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Para Que Sirve La Bedoyecta Tri 50000 Cuando El Cuerpo Pide Fuego

6514 palabras

Para Que Sirve La Bedoyecta Tri 50000 Cuando El Cuerpo Pide Fuego

Yo era Ana, una morra de veintiocho pirulos que labora como diseñadora en una agencia chida del centro de la Condesa. Ese día, el pinche tráfico de la CDMX me había dejado hecha un trapo, con los hombros caídos y las piernas como gelatina. Llegué a mi depa, un lugarcito coqueto con vista al Parque México, y ahí estaba él, mi carnal Marco, esperándome con una chela fría y esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas.

Qué chingón verte, mi reina, me dijo mientras me plantaba un beso en la boca que sabía a limón y chile. Olía a su colonia favorita, esa que me pone caliente nomás de olerla. Pero yo estaba muerta. Neta, amor, hoy no puedo ni con mi alma, le confesé, tirándome en el sofá de piel suave que crujió bajo mi peso.

Marco se rio bajito, ese sonido ronco que me eriza la piel. Sacó del refri una cajita plateada. Mira, güey, traje esto del farmacéutico de la esquina. Es Bedoyecta Tri 50.000. Para que sirve la Bedoyecta Tri 50.000, me preguntas? Pues para darte un chingo de vitaminas B, inyectártela y levantarte como nueva. Te pones como león enjaulado, llena de energía pa’ la noche entera. Lo miré con los ojos como platos. En México todos sabemos que esa rola es pa’ los que se pasan de copas o andan jodidos de cansancio, pero ¿en la cama? La idea me picó la curiosidad, y un cosquilleo chueco empezó en mi vientre.

¿Y si de veras funciona? ¿Y si me da el punch pa’ volverme loca con él?
me dije mientras él preparaba la jeringa con manos expertas. Se había informado en YouTube, el pendejo. Me bajó el pantalón del piyama hasta la nalga, el aire fresco rozando mi piel expuesta. Relájate, mi vida, murmuró, y el pinchazo fue rápido, como un beso ardiente. Sentí el líquido fresco colándose en mi músculo, un calorcito que se expandió despacito por mis venas.

Al principio nada, solo charlamos tirados en el sofá, con la tele de fondo sonando una novela bien culera. Pero de repente, pum. Mi corazón latió más fuerte, como tambores en una fiesta de pueblo. El cansancio se evaporó, remplazado por un hormigueo eléctrico que me subió por las piernas hasta los pechos. Olía a mi propio sudor mezclado con el aroma dulce de Marco, y cada roce de su mano en mi muslo era como fuego. ¿Sientes eso, amor? La Bedoyecta Tri 50.000 está haciendo su magia, le dije, mi voz ronca, jalándolo hacia mí.

Acto dos de nuestra noche: la escalada. Nos besamos como si no hubiera mañana, lenguas enredadas saboreando sal y deseo. Sus manos grandes, callosas de tanto gym, me amasaron las nalgas, apretando justo donde dolía rico. Yo le clavé las uñas en la espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la playera. Quítate eso, cabrón, le ordené, y él obedeció, su pecho moreno brillando bajo la luz tenue de las velas que prendí antes.

Lo empujé al sillón, me subí a horcajadas sobre él. Mi chichi rozaba su cara, y él los lamió con hambre, chupando los pezones duros como piedras. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. ¡Ay, wey, qué rico! Olía a su excitación, ese olor almizclado que me moja al instante. Bajé la mano, palpando su verga tiesa bajo el bóxer, gruesa y palpitante. La saqué, la apreté, sintiendo las venas hinchadas como ríos calientes.

Esto es lo que necesitaba, no solo vitaminas, sino él dentro de mí, rompiéndome en pedazos
, pensé mientras lo masturbaba despacio, torturándolo. Él gruñó, Estás loca de caliente, mi amor, y me volteó como si no pesara nada. Me quitó la tanga de un jalón, el aire fresco en mi panocha expuesta me hizo arquear la espalda. Sus dedos exploraron, resbalosos por mis jugos, metiéndose uno, dos, curvándose justo en el punto que me hace ver estrellas. El sonido chapoteante de mi humedad llenaba el aire, mezclado con nuestros jadeos pesados.

La tensión crecía como tormenta. Me lamió el cuello, mordisqueando la oreja, susurrando guarradas en mexicano puro: Te voy a coger hasta que grites mi nombre, pinche diosa. Yo reí, juguetona, Prueba, pendejo, a ver si aguantas. La Bedoyecta me tenía en llamas, cada nervio despierto, el pulso tronando en mis oídos. Lo monté de nuevo, guiando su verga a mi entrada. La cabeza rozó mis labios hinchados, y bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome delicioso. ¡Chingao, qué prieta estás! rugió él, agarrándome las caderas.

Empecé a moverme, arriba abajo, el sillón crujiendo rítmicamente. Sudor perlando nuestras pieles, resbaloso, oliendo a sexo puro. Sus manos en mis tetas, pellizcando, yo clavándole las uñas en los hombros. Aceleré, el placer subiendo en olas, mi clítoris rozando su pubis peludo con cada embestida. Gemidos se volvieron gritos, ¡Más duro, Marco, no pares! Él se incorporó, chupándome el cuello mientras me taladraba desde abajo, sus bolas golpeando mi culo con palmadas húmedas.

El clímax se acercaba, mi vientre contrayéndose, visión borrosa.

Es esto, el fuego total, gracias a esa jodida inyección que me despertó el cuerpo
. Lo volteé a cuatro patas en el suelo alfombrado, él atrás, embistiendo como animal. El slap-slap de piel contra piel, mi pelo revuelto pegado a la cara sudorosa, su aliento caliente en mi espalda. Sentí el orgasmo venir, un tsunami, explotando en espasmos que me dejaron temblando, gritando su nombre hasta quedarme ronca. Él siguió, gruñendo, hasta que se corrió dentro, chorros calientes llenándome, colapsando sobre mí.

Acto final: el paraíso. Nos quedamos tirados en el piso, cuerpos enredados, pegajosos de sudor y fluidos. Su corazón latía contra mi espalda, fuerte y vivo. Besos suaves ahora, saboreando el salado de la piel. ¿Ves para que sirve la Bedoyecta Tri 50.000? Pa’ noches como esta, mi reina, murmuró él, riendo bajito. Yo sonreí, el cuerpo plácido, satisfecho, con un glow que no era solo vitaminas.

Nos arrastramos a la cama king size, sábanas frescas envolviéndonos como nido. Hablamos de tonterías, planes pa’l fin, pero en el fondo sabía que esto nos había unido más. El aroma a sexo flotaba en el aire, mezclado con nuestro perfume. Me dormí con su brazo alrededor, sintiendo por primera vez en meses que todo estaba chingón. Mañana pediría otra Bedoyecta, no por cansancio, sino por más noches de puro fuego.

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