el calor de Tri contra mi espalda, sus caderas moviéndose al ritmo, rozando mi paquete que ya se hinchaba. Lora delante, sus nalgas presionando mi entrepierna. El sudor empezaba a perlar sus cuellos, olor a piel salada mezclándose con el mezcal. Neta, esto es un sueño pinche, pensé, mientras mis manos exploraban sus cinturas.
Gradualmente, los roces se volvieron intencionales. Lora giró y me besó, lengua juguetona saboreando a mezcal y deseo. Tri se unió, sus labios suaves en mi cuello, mordisqueando suave.
—Ay, Alex, qué rico hueles —susurró Tri, su aliento caliente como brisa de playa en Mazatlán.Mis manos bajaron, apretando culos firmes. Lora gimió bajito, un sonido que me vibró en los huevos. La tensión subía, como olla exprés a punto de estallar.
Nos fuimos al sillón de cuero negro, que crujió bajo nuestro peso. Lora se sentó en mi regazo, frotándose contra mi verga tiesa como fierro. Tri se arrodilló, besando mis muslos por encima del pantalón. ¿Estoy soñando o esto es real? El zipper bajó lento, mi polla saltando libre, venosa y palpitante. Tri la miró con ojos hambrientos. —Qué chula verga, wey —dijo, lamiendo la punta con lengua experta. Sabor salado, pre-semen brillando.
Lora se quitó la blusa, tetas rebotando libres, pezones duros como piedras de obsidiana. Yo las chupé, succionando fuerte, ella arqueando la espalda con un ¡Ay, cabrón! Tri mamaba mi verga profunda, garganta apretando, saliva chorreando por mis bolas. El sonido chapoteante, mezclado con gemidos, llenaba la habitación. Olía a coños calientes, ese aroma almizclado que enloquece.
Cambiaron posiciones. Yo recostado, Lora montándome la cara, su panocha depilada rozándome la nariz. La lamí ansioso, clítoris hinchado pulsando en mi lengua. Jugoso, sabor a miel y sal. Tri cabalgaba mi verga, subiendo y bajando lento al principio, su culo rebotando contra mis muslos.
—¡Sí, métemela toda, Alex! —gritaba Tri, uñas clavándose en mi pecho.El slap-slap de piel contra piel, sudor goteando, corazones tronando.
La intensidad crecía. Lora se corrió primero, temblando sobre mi boca, chorro caliente mojándome la cara. Qué rico sabor, pendeja deliciosa. Tri aceleró, coño apretándome como guante, ordeñándome. Yo la volteé, poniéndola a perrito, Lora debajo lamiéndole las tetas. La embestí duro, bolas golpeando su clítoris. Tri chillaba: —¡Más, wey, rómpeme el culo! No, el coño, ¡fóllame!
El clímax se acercaba, tensión en espiral. Cambiamos otra vez. Yo de pie, Tri y Lora arrodilladas mamándome a dúo. Lenguas enredadas en mi tronco, besándose con mi verga de por medio. El olor a sexo denso, aire espeso. Sentí las bolas apretarse, el orgasmo rugiendo. —¡Me vengo, putas ricas! —gruñí. Chorros calientes salpicaron sus caras, lenguas cazando cada gota. Ellas se lamieron mutuamente, semen brillando en labios hinchados.
Pero no paró ahí. Lora quería más. Se acostó, piernas abiertas, y Tri se sentó en su cara mientras yo la penetraba misionero. Coño de Lora chorreante, resbaloso, tragándome entero. Tri gemía sobre su lengua, tetas balanceándose. Yo bombardeaba, sudor resbalando por mi espalda, olor a esfuerzo y placer. Estas morras me van a matar de gusto.
Tri se bajó y usamos el sofá como altar. Yo en el medio, una en cada mano. Dedos en coños empapados, ellas pajeándome alternadas. Gemidos se volvieron gritos: ¡Qué rico, Alex! ¡No pares! Lora se corrió de nuevo, squirt salpicando mi mano. Tri siguió, cuerpo convulsionando, uñas en mi brazo.
Finalmente, el gran finale. Yo sobre Lora, Tri detrás lamiéndome las bolas mientras la cogía. Ritmo frenético, camas imaginarias crujiendo en mi mente. El orgasmo me golpeó como volcán, semen inundando el coño de Lora, desbordando. Ellas temblaron en cadena, orgasmos múltiples, cuerpos entrelazados en éxtasis.
Caímos exhaustos, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El aire olía a sexo crudo, mezcal y victoria. Lora acurrucada en mi pecho, Tri en el otro lado, dedos trazando círculos perezosos.
—Neta, Tri, Alex, Lora... el mejor trío ever —suspiró Lora, besándome suave.Reímos bajito, pulsos calmándose, el skyline testigo mudo.
En el afterglow, reflexioné. Esto no era solo sexo; era conexión profunda, confianza que nos unía más. Tri se durmió primero, ronquido suave. Lora me miró: —Te amo, wey. Hagámoslo costumbre. Yo asentí, besándola lento. La noche se cerraba en paz, con promesas de más Tri, Alex, Lora aventuras. El deseo, lejos de apagarse, latía quedo, listo para renacer.