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Tríos en Tuxtla Gutiérrez

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Tríos en Tuxtla Gutiérrez

El calor de Tuxtla Gutiérrez te envuelve como un abrazo pegajoso apenas bajas del camión en la terminal. El aire huele a tierra húmeda mezclada con el aroma dulce de las tamales de elote que venden en la calle y el humo de los tacos al pastor de un puesto cercano. Has venido por unos días de descanso, huyendo del ajetreo de la ciudad de México, pero en el fondo sabes que buscas algo más algo salvaje que te haga olvidar el estrés. Esa noche, en tu hotelito céntrico con vista al zócalo, abres la laptop y tecleas en el buscador tríos en Tuxtla Gutiérrez. Las opciones aparecen como promesas calientes: perfiles en apps de citas, foros locales con historias picantes de encuentros fogosos en moteles de lujo o bares discretos.

Uno te llama la atención: un mensaje de Ana y Marco, una pareja de treinta y tantos, neta chida, dicen en su descripción. Fotos suyas besándose en una playa chiapaneca, ella morena de curvas generosas, ojos negros que prometen travesuras, él alto, tatuado, con sonrisa pícara. "Buscamos a alguien para compartir noches inolvidables aquí en Tuxtla", escriben. Tu pulso se acelera solo de imaginarlo.

¿Y si digo que sí? ¿Y si me lanzo?
Envías un mensaje juguetón: "Hola weyes, ando de visita y me tinca lo de los tríos en Tuxtla Gutiérrez. ¿Cuándo jugamos?" La respuesta llega en minutos: "Mañana en el bar del Hotel Fiesta Inn, 9 pm. Trae ganas."

Al día siguiente, el sol de la tarde calienta las piedras del zócalo mientras caminas hacia el parque. El sonido de las palomas y los vendedores ambulantes te relaja, pero adentro tu mente bulle. ¿Estaré loca? ¿Y si son unos pendejos raros? Te compras un elote asado, el maíz crujiente con chile y limón explota en tu boca, jugoso y picante, como lo que anticipas para la noche. Te arreglas en el baño del hotel: falda corta que roza tus muslos, blusa escotada que deja ver el encaje negro de tu brasier, perfume de vainilla que se mezcla con tu olor natural. Miras el espejo: ojos brillantes, labios rojos. Estás lista, carnala.

Entras al bar del Fiesta Inn a las nueve en punto. El lugar vibra con música de cumbia rebajada, luces tenues que bailan sobre mesas de madera pulida, olor a tequila reposado y cítricos frescos. Ana y Marco ya están ahí, en una mesa al fondo. Ella te saluda con un abrazo que presiona sus pechos suaves contra los tuyos, su aliento huele a menta y deseo. "¡Qué buena onda que viniste, preciosa!", dice con acento chiapaneco suave, arrastrando las erres como caricias. Marco te da un beso en la mejilla, su barba incipiente raspa deliciosamente tu piel, mano grande en tu cintura. "Siéntate, güerita. Vamos a platicar."

La charla fluye como el tequila que piden: tres shots dorados que queman la garganta y calientan el vientre. Hablan de Tuxtla, de las cascadas cerca, de cómo se conocieron en una fiesta del zócalo. Ana confiesa que adoran compartir, que los tríos en Tuxtla Gutiérrez son su vicio secreto para avivar la chispa. Tú cuentas tu viaje, tu curiosidad por lo prohibido. Sus pies se rozan bajo la mesa: el de ella sube por tu pantorrilla, suave como seda, el de él presiona tu rodilla. El aire se carga de electricidad.

Los sientes, ya los quieres. Su piel, sus bocas.
"Vamos a mi cuarto", susurra Marco, voz ronca. Asientes, el corazón martillando como tambores de marimba.

El elevador sube lento, sus cuerpos pegados al tuyo. Ana te besa primero, labios carnosos que saben a tequila y labial dulce, lengua juguetona que explora tu boca mientras Marco besa tu cuello, dientes rozando la piel sensible. ¡Órale, qué rico! Sus manos: las de ella en tus tetas, amasando sobre la blusa, las de él bajando tu falda, dedos gruesos trazando tu tanga húmeda. El ding del elevador los separa un segundo, risas nerviosas mientras corren al cuarto 305.

La habitación es amplia, cama king con sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando suave, vista a las luces de la ciudad. Cierran la puerta y el mundo desaparece. Te quitan la blusa despacio, Ana desabrocha tu brasier con dientes, exponiendo tus pezones duros al fresco del cuarto. "Qué chulas estás", murmura ella, lamiendo uno mientras Marco chupa el otro, succiones húmedas que te erizan la piel. Tus manos exploran: el pecho firme de él, pectorales tatuados que huelen a colonia masculina y sudor limpio; las nalgas redondas de ella bajo el vestido ajustado.

Caen a la cama en un enredo de piernas y gemidos. Tú en medio, reina de la noche. Ana se quita el vestido, tetas grandes rebotando libres, pezones oscuros erectos. Marco se desnuda, verga gruesa ya tiesa, venosa, apuntando al techo. Neta, impresionante. Le das una chupada primero, lengua rodeando la cabeza salada, saboreando el pre-semen que brota. Ana te besa mientras, dedos hundiéndose en tu coño empapado, dos, tres, curvándose para tocar ese punto que te hace arquear. "Estás chorreando, putita buena", dice juguetona, y tú respondes con un "Cállate y métemela más hondo".

El ritmo sube. Marco te pone a cuatro patas, verga empujando lento tu entrada, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. ¡Ay, cabrón, qué llena me sientes! Ana debajo, boca en tu clítoris, lengua rápida como vibra, chupando mientras él embiste, bolas golpeando tu culo con palmadas húmedas. El sonido es obsceno: carne contra carne, slurps de succión, tus jadeos roncos mezclados con los suyos. Hueles su excitación: almizcle femenino de ella, almizclado masculino de él, tu propio jugo dulce. Sudor perla sus cuerpos, gotea en tu espalda mientras Marco acelera, manos apretando tus caderas.

Cambian posiciones como en un baile coreografiado. Tú encima de Ana, coños frotándose en tijeras resbalosas, clítoris chocando chispas de placer. Marco atrás, metiendo en tu culo lubricado con saliva, despacio al principio, luego profundo.

Duele rico, me parte en dos pero lo quiero todo.
Gemidos llenan el cuarto: "¡Más duro, wey!", "¡Sí, mami, rómpeme!", "¡Qué rico tu culo!". Tus uñas clavan en las sábanas, visión borrosa, olor a sexo puro impregnando todo. El orgasmo te pega primero, olas desde el estómago, contrayendo alrededor de su verga, chorros mojando las piernas de Ana. Ella grita al correrse, temblando bajo ti. Marco sale, semen caliente salpicando tu espalda y el culo de ella, gruñendo como animal.

Jadean en la cama, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Ana acaricia tu pelo, "Eres increíble, carnala. Vuelve cuando quieras por más tríos en Tuxtla Gutiérrez". Marco trae agua fría, besos suaves en frentes. El aire acondicionado enfría el calor residual, pero adentro sientes un fuego nuevo. Miras las luces de Tuxtla por la ventana, el zócalo iluminado allá abajo. Esto es lo que necesitaba: conexión pura, placer sin cadenas.

Se duchan juntos después, agua caliente lavando el desorden, manos jabonosas resbalando en curvas y músculos. Ríen de tonterías, planean un desayuno en el mercado de Coyotada con cochito horneado y atoles calientes. Tú sales del hotel al amanecer, piernas flojas pero alma plena, el sol naciente tiñendo el cielo de rosa. Tuxtla ya no es solo una parada; es el inicio de algo adictivo. Caminas con sonrisa pícara, sabiendo que volverás por más.

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