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Tríos de Sexo Rico

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Tríos de Sexo Rico

La noche en nuestro depa de la Condesa estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te estuviera acariciando. Yo, Ana, acababa de salir de la regadera, con el cabello todavía húmedo goteando sobre mis hombros desnudos, envuelta en una bata de seda que apenas tapaba lo necesario. Mi novio, Alex, estaba en la sala, sirviendo tequilas en vasos helados, el sonido de los hielos chocando como un preludio a lo que vendría. Habíamos platicado de esto por semanas, esa fantasía que nos ponía a los dos como perros en celo: tríos de sexo rico, con alguien que conociéramos, alguien en quien confiáramos al cien.

¿Y si sale mal? ¿Y si Marco se pone celoso o yo me arrepiento?
pensé mientras me miraba en el espejo del pasillo, ajustándome la bata para que dejara ver un poco de escote. Pero la neta, la idea me tenía el chocho palpitando desde la mañana. Alex y yo llevábamos dos años juntos, y aunque la cama ardía, queríamos algo nuevo, algo que nos uniera más.

El timbre sonó, y Alex abrió la puerta con esa sonrisa pícara que me derrite. Ahí estaba Marco, su carnal desde la uni, alto, moreno, con esa barba recortada y ojos que te desnudan sin esfuerzo. Traía una botella de Don Julio en la mano y una playera ajustada que marcaba sus pectorales. Órale, wey, dijo Alex dándole un abrazo de esos de hombres que se quieren. Marco me vio y silbó bajito: Neta, Ana, estás para comerte viva. Reí, sintiendo el primer cosquilleo en el estómago, mientras el olor a su colonia fresca invadía la sala.

Nos sentamos en el sofá de piel, que crujía bajo nuestro peso, con música de Natalia Lafourcade de fondo, suave y sensual. Los tequilas bajaban suaves, quemando la garganta y soltando las lenguas. Hablamos de todo y nada, hasta que Alex soltó la bomba: Ya sabes de qué va esto, carnal. Queremos probar un trío de sexo rico, contigo. Marco nos miró, serio un segundo, y luego sonrió: ¿Están seguros? Porque si entramos, no hay marcha atrás. Asentí, mi corazón latiendo como tambor, y puse mi mano en su muslo, sintiendo el calor de su piel a través del pantalón.

El primer beso fue entre Alex y yo, para romper el hielo, nuestros labios chocando con hambre acumulada, su lengua saboreando el tequila en mi boca. Marco nos veía, y vi cómo se acomodaba la verga en los jeans. Me separé de Alex y me volteé hacia él, rozando su cuello con los labios, oliendo su sudor ligero mezclado con la colonia. Ven, guapo, le susurré, y él me jaló hacia su regazo, besándome con fuerza, sus manos grandes abriendo mi bata de un tirón.

Acto uno cerrado, la tensión crecía como una tormenta. Mis pezones se endurecieron al aire fresco de la AC, y sentí sus dedos trazando mi espalda, bajando hasta mis nalgas, apretándolas con ganas. Alex se acercó por detrás, besando mi cuello, sus manos uniéndose a las de Marco en mi piel. Estás riquísima, mi amor, murmuró Alex al oído, mientras Marco chupaba mi teta izquierda, la lengua girando alrededor del pezón, enviando chispas directo a mi entrepierna.

Esto es real, carajo. Dos hombres tocándome, deseándome. Me siento como una diosa
, pensé, mientras el aroma de nuestra excitación empezaba a llenar la habitación, ese olor almizclado y dulce que enloquece.

Pasamos al cuarto, el colchón king size esperándonos como un altar. Me recosté, abriendo las piernas despacio, invitándolos. Alex se quitó la ropa primero, su verga parada y gruesa saltando libre, venosa y lista. Marco lo siguió, la suya más larga, curvada justo para tocar ese punto que me hace gritar. Se arrodillaron a mis lados, besando mi cuerpo desde los pies hasta el ombligo. Sentí sus lenguas calientes lamiendo mis muslos internos, el roce de sus barbas raspando mi piel sensible, haciendo que me arqueara.

Alex llegó primero a mi concha, separando los labios con los dedos, soplando aire fresco antes de meter la lengua. Estás empapada, nena, dijo, y yo gemí cuando su boca me cubrió, chupando mi clítoris con succiones rítmicas. Marco se subió a mi pecho, metiéndome su verga en la boca. La saboreé, salada y cálida, girando la lengua alrededor del glande mientras él jadeaba: ¡Qué chido chupas, Ana! El sonido de su saliva goteando, mis gemidos ahogados, el slurp de Alex entre mis piernas... todo se mezclaba en una sinfonía de placer.

La intensidad subía. Cambiamos posiciones; yo encima de Alex, su verga hundiéndose en mí de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué rica estás! gruñó él, sus caderas subiendo para clavármela más profundo. Marco se paró detrás, untando lubricante en mi ano, masajeando con un dedo primero, luego dos, abriéndome despacio.

Duele un poquito, pero qué rico duele. Quiero sentirlos a los dos adentro
, me dije, empujando hacia atrás.

Entró con cuidado, centímetro a centímetro, su verga estirándome mientras Alex me follaba la concha. El dolor se convirtió en éxtasis puro, sus pollas rozándose separadas solo por una delgada pared de carne. Sudábamos a chorros, el olor a sexo crudo impregnando las sábanas, sus cuerpos pegajosos contra el mío. Gemían al unísono: ¡Trío de sexo rico, wey! ¡No pares! Yo gritaba, mis uñas clavándose en los hombros de Alex, el placer acumulándose como una ola gigante en mi vientre.

Escalamos más. Me pusieron en cuatro, Alex en mi boca, Marco embistiéndome por atrás con fuerza, sus bolas golpeando mi clítoris. El ritmo era brutal, perfecto, sus manos en mis caderas, jalándome como si fuera suya. Sentía cada vena, cada pulso, el calor de su semen acercándose. Vente conmigo, amor, le dije a Alex, y él explotó primero, llenándome la garganta con chorros calientes y espesos que tragué ansiosa, el sabor amargo y adictivo.

Marco aceleró, sus embestidas salvajes, y yo me corrí primero, un orgasmo que me sacudió entera, mis paredes contrayéndose alrededor de nada porque Alex ya había salido, pero el eco me hacía temblar. ¡Me vengo, pinche rica! rugió Marco, y sentí su leche caliente inundando mi culo, goteando por mis muslos mientras colapsábamos los tres en un enredo de piernas y brazos.

El afterglow fue dulce, como miel tibia. Nos quedamos tirados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco, el ventilador zumbando sobre nosotros secando el sudor. Alex me besó la frente, Marco mi mano, y reímos bajito, exhaustos pero felices. Esto fue lo mejor, carnal, dijo Alex, y Marco asintió: Tríos de sexo rico como este, hay que repetirlos. Yo sonreí, sintiendo su semen secándose en mi piel, un recordatorio tangible de la conexión que acabábamos de forjar.

Nunca me había sentido tan plena, tan deseada. Esto no rompió nada; lo fortaleció todo
. La noche terminó con más tequilas y promesas de más aventuras, el amanecer tiñendo las cortinas de rosa mientras nos dormíamos abrazados, oliendo a sexo y a nosotros mismos.

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