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El Ardiente Chat de Tríos

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El Ardiente Chat de Tríos

Estás sentada en tu depa en la Condesa, con el ventilador zumbando bajito contra el calor pegajoso de la noche mexicana. La pantalla de tu cel brilla en la penumbra, y el corazón te late un poquito más rápido mientras abres la app. Chat de tríos, dice el nombre del grupo privado que te recomendó tu amiga carnal, la que siempre anda en esas aventuras. Neta, nunca pensaste que te animarías, pero aquí estás, con las piernas cruzadas sobre la cama king size, el olor a jazmín de tu crema flotando en el aire.

El chat está vivo: mensajes volando como chispas. "Buscamos chica guapa para noche loca", escribe un wey. Pasas de largo. Entonces, un mensaje privado te llega: "Hola, reina. Somos Marco y Lupe. ¿Te late un trío sin compromisos? Fotos si quieres". Adjuntan una selfie: él moreno, musculoso, con sonrisa pícara; ella curvilínea, tetas firmes asomando en un top escotado, ojos cafés que prometen travesuras. Sientes un cosquilleo en el estómago, como mariposas con tequila adentro.

"¿Qué onda? Soy Ana. Fotos mías pa' que vean."
Envías una tuya en lencería roja, posando frente al espejo. El chat explota: "¡Órale, qué chula! Ven a Polanco, estamos solos en el penthouse."

La tensión sube mientras chatean. Marco describe cómo te besaría el cuello, Lupe cómo te lamería despacito. Tus dedos tiemblan sobre el teclado, el calor entre tus muslos se hace notar. Chat de tríos, piensas, esto es real. "Simón, voy en Uber", respondes. El pulso te retumba en las sienes mientras te vistes: falda corta negra, blusa sin bra, tacones que clicotean al bajar las escaleras.

El elevador del edificio lujoso te sube al piso 20. Suena jazz suave por los altavoces. La puerta se abre y ahí están: Marco en pants ajustados que marcan su verga gruesa, Lupe en babydoll transparente, el aroma a su perfume almizclado te envuelve como una caricia. "Pasa, preciosa", dice ella con voz ronca, tomándote la mano. Su piel es suave, cálida, y sientes el pulso acelerado en su muñeca.

En la sala, luces tenues bailan sobre el piso de mármol. Copas de mezcal esperan en la mesa de cristal. Bebes un trago, el humo ahumado quema tu garganta y despierta todos tus sentidos. Se sientan contigo en el sofá de piel italiana, tan cerca que sus cuerpos rozan el tuyo. Marco te besa primero: labios firmes, lengua juguetona que sabe a tequila y deseo. Lupe observa, mordiéndose el labio, sus dedos trazando círculos en tu muslo desnudo.

La conversación fluye como el mezcal: risas, anécdotas picantes del chat de tríos donde se conocieron otros. Pero el aire se carga de electricidad. Tus pezones se endurecen bajo la blusa, y Lupe lo nota. "Déjame verte", susurra, desabotonando tu blusa con dedos expertos. El aire fresco besa tu piel expuesta, y ella exhala sobre tus tetas, haciendo que se ericen más.

Marco se une, chupando un pezón mientras Lupe lame el otro. Gimes bajito, el sonido reverbera en tu pecho. Sus bocas son fuego líquido: succiones húmedas, dientes rozando lo justo para erizarte. Bajas la mano y sientes la erección de Marco, dura como piedra bajo la tela. Lupe te guía: "Tócala, Ana. Siente lo que nos provoca". La liberas, gruesa y venosa, latiendo en tu palma. El olor almizclado de su excitación sube, mezclado con el jazmín tuyo y el perfume de ella.

Te llevan a la recámara, una suite con cama enorme, sábanas de satén negro que crujen bajo tu peso. Desnuda ahora, te recuestas. Lupe se quita el babydoll, revelando su panocha depilada, brillando de humedad. Se sube a horcajadas sobre tu cara, su calor descendiendo. "Lámeme, reina", pide. Su sabor es salado-dulce, como mango maduro con chile. Tu lengua explora sus labios hinchados, el clítoris endurecido que palpita contra tu boca. Ella gime, "¡Sí, así, qué rica!", sus jugos corren por tu barbilla.

Marco se posiciona entre tus piernas, besando el interior de tus muslos. Su aliento caliente te hace arquear la espalda. "Estás chorreando, Ana", dice con voz grave, y lame tu entrada con una pasada larga. El placer es un rayo: lengua plana lamiendo, círculos en tu clítoris, dedos curvándose adentro para tocar ese punto que te hace ver estrellas. El sonido de succiones obscenas llena la habitación, junto con vuestros jadeos entrecortados.

La tensión crece como tormenta. Cambian posiciones: tú de rodillas, Marco detrás embistiéndote lento al principio. Su verga te llena, estirándote deliciosamente, cada centímetro rozando tus paredes. El slap-slap de piel contra piel es hipnótico, sudor perlando sus abdominales. Lupe frente a ti, abriendo sus piernas. Chupas su panocha mientras él te coge más fuerte, sus manos apretando tu culazo. Esto es lo que soñaba en ese chat, piensas, el orgasmo construyéndose como ola.

Marco acelera, gruñendo "¡Qué apretadita, wey!". Lupe te agarra el pelo, montando tu cara: "¡No pares, Ana, me vengo!". Su cuerpo tiembla, chorro caliente en tu boca, sabor intenso que te empuja al borde. Tú explotas primero: contracciones violentas, grito ahogado contra ella, piernas temblando. Marco sigue, profundo, hasta que se corre dentro, semen caliente inundándote, gimiendo tu nombre.

Colapsan los tres en un enredo sudoroso. El aire huele a sexo crudo: semen, jugos, sudor salado. Respiraciones agitadas se calman, corazones latiendo al unísono. Lupe te besa suave, "Eres increíble, carnala". Marco acaricia tu espalda, "Vuelve cuando quieras". Te sientes empoderada, llena, como si hubieras descubierto un fuego nuevo en ti.

En el afterglow, charlan del chat de tríos, riendo de lo rápido que pasó de palabras a esto. Te vistes con piernas flojas, pero el alma ligera. El Uber te lleva de regreso, la ciudad nocturna desfilando por la ventana. Sabes que no fue solo sexo: fue conexión, placer compartido, un secreto ardiente que guardarás con sonrisa pícara. Mañana, quizás entres al chat otra vez.

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