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Nerf Tri Strike Tres Golpes de Pasion

5778 palabras

Nerf Tri Strike Tres Golpes de Pasion

Era una tarde calurosa en el depa de la colonia Roma, con el sol colándose por las cortinas entreabiertas y el aire cargado de ese olor a ciudad vibrante, mezclado con el aroma fresco de las chelas que acabábamos de abrir. Mi carnal, Alex, y yo llevábamos rato planeando esto: una guerra de Nerf Tri Strike para desquitarnos del estrés del pinche trabajo. Los dos éramos adultos consentidores, con ganas de jugar como niños pero con fuego en la sangre. Él, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me hacía mojarme nomás de verlo, cargaba su Nerf Tri Strike como si fuera un arma de verdad. Yo, con mi shortcito ajustado y una blusita que apenas tapaba mis chichis, le guiñé el ojo.

Órale, cabrón, prepárate porque te voy a dar en el tres veces, pensé mientras ajustaba el mío, ese chingón blaster con sus tres modos de ataque: dardos suaves, flechas potentes y misiles que retumban. El plástico negro brillaba bajo la luz, y el clic del cargador me erizó la piel. Empezamos en la sala, riéndonos como pendejos, el corazón latiéndome fuerte contra las costillas.

¡Pum! El primer dardo voló de mi Nerf Tri Strike directo a su pecho. Él se rió, ese sonido grave que me vibra en el ombligo, y contraatacó. Su dardo me rozó el muslo, suave como una caricia prohibida.

¡Ya valió, ahora te quito la blusa si me das!
gritó, y yo corrí hacia la cocina, sintiendo el aire fresco en las piernas, el sudor empezando a perlar mi espalda. El olor a limón de la fregadera se mezclaba con mi excitación, ese calor húmedo entre las piernas que ya no podía ignorar.

La persecución escaló. En el pasillo, activé el modo flecha. ¡Zas! Le di en el abdomen, justo donde su playera se pegaba al sudor. Él jadeó, fingiendo dolor, pero sus ojos brillaban con deseo puro. Pinche rica, ven pa'cá, murmuró, y me acorraló contra la pared. Su aliento caliente en mi cuello, oliendo a chela y hombre, mientras su mano rozaba mi cadera. El segundo strike suyo fue con flecha, directo a mi short, y en el juego acordado, me lo bajé despacio, quedando en tanguita. Mi piel ardía al contacto del aire, pezones endurecidos contra la blusa delgada. Lo empujé juguetona, ¡Aún no me atrapas, pendejo! y corrí al cuarto.

Ahí, en la recámara con la cama king size revuelta y el ventilador zumbando, la tensión se volvió espesa como miel. El olor a sábanas limpias y nuestro sudor se fundía. Él cargó el modo misil en su Nerf Tri Strike, el más cabrón, y disparó. ¡Boom! El misil grande rebotó en la puerta, pero yo ya estaba lista. Le até las manos con una bufanda suave que teníamos lista, riendo bajito. Su piel morena bajo mis dedos, cálida, salada al gusto cuando la lamí. Lo desvestí lento, saboreando cada centímetro: su pecho ancho, el vientre firme, y esa verga ya dura, palpitando como un corazón salvaje. La toqué con la punta fría del Nerf Tri Strike, trazando líneas sobre su piel, y él gimió,

¡Chíngame, amor, no mames!

El juego ya no era de dardos. Lo liberé y caímos en la cama, cuerpos enredados. Mis tetas contra su torso, el roce áspero de su vello en mi piel suave. Lo besé con hambre, lengua danzando con la suya, gusto a cerveza y deseo. Bajé la mano, agarré su verga gruesa, venosa, tan caliente que quemaba. La apreté rítmica, oyendo sus jadeos roncos, mientras él metía dedos en mi panocha empapada. ¡Ay, cabrón, qué chingón se siente! El jugo chorreaba, olor almizclado llenando el cuarto, pulso acelerado en mi clítoris hinchado.

Gradual, como el strike perfecto, él me volteó bocabajo. Sus manos amasaron mis nalgas, separándolas, y sentí su lengua ahí, lamiendo mi ano y bajando a la concha. Gemí fuerte, mordiendo la almohada, el sabor salado de mi propia piel en los labios cuando volteé a verlo. Primero strike: se hincó y metió su verga despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El sonido húmedo de la fricción, slap-slap contra mi culo, me volvía loca. Empujaba suave al inicio, construyendo, mis paredes apretándolo como guante. ¡Más, pendejo, dame el tri strike completo!

El ritmo creció, sudor goteando de su frente a mi espalda, mezclándose. Volteamos, yo encima ahora, cabalgándolo como reina. Mis chichis rebotaban, él las chupaba, mordisqueando pezones hasta doler rico. Segundo strike: más profundo, sus caderas golpeando las mías, clítoris frotando su pubis rasposo. El aire olía a sexo puro, gemidos nuestros como música sucia. Sentí el orgasmo venir, oleadas calientes en el vientre, y exploté gritando,

¡Sí, chingón, así!
Mi concha contrayéndose alrededor de su verga, jugos empapando las sábanas.

Pero faltaba el tercero, el misil final. Me puso de ladito, pierna arriba, y embistió con furia consentida. Cada golpe un trueno en mi cuerpo, su verga hinchándose más, bolas pesadas chocando. Yo clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas, gusto a sangre leve en mi boca cuando lo besé. El clímax se acumulaba, como cargar el Nerf Tri Strike al máximo. Él gruñó, ¡Me vengo, amor! y sentí su leche caliente llenándome, disparos dentro, mientras yo llegaba otra vez, temblores en piernas, vista nublada de placer.

Nos quedamos jadeando, enredados, el ventilador secando el sudor pegajoso. Su mano en mi pelo, besos suaves en la frente. El Nerf Tri Strike tirado en el suelo, testigo mudo de nuestro juego. Pinche cabrón, qué chido fue eso, pensé, sonriendo contra su pecho. Afuera, la ciudad seguía su rollo, pero nosotros, en nuestro mundo, éramos invencibles, con el eco de tres strikes perfectos latiendo aún en la piel.

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