Try Catch Caliente en Java Netbeans
Estaba hasta la madre con este pinche código. Era una noche de esas en mi depa en la Roma Norte, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Yo, Ana, programadora freelance de veintiocho pirulos, sentada frente a mi laptop con Netbeans abierto, peleándome con un try catch en Java que no jalaba ni madres. ¿Por qué chingados esta excepción no se atrapa? me decía en la cabeza mientras tecleaba furiosa, el teclado haciendo clac clac clac como si me estuviera respondiendo a gritos.
El cuarto estaba iluminado solo por la pantalla, que parpadeaba con líneas de código verde y rojo. Sudaba un poco, no por el calor —el AC estaba al tope— sino por la frustración. Mi blusa pegada a la piel, el brasier marcando mis chichis, y las piernas abiertas bajo el escritorio, con unos shorts cortitos que apenas cubrían mis nalgas. Neta, necesitaba un desahogo. Hacía semanas que no cogía, y esta noche el estrés del deadline me tenía al borde.
De repente, mi cel vibra. Era Diego, mi carnal del gym y compañero de la uni, el wey que siempre me sacaba de quicio con sus bromas pendejas pero que me ponía caliente con solo verlo. "Órale, Ana, ¿sigues batallando con ese Java? Voy pa'llá con unas chelas y te echo la mano", decía su voz grave al otro lado. Sonreí, sintiendo un cosquilleo en el estómago.
Simón, ven, pendejo, a ver si tu try catch funciona mejor que el mío.Le contesté coqueta, sin pensarlo dos veces.
Media hora después, la puerta se abrió con llave —le había dado una copia por si las dudas—. Entró Diego, alto, moreno, con playera ajustada que marcaba sus pectorales y unos jeans que le quedaban pintados en las piernas musculosas. Traía una six de Indio y ese olor suyo a jabón mezclado con sudor fresco del gym. "¡Ey, morra! ¿Qué onda con tu try catch en Java Netbeans? Enséñame", dijo riendo, dejando las chelas en la mesa y sentándose a mi lado, tan cerca que su muslo rozó el mío.
El roce fue eléctrico. Su piel cálida contra la mía, y olía a hombre, a deseo reprimido. Le expliqué el pedo: el try catch no estaba manejando la NullPointerException como debía en ese método de la app que estábamos desarrollando para un cliente en Polanco. Él se inclinó sobre mi hombro, su aliento caliente en mi cuello, mientras sus dedos tomaban el mouse. "Mira, Ana, aquí está el truco. En Netbeans, pones el try así, y el catch agarra la excepción. Fíjate cómo fluye". Sus dedos volaban por el teclado, y cada vez que se movía, su brazo rozaba mi teta, enviando chispas directo a mi panocha.
Acto uno del deseo: la tensión inicial. Yo sentía mi corazón latiendo fuerte, el pulso en las sienes, y entre las piernas un calor húmedo que me hacía apretar los muslos. Él lo notaba, lo juro, porque su voz se ponía más ronca. "Neta, Ana, eres una chingona con Java, pero este try catch te tenía atrapada, ¿no?". Me volteó a ver, sus ojos cafés clavados en los míos, y sonrió con esa dentadura perfecta. Extendí la mano para tomar mi chela, pero la derramé un chorrito sobre su playera. "¡Ay, wey, perdón!", dije riendo nerviosa, pero en vez de limpiarlo, puse mi mano en su pecho, sintiendo el calor de su piel bajo la tela mojada.
Él no se movió. En cambio, cubrió mi mano con la suya, grande y áspera por el gym. "No hay pedo, morra. Mejor quítamela". Su voz era un susurro, y el aire se cargó de electricidad. El olor a cerveza mezclada con su aroma masculino me mareaba. Lentamente, levanté el borde de su playera, revelando su abdomen marcado, esos cuadritos que me daban antojo de lamerlos. La tela subió, y él se la quitó de un jalón, quedando en pecho desnudo. Su piel brillaba bajo la luz de la pantalla, con vellos oscuros bajando hasta su ombligo.
Acto dos: la escalada. Nos quedamos mirándonos, el código olvidado en pausa. Mi mano subió por su pecho, sintiendo los músculos tensos, el latido acelerado de su corazón. "Diego, ¿qué hacemos?", murmuré, pero ya sabía la respuesta. Él se acercó, su boca a centímetros de la mía, y rozó mis labios con los suyos, suave al principio, probando. Sabían a chela fría y a menta. Gemí bajito, abriendo la boca para su lengua, que invadió caliente y juguetona.
Me levantó en volada, sentándome en el escritorio, papeles y mouse volando. Sus manos en mis muslos, abriéndolos, el roce de sus callos en mi piel suave me erizaba el alma. "Ana, neta te deseo desde la uni", confesó con la voz entrecortada, mientras besaba mi cuello, chupando la piel hasta dejarme una marca. Olía a su sudor ahora, mezclado con mi perfume de vainilla. Bajó mi blusa, liberando mis chichis, y las tomó en sus manos grandes, masajeándolas, pellizcando los pezones duros como piedras.
¡Qué rico, pendejo! No pares...Pensé, arqueándome contra él. Le desabroché el cinto, bajando el zipper con dedos temblorosos. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, apuntando al techo. La tomé en la mano, sintiendo su calor palpitante, la piel sedosa sobre el acero duro. "¡Órale, Diego, qué mamalona!", dije riendo, masturbándolo lento mientras él gemía en mi oído, su aliento caliente.
La intensidad subía. Me quitó los shorts y la tanga de un tirón, exponiendo mi panocha empapada, los labios hinchados brillando de jugos. Metió dos dedos, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chapoteante de mi humedad, mis jadeos, el clac del teclado de fondo —todo era sinfonía de lujuria. "Estás chingada de mojada, morra", gruñó, lamiendo sus dedos con cara de vicio. Yo lo empujé contra la silla, montándome a horcajadas, frotando mi concha contra su verga, lubricándola con mis jugos.
Gradual, como un buen algoritmo: besos en el pecho, lamiendo sus tetas, bajando hasta su pubis, oliendo su masculinidad almizclada. Lo chupé, tragándomela hasta la garganta, sintiendo cómo latía en mi boca, sus manos en mi pelo guiándome. "¡Ay, Ana, qué rica boca!". Luego él me tumbó en el escritorio, abriéndome las piernas, y hundió la cara entre mis muslos. Su lengua en mi clítoris, chupando, lamiendo, metiendo dedos mientras yo gritaba, las uñas clavadas en su cabeza. El olor a sexo llenaba el cuarto, salado y dulce.
El clímax se acercaba. "Cógeme ya, wey", supliqué. Se paró, alineó su verga y empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ¡Qué lleno me siento! Gemí al sentirlo todo adentro, sus bolas contra mi culo. Empezó a bombear, primero suave, luego fuerte, el escritorio crujiendo, nuestros cuerpos chocando con palmadas húmedas. Sudor goteando, pechos rebotando, sus manos en mis caderas marcándome. "¡Más duro, Diego! ¡Try catch mi clítoris!", bromeé entre gemidos, recordando el código, y él rio, acelerando.
Acto tres: la liberación. El orgasmo me pegó como excepción no manejada, ondas de placer desde el útero hasta la punta de los dedos, gritando su nombre mientras mi concha lo ordeñaba. Él se vino segundos después, gruñendo, llenándome de chorros calientes que sentía resbalar adentro. Colapsamos juntos, jadeando, su peso sobre mí reconfortante, piel contra piel pegajosa de sudor.
Después, el afterglow. Nos quedamos abrazados en la silla, él todavía semiduro adentro de mí, besándonos suaves. El Netbeans seguía abierto, el try catch ahora perfecto —Diego lo había arreglado en un dos por tres. "Ves, morra, a veces solo hay que soltar la excepción para que fluya", dijo guiñando, y reímos. Olía a sexo, a nosotros, y el corazón me latía tranquilo por primera vez en días.
Quién iba a decir que un try catch en Java Netbeans nos uniría así. Neta, esto apenas empieza.Pensé, acurrucándome en su pecho, sabiendo que el código y el deseo iban de la mano.