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Tríos Caseros Dos Mujeres Un Hombre Ardientes

7656 palabras

Tríos Caseros Dos Mujeres Un Hombre Ardientes

Era una noche calurosa en el DF, de esas que te pegan el cuerpo a la sábana y te hacen sudar hasta el alma. Yo, Alex, acababa de mudarme a un depa chido en la Condesa con mi carnala mayor, Laura, y su amiga inseparable, Sofía. Las dos eran unas morras de veintitantos, con curvas que volvían loco a cualquiera. Laura, con su pelo negro largo y ojos que te desnudan de un jalón, y Sofía, rubia teñida, tetas firmes y un culo que no paraba de menearse. Vivir con ellas era como un sueño húmedo constante, pero hasta esa noche no había pasado de fantasías.

Estábamos en la sala, con el ventilador zumbando como loco y unas chelas frías en la mano. Habíamos visto una peli de esas tontas, pero el ambiente ya estaba cargado. Laura se recargaba en mi hombro, su piel tibia rozando la mía, oliendo a vainilla y algo más, un aroma dulzón que me ponía la verga dura al instante. Sofía, sentada en el suelo con las piernas cruzadas, reía de todo, su blusa escotada dejando ver el borde de su brasier negro.

¿Qué chingados estoy pensando? Son mis roomies, wey. Pero neta, si supieran las veces que me he pajeado pensando en un trío casero dos mujeres un hombre...

De repente, Sofía sacó su cel y empezó a buscar algo. "¡Órale, miren esto!" dijo, mostrándonos un video. Era uno de esos tríos caseros dos mujeres un hombre, grabado en una casa normalita, con gemidos que retumbaban en los bocinas. Las dos se rieron nerviosas, pero yo vi el brillo en sus ojos. Laura se mordió el labio, y Sofía se acercó más, su mano rozando mi muslo por "accidente". El calor subió de golpe, no solo por el bochorno.

La peli terminó, pero nadie se movió. "¿Y si lo intentamos?" soltó Sofía de la nada, con esa voz ronca que me erizaba la piel. Laura la miró, sorprendida, pero no dijo que no. En cambio, se giró hacia mí, su aliento cálido en mi cuello. "¿Tú qué dices, carnal? ¿Te late un trío casero aquí mismo?" Mi corazón latió como tamborazo en una fiesta de pueblo. Asentí, la garganta seca, mientras ellas se miraban cómplices.

Empezó todo lento, como un fuego que se aviva poquito a poquito. Sofía se paró y se quitó la blusa, dejando ver esas chichotas perfectas, pezones rosados endureciéndose al aire. Laura me jaló hacia ella, besándome con hambre, su lengua saboreando a cerveza y deseo. Sus labios eran suaves, mullidos, y olían a menta fresca. Mis manos temblaban al tocar su cintura, bajando hasta su short, sintiendo el calor que salía de entre sus piernas.

Esto es real, pendejo. No es un sueño ni un video de internet. Sofía se unió, presionando su cuerpo contra mi espalda, sus tetas aplastándose contra mí mientras me besaba el cuello. Mordisqueaba suave, enviando chispas por mi espina. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la sala, mezclado con el zumbido del ventilador y el tráfico lejano de la avenida.

Nos movimos al sillón grande, un mar de cojines desordenados. Laura se sentó a horcajadas sobre mí, frotando su concha contra mi verga endurecida a través de la mezclilla. "Ya estás listo, ¿verdad, wey?" murmuró, mientras Sofía se arrodillaba y me desabrochaba el cinturón. El zipper bajó con un sonido metálico que me puso los nervios de punta. Ella sacó mi verga, dura como piedra, y la miró con ojos brillantes. "Mmm, qué rica. Dos mujeres para este hombre."

El primer toque de su boca fue eléctrico. Sofía lamió la punta despacio, saboreando el precum salado, su lengua caliente y húmeda girando como un remolino. Laura gemía bajito, moviéndose más rápido, su humedad empapando mis pantalones. Olía a sexo, a sudor dulce y feromonas que me nublaban la mente. Cambiaron posiciones: Laura bajó y chupó mis huevos, succionando suave, mientras Sofía montaba mi cara, su concha rasurada presionando contra mi boca.

Sabía a miel y sal, jugosa, con labios hinchados que palpitaban. La lamí con ganas, hundiendo la lengua en su entrada, escuchando sus ay wey, sí así ahogados. Sus jugos me corrían por la barbilla, calientes y viscosos. Laura no se quedaba atrás; su boca subía y bajaba por mi tronco, garganta profunda que me hacía arquear la espalda. El tacto de sus gargantas, apretadas y resbalosas, era puro paraíso.

La tensión crecía como tormenta en el desierto. Querían más. "A la recámara, cabrones" dijo Laura, jalándonos. El pasillo olía a incienso de la mañana, piso fresco bajo nuestros pies desnudos. En la cama king size, se desvistieron del todo. Laura tenía un tatuaje de rosa en la cadera, Sofía un piercing en el ombligo que brillaba. Sus cuerpos brillaban de sudor, piel morena y clara contrastando con las sábanas blancas.

Yo en el medio, como rey. Sofía se recostó primero, abriendo las piernas. "Cógeme primero, Alex." Me puse encima, frotando mi verga contra su raja húmeda. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes apretándome como guante. Qué chingón, tan caliente y mojada. Empecé a bombear, el slap-slap de piel contra piel resonando, sus tetas rebotando con cada embestida. Laura se masturbaba al lado, dedos hundidos en su coño, gimiendo "más duro, pendejo".

Cambié a Laura, que ya estaba arqueada de deseo. Su concha era más apretada, tragándome entero con un jadeo. Sofía se acercó, besando a Laura mientras yo la taladraba. Sus lenguas se enredaban, saliva brillando, pechos rozándose. El olor a sexo era espeso, almizclado, mezclado con su perfume. Sudor goteaba de mi frente al lomo de Laura, resbaloso y salado.

Neta, esto es mejor que cualquier trío casero dos mujeres un hombre que haya visto. Estas morras me están volviendo loco.

La intensidad subió. Posiciones locas: yo de rodillas, una chupándome la verga mientras la otra me lamía el culo. Luego, Sofía encima, cabalgándome reverse cowgirl, su culo redondo subiendo y bajando, cachetes aplastándose contra mis muslos. Laura se sentó en mi cara otra vez, moliendo su clítoris contra mi nariz. Gemían en coro, "¡Sí, cabrón! ¡No pares!" Mis bolas se tensaban, el orgasmo acechando como lobo.

Pero aguanté, queriendo que ellas llegaran primero. Sofía se corrió con un grito ronco, su concha contrayéndose alrededor de mi verga, chorros calientes empapando las sábanas. Tiembla toda, wey, se siente como terciopelo apretado. Laura la siguió, su jugo inundando mi boca, dulce y ácido, cuerpo convulsionando mientras me arañaba la espalda.

Ya no pude más. "Me vengo, chingadas" avisé. Ellas se arrodillaron, bocas abiertas. Saqué la verga palpitante y exploté, chorros espesos de leche caliente salpicando sus lenguas, caras, tetas. Saborearon, lamiéndose mutuamente, riendo entre jadeos. El sabor salado en sus labios, el olor a semen fresco flotando.

Caímos exhaustos, un enredo de cuerpos sudorosos y satisfechos. El ventilador secaba el sudor de nuestra piel, pulsos latiendo al unísono. Laura me besó suave, "Eso estuvo de lujo, carnal." Sofía acurrucada al otro lado, mano en mi pecho. Esto no fue solo sexo; fue conexión, pura química mexicana.

Nos quedamos así, platicando pendejadas, riendo del video que lo empezó todo. Sabíamos que habría más noches así, tríos caseros dos mujeres un hombre en nuestro depa, sin cámaras ni prisas. El amanecer pintaba la ventana de rosa, y por primera vez, el calor no molestaba. Era perfecto.

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