Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Las Mejores Canciones de Trio para una Noche de Fuego Las Mejores Canciones de Trio para una Noche de Fuego

Las Mejores Canciones de Trio para una Noche de Fuego

5471 palabras

Las Mejores Canciones de Trio para una Noche de Fuego

Era una noche de esas en la Ciudad de México que te envuelve con su calor pegajoso y el bullicio lejano de los carros en Insurgentes. Mi departamento en la Condesa olía a tequila reposado y a las velas de vainilla que acababa de encender. Alex, mi carnal de tantos años, y yo nos mirábamos con esa complicidad que solo nace de noches locas y promesas susurradas. Pero esta vez no estábamos solos. Llegó Lupe, la mejor amiga de Alex desde la uni, con su risa escandalosa y ese cuerpo que parecía hecho para pecar.

¿Por qué carajos invité a Lupe? me pregunté mientras servía los shots. Todo empezó como un chiste la semana pasada, platicando de fantasías. "Un trío, ¿por qué no?", dijo Alex con esa sonrisa pícara. Lupe, que andaba soltera y con ganas de aventura, mordió el anzuelo. Órale, esto va a estar chido, pensé, sintiendo ya el cosquilleo en la piel.

La playlist empezó a sonar desde el Bluetooth del o speaker. "Las mejores canciones de Trío", la había armado Alex esa tarde. La voz nasal de Ultratra, el güey de Trío, llenó el aire con Romantic: "Yo te quiero y tú me quieres...". Lupe se rio, meneando las caderas al ritmo. "¡Estas rolas son lo máximo para un trío de verdad!", soltó ella, guiñándome el ojo. Bailamos los tres, pegaditos, el sudor empezando a perlar nuestras frentes. El aroma de su perfume mezclado con el mío, dulce y almizclado, me mareaba.

El ritmo subió con La niña de la puerta vecina. Alex me jaló por la cintura, su mano grande y cálida deslizándose bajo mi blusa corta. Sentí su aliento caliente en mi cuello, oliendo a tequila y deseo. Lupe se acercó por detrás, sus tetas rozando mi espalda.

"¿Listos para lo bueno?", murmuró ella, su voz ronca como el saxofón de la canción.
Mi corazón latía a mil, un tambor que competía con la música. No mames, esto es real, pensé, mientras mis pezones se endurecían contra el encaje de mi bra.

Nos movíamos como uno solo, las luces tenues pintando sombras en sus cuerpos. Toqué el brazo de Lupe, suave como seda, y bajé la mano hasta su nalga firme. Ella gimió bajito, un sonido que vibró en mi clítoris. Alex nos besó a las dos, alternando bocas húmedas y lenguas ansiosas. Saboreé su saliva salada, mezclada con el gloss de cereza de Lupe. El calor entre mis piernas crecía, mi tanga ya empapada.

Acto dos: la cosa se pone intensa. Apagamos la luz principal, solo quedando el resplandor anaranjado de las velas. La canción cambió a Piel de ángel, perfecta para lo que venía. Nos tumbamos en la cama king size, las sábanas frescas contra mi piel ardiente. Alex se quitó la playera, mostrando ese pecho velludo que tanto me gusta lamer. Lupe lo montó a horcajadas, frotándose contra su entrepierna dura como piedra.

Yo observaba, mordiéndome el labio, el olor a sexo empezando a impregnar el cuarto: almizcle femenino, sudor masculino, todo mezclado. Quiero probarla, confesé en mi mente. Me acerqué gateando, besando el vientre de Lupe mientras ella gemía. Sus manos en mi pelo, jalándome suave. "Qué rica eres, pinche nena", susurró ella con acento chilango puro.

Alex nos miró con ojos de lobo hambriento. "Vengan, mis reinas". Le bajé el pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La lamí desde la base, saboreando el precum salado. Lupe se unió, nuestras lenguas chocando sobre su glande. Él gruñó, un sonido animal que me puso los ovarios de cabeza. La música seguía: Triste primavera, irónica para el fuego que nos consumía.

Lupe se recostó, abriendo las piernas. Su concha depilada brillaba, hinchada de ganas. Me tiré de cabeza, inhalando su aroma dulce y ácido. Mi lengua exploró sus labios mayores, chupando el clítoris como un dulce. Ella arqueó la espalda, clavándome las uñas. "¡Ay, cabrona, no pares!". Alex se posicionó detrás de mí, frotando su pija contra mi culo. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estiramiento delicioso me hizo gritar contra la piel de Lupe.

El ritmo de la playlist dictaba el nuestro. Con María, embestidas profundas, sincronizadas. Sentía a Alex palpitar dentro, sus bolas golpeando mi clítoris con cada thrust. Lupe se corrió primero, un chorro caliente en mi boca, su cuerpo temblando como hoja. Sabe a gloria, pensé, lamiendo cada gota. Alex aceleró, gruñendo "Me vengo, chingadas". Se salió y nos pintó las tetas con su leche espesa, caliente.

Yo aún no. Me subí encima de Lupe, tribbing como locas, nuestras conchas resbalosas chocando. Alex nos masturbaba, dedos expertos en nuestros anos. La fricción era eléctrica, piel contra piel, jugos mezclándose. El clímax me golpeó como un rayo: olas de placer desde el útero hasta la punta de los dedos, gritando "¡Sí, pinches cabrones!". Colapsamos, jadeantes, la canción final Amor a distancia sonando suave.

En el afterglow, nos acurrucamos. El olor a sexo y sudor nos envolvía como manta. Alex besó mi frente, Lupe mi hombro.

"Las mejores canciones de Trío para el mejor trío de mi vida", dijo él riendo.
Reímos los tres, exhaustos pero felices. Mañana sería otro pedo, pero esta noche, éramos dioses del placer. El corazón aún acelerado, la piel erizada, supe que esto nos uniría más. Qué chingón es compartir el fuego.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.