Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Montse en el Swinger Trio Ardiente Montse en el Swinger Trio Ardiente

Montse en el Swinger Trio Ardiente

6303 palabras

Montse en el Swinger Trio Ardiente

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor húmedo que se pega a la piel como una promesa. Yo, Montse, de treinta y cinco tacos, con mi falda negra ajustada que me marcaba el culazo y un top que dejaba ver justo lo suficiente de mis tetas, entré al club privado con el corazón latiéndome como tamborazo en fiesta. Neta, ¿qué chingados estoy haciendo aquí? pensé, mientras el aroma a perfume caro y cigarros finos me invadía las fosas nasales. Había oído hablar de estos lugares por unas amigas pendejas que juraban que el swinger era lo máximo para soltar el estrés, y esa noche, después de un divorcio que me dejó con ganas de todo, decidí lanzarme.

El lugar era chido: luces tenues rojas que bailaban sobre cuerpos sudorosos, música electrónica retumbando en el pecho, y parejas —o tríos— rozándose en las sombras. Me serví un tequila reposado en la barra, el líquido quemándome la garganta con ese sabor ahumado que me ponía la piel chinita. Ahí los vi: Alex, un morro alto, moreno, con ojos que te desnudaban de un jalón, y Carla, su morra, una güera culona con labios carnosos que gritaban chúpame. Se acercaron con sonrisas picas, y Alex me dijo:

Órale, preciosa, ¿vienes sola? Pareces lista para la acción.

Me reí, sintiendo el calor subirle a las mejillas. Estos dos están cañones, me dije. Charlamos un rato, coqueteando con miradas que duraban segundos de más. Carla me tocó el brazo, su uña rozándome la piel, y un escalofrío me recorrió la espalda. "Somos swingers de hueso colorado", confesó ella, su voz ronca como miel caliente. "Y tú, Montse, tienes pinta de unirte a nuestro montse swinger trio esta noche". El nombre me sonó como un secreto sucio, y neta, me prendió.

Empezamos en la pista. Sus cuerpos pegados al mío, el sudor mezclándose, el olor a piel caliente y deseo puro llenando el aire. Alex me tomaba de la cintura, su verga ya dura presionándome el muslo a través del pantalón. Carla se pegaba por detrás, sus tetas suaves aplastándose contra mi espalda, sus manos subiendo por mis caderas. Esto es lo que necesitaba, carajo, pensé, mientras mi chochita se humedecía, el calor entre mis piernas creciendo como fuego. Bailamos así un buen rato, besos robados que sabían a tequila y labial vainilla, lenguas enredándose con gemidos ahogados por la música.

La tensión era palpable, como un elástico a punto de reventar. "¿Vamos a un cuarto privado?", murmuró Alex en mi oído, su aliento caliente erizándome el vello. Asentí, empapada ya, el corazón martilleándome las costillas. Subimos las escaleras alfombradas, el sonido de nuestros pasos amortiguados, el aire más espeso con aroma a incienso y sexo reciente. El cuarto era un paraíso: cama king size con sábanas de satén negro, espejos en el techo reflejando nuestras siluetas ansiosas, velas parpadeando sombras juguetones.

Acto seguido, la cosa escaló. Carla me besó primero, sus labios suaves devorándome la boca, mientras Alex nos veía con ojos hambrientos. Le quité el top a ella, revelando unas tetas perfectas, pezones duros como piedritas. Los chupé, saboreando su piel salada, el gemido que soltó vibrando en mi lengua. Qué rico, wey, esto es mejor que cualquier porno. Alex se unió, desabrochándome la falda, sus dedos gruesos rozando mi tanga empapada. "Estás chorreando, Montse", gruñó, y metió un dedo dentro, curvándolo justo en el punto que me hacía arquear la espalda. El sonido húmedo de mi excitación llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos.

Me tendí en la cama, el satén fresco contra mi piel ardiente. Carla se subió a horcajadas en mi cara, su concha depilada y brillante rozándome los labios. La lamí despacio, saboreando su jugo dulce y salado, su clítoris hinchado palpitando bajo mi lengua. "¡Sí, así, mami!", gritó ella, sus caderas moliendo contra mi boca. Alex, mientras, se sacó la verga: gruesa, venosa, con la cabeza morada de ganas. Se arrodilló entre mis piernas, lamiéndome la chochita con una lengua experta que me tenía viendo estrellitas. El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mi vientre, mis muslos temblando.

Pero queríamos más. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, chupando la pinga de Alex, su sabor almizclado invadiéndome la boca, mientras Carla me metía los dedos por atrás, tres de ellos estirándome deliciosamente.

No puedo más, voy a explotar
, pensé, el orgasmo construyéndose como tormenta. Alex me jaló el pelo suave, follándome la boca con empujones controlados, sus bolas golpeándome la barbilla. Carla se masturbaba viéndonos, sus gemidos agudos como sirenas.

El clímax del montse swinger trio llegó cuando Alex me puso en cuatro, embistiéndome con fuerza, su verga llenándome hasta el fondo, cada estocada mandando chispas por mi espina. Carla debajo de mí, chupándome las tetas, sus dedos en mi clítoris. El sonido era obsceno: carne contra carne, chapoteos húmedos, nuestros gritos mezclados. "¡Córrete conmigo, cabrón!", le exigí, y él aceleró, su polla hinchándose. Exploté primero, un orgasmo que me sacudió entera, jugos chorreando por mis muslos, el mundo volviéndose blanco. Alex se corrió segundos después, llenándome con chorros calientes que sentía palpitar dentro. Carla se vino frotándose contra mi pierna, su cuerpo convulsionando.

Nos derrumbamos en un enredo de miembros sudorosos, el aire pesado con olor a semen, sudor y satisfacción. Alex me besó la frente, Carla acurrucada en mi pecho, sus pechos subiendo y bajando con respiraciones tranquilas. Esto fue épico, neta, reflexioné, mientras el afterglow me invadía como manta tibia. No era solo sexo; era liberación, conexión pura entre tres almas cachondas. Salimos del cuarto de madrugada, prometiendo repetir el montse swinger trio, con sonrisas cómplices y piernas flojas.

De regreso a casa, en mi depa con vista al skyline de la Roma, me di un baño caliente, el agua lavando el sudor pero no el recuerdo. ¿Volveré? Claro que sí, pendeja. Esto es vida. La noche me había cambiado, me sentía empoderada, sexy, lista para más aventuras en este mundo swinger que acababa de descubrir.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.