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Esposa Trio XXX La Pasión Desatada

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Esposa Trio XXX La Pasión Desatada

Todo empezó en esa noche calurosa de verano en nuestra casa en Polanco. Yo, Marco, llevaba años casado con Ana, mi morra preciosa, esa mujer de curvas perfectas que me volvía loco con solo una mirada. Teníamos treinta y tantos, una vida chida, con chamba estable y fines de semana de antro y tacos al pastor. Pero últimamente, en la cama, hablábamos de fantasías. "¿Y si probamos un trío, carnal?" me soltó ella una noche, mientras su mano bajaba por mi pecho. Su voz ronca, con ese acento chilango que me ponía la piel chinita.

Yo me quedé pasmado, pero la verga se me paró al instante. Esposa trio xxx, pensé, recordando esas pornovideos que veía a escondidas. "¿En serio, mi reina?" le pregunté, oliendo su perfume de vainilla mezclado con el sudor de nuestros cuerpos. Ella asintió, mordiéndose el labio, y me contó que siempre había soñado con dos hombres adorándola. Así que lo planeamos. Invitamos a Luis, un cuate del gym, alto, moreno, con ese cuerpo de pendejo que se la pasa levantando pesas. Le dijimos que era algo casual, todo con consentimiento, nada de dramas.

La noche llegó. Ana se puso un vestido negro ajustado que marcaba sus chichis grandes y su culo redondo. Yo serví tequilas en la sala, con luces tenues y música de reggaetón bajita. Luis llegó puntual, oliendo a colonia cara.

"¿Listos para la esposa trio xxx de mis sueños?"
bromeó él, y todos nos reímos nerviosos. El aire estaba cargado, como antes de una tormenta. Sentí mi corazón latiendo fuerte mientras Ana se sentaba entre nosotros en el sofá, su piel tibia rozando mis piernas.

El beso empezó suave. Ana volteó hacia mí primero, sus labios carnosos saboreando a tequila y deseo. Su lengua jugaba con la mía, y olía su aliento dulce. Luego, giró la cabeza hacia Luis. Yo vi cómo sus bocas se unían, húmedas y lentas. Chingado, qué caliente, pensé, mientras mi mano bajaba por su muslo. Ella gemía bajito, un sonido que me erizaba los vellos. Luis le acariciaba el cuello, y Ana arqueó la espalda, empujando sus tetas contra mi pecho.

La llevamos al cuarto. La cama king size nos esperaba, con sábanas de algodón fresco. Ana se quitó el vestido despacio, revelando un tanga rojo y nada más arriba. Sus pezones duros como piedras, rosados y perfectos. "Vengan, cabrones, háganme suya", dijo con voz juguetona, usando ese slang mexicano que nos excita tanto. Yo me desvestí rápido, mi verga tiesa apuntando al techo. Luis hizo lo mismo, y joder, el wey estaba bien dotado.

Empezamos besándola los dos. Yo en su boca, él en sus tetas. Sentí el sabor salado de su piel cuando lamí su ombligo, bajando hasta su chocha húmeda. Olía a excitación pura, ese aroma almizclado que me volvía loco. Ana jadeaba, "Sí, así, mis amores", mientras sus dedos se enredaban en mi pelo. Luis chupaba un pezón, y yo metí la lengua en su raja, saboreando sus jugos dulces como miel. Ella temblaba, sus muslos apretándome la cabeza.

La tensión subía como el calor en un sauna. Ana se arrodilló en la cama, nos miró con ojos de fuego.

"Quiero sus vergas, ahora"
. Tomó la mía primero, dura y palpitante, y la lamió desde la base hasta la punta. Su boca caliente, succionando con fuerza, me hizo gemir. Luego pasó a Luis, comparándonos juguetona. Esto es la esposa trio xxx real, pensé, viendo cómo se la mamaba con ganas. Yo le acariciaba el culo, metiendo un dedo en su ano apretado, lubricado por sus propios fluidos.

La puse de espaldas, yo atrás. Mi verga entró en su chocha resbalosa de un solo empujón. "¡Ay, carajo, qué rica!" grité, sintiendo sus paredes calientes apretándome. Luis se puso enfrente, y ella se la comió entera, ahogándose un poco pero sin parar. El cuarto olía a sexo: sudor, semen preeyaculatorio, su perfume mezclado. Los golpes de mi pelvis contra su culo resonaban, plaf plaf plaf, como tambores. Ana gemía con la boca llena, vibraciones que Luis sentía en su pija.

Cambiamos posiciones. Ahora Luis la cogía misionero, sus huevos peludos chocando contra ella. Yo me subí a su cara, y Ana me la chupó mientras él la taladraba. Sentí su lengua girando alrededor de mi glande, sus dientes rozando suave. Estoy al borde, pensé, viendo sus tetas rebotar con cada embestida. Luis sudaba, gruñendo "Qué chocha tan chida, Ana". Ella respondía con gorgoteos, perdida en el placer.

La intensidad crecía. La pusimos en cuatro, yo en su culo esta vez. Habíamos practicado anal antes, con lubricante de fresa que olía delicioso. Entré despacio, sintiendo su esfínter cediendo, apretado como un guante. "¡Sí, métemela toda, Marco!" chilló. Luis volvió a su boca, y la follamos al unísono. Sus gemidos eran música, altos y desesperados. El sudor nos chorreaba, pieles resbalosas chocando. Olía a lubricante, a coño mojado, a vergas calientes.

El clímax se acercaba. Ana temblaba entera, "Me vengo, cabrones, no paren". Su chocha se contrajo alrededor de la verga de Luis, y su culo me ordeñó. Yo no aguanté más, eyaculé profundo en su recto, chorros calientes que la hicieron gritar. Luis se corrió en su boca segundos después, semen espeso que ella tragó con gusto, lamiéndose los labios. Plaf, plaf, los últimos espasmos, y todos colapsamos en la cama, jadeantes.

El afterglow fue mágico. Ana entre nosotros, su piel pegajosa y tibia. Besos suaves, caricias perezosas.

"Eso fue la puta esposa trio xxx perfecta"
, susurró ella, riendo bajito. Luis nos abrazó un rato, luego se fue con una sonrisa y un "Gracias, carnales". Nosotros nos quedamos acurrucados, oliendo a sexo satisfecho. Sentí su corazón latiendo contra mi pecho, y supe que esto nos había unido más. Mi morra, mi reina, abierta a nuevas aventuras.

Al día siguiente, desayunando chilaquiles con el sol entrando por la ventana, hablamos de repetirlo. No hubo celos, solo risas y miradas pícaras. Esa noche cambió todo: la confianza, el deseo renovado. Ana me miró y dijo "Te amo, pendejo", y yo respondí con un beso. La esposa trio xxx no era solo porno; era nuestra realidad, consensuada y ardiente.

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